Rumbo para el Frente Amplio

Muchas cosas mejorarían si el Frente Amplio le hace algo de caso a Gonzalo Mujica.

El alejamiento del diputado Gonzalo Mujica del Frente Amplio implica más que la pérdida de mayoría automática en la Cámara de Diputados. Su posición en temas claves es un sonoro despertador para que la alianza de izquierda que integraba amanezca de sus sueños de voluntarismo, gestión gubernamental deficitaria, desviada asignación de los recursos fiscales e improductivos resabios ideológicos. Entre otros reclamos, Mujica condicionó darle al gobierno el voto que le falta para aprobar la próxima Rendición de Cuentas a que no haya aumento alguno del gasto público “que signifique un incremento del déficit fiscal”. Defendió una asignación más eficiente de las partidas presupuestales y, al mismo tiempo, rechazó categóricamente cualquier aumento de la presión tributaria.

Dijo a El Observador que subir aun más los impuestos a la renta, a los jubilados y a la actividad económica generada por las empresas privadas, así como los aumentos de tarifas de servicios públicos, llevaría “al límite” la capacidad contributiva. Enfatizó la verdad irrefutable de que un presupuesto “que expanda el déficit fiscal es desastroso para Uruguay”, porque “es el dato que fragiliza más a toda la economía nacional”, incluyendo poner en riesgo el grado inversor y el acceso al crédito. Su claro y razonable mensaje a la administración Vázquez es que tiene que concretar no solo su anunciada prudencia fiscal sino también distribuir con criterio de eficiencia los magros recursos disponibles. Este último requisito no se avizora ya que el gobierno promete privilegiar la escorada educación pública, pero no para hacer las reformas que necesita el sistema sino fundamentalmente para aumentar salarios, como exigen los sindicatos docentes que ya están en pie de guerra.

En otros temas, Mujica evidenció el equilibrio realista que sigue ausente en muchos dirigentes de tendencias diversas. Le asignó más crédito al gobierno que a su bancada parlamentaria, aunque admitió el desgaste de la izquierda después de más de una década en el poder. Consideró “un error garrafal” haberse negado a integrar el TISA, entre otros traspiés en las relaciones comerciales. Describió como “una torpeza política mayúscula y un destrato que no se puede permitir” la airada reacción frenteamplista contra el senador Pablo Mieres, líder del Partido Independiente, por su propuesta de respaldar la Rendición de Cuentas siempre que se remueva a la inefectiva cúpula directiva de la educación pública, que se muestra incapaz de sacar la educación del actual atraso.

Para combatir la ola delictiva apoyó la eficaz tolerancia cero, anatema para sectores del Frente Amplio que no terminan de encarar la atemorizada angustia que ahoga a la población. Entre las consideraciones de mayor trascendencia hechas a este diario estimó que los desaciertos de los sucesivos gobiernos frenteamplistas han hecho que mucha gente, como ha sido su caso, se aleje de la alianza de izquierda. El futuro político de Mujica parece aún indefinido aunque, luego de reunirse con los principales dirigentes de la oposición, admitió coincidencia con Mieres y con el líder del Partido de la Gente, Edgardo Novick, acerca de cómo encarar la inseguridad pública y el descalabro educativo. Al anteponer la conveniencia del país y las necesidades de la población a la ideología política, Mujica le marca el rumbo a la fuerza que integró durante tantos años. Muchas cosas mejorarían si el Frente Amplio le hace algo de caso.


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