Rumbo al suicidio educativo

El Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) es el organismo que sigue la evolución de la enseñanza pública

El Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) es el organismo estatal a cargo de seguirle los pasos a la evolución de la enseñanza pública. Sus conclusiones representan, en consecuencia, una insoslayable opinión oficial sobre cómo marcha la formación de niños y jóvenes en Uruguay. Y esa opinión es que el desastre actual equivale a un suicidio en un área en que se juega el futuro del país. El Ineed presentó hace poco el informe Trayectorias Educativas en la Educación Media. PISA-L 2009-2014, que fue acompañado por una alarmante evaluación precisa del director ejecutivo del organismo, Mariano Palamidessi, ampliada en declaraciones a El Observador. El jerarca es un técnico argentino de reputación internacional, con doctorados en el área educativa en su país y en Brasil y consultor de Naciones Unidas, que llegó a su cargo actual por concurso.

Palamidessi detalló el estado de devastación en que ha caído la educación pública uruguaya. Señaló que apenas 6% de los estudiantes de secundaria que participaron de las últimas pruebas internacionales PISA, en las que Uruguay salió mal parado, completó después el bachillerato y que el “retraso en la trayectoria previa prácticamente cancela las posibilidades de terminar educación media”. Sobre la formación en primaria, que muchos otros técnicos también han denunciado como insuficiente para preparar a los niños para el ingreso al liceo, dijo que “gran parte de los estudiantes de primaria van a clase cuatro horas” por día, igual que hace 120 años e ignorando la drástica evolución de las exigencias educativas en todo el mundo. Como es imposible que en ese tiempo un niño aprenda lo que necesita, Palamidessi enfatizó que “necesariamente tenemos que ir a (las escuelas de) tiempo completo”. Esta forma idónea de formación escolar es lo único que los gobiernos del Frente Amplio retuvieron de la reforma Rama y se comprometieron a intensificar. Como tantas promesas gubernamentales, las metas anunciadas de expansión de las escuelas de tiempo completo siguen atascadas.

Su fallo sobre la educación secundaria fue lapidario. Dijo que la “tasa de mejora muy leve en materia de egreso del ciclo básico y bachillerato para el país es un suicidio”. Explicó que es un suicidio porque si un país pequeño como Uruguay “quiere formar parte de una sociedad integrada, democrática y que ofrezca oportunidades a las personas” tiene que “apostar a la educación y al conocimiento. Que el 60% de la población no complete educación media es un bloqueo político, económico y cultural hacia el futuro”.

Palamidessi coincidió con los muchos expertos que señalan desde hace años la necesidad de reformar el sistema educativo público para ponerlo a rueda de lo que hacen países más atentos a las exigencias del siglo XXI. Incluso los dos últimos presidentes frenteamplistas, José Mujica y Tabaré Vázquez, programaron reformas razonables al inicio de sus períodos de gobierno. Pero la enceguecida oposición de los sindicatos docentes y la incompetencia de las sucesivas autoridades de ANEP le torcieron la mano primero a Mujica y ahora a Vázquez, condenando a la educación pública a seguir hundida en un pavoroso estancamiento. Ganará el país si tanto el gobierno como quienes dirigen ANEP y sus consejos absorben las conclusiones de su propio organismo de evaluación y reaccionan a tiempo, antes de que el mundo nos pase de largo.


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