Vinos para el invierno
Cuatro profesionales recomiendan qué tomar ahora que llegó el frío
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05
2013
Si bien todos los vinos se pueden consumir sin problemas en cualquier momento del año, siempre y cuando se respete por ejemplo la temperatura de servicio, hay algunos que son ideales para el invierno. Sacacorchos consultó a cuatro profesionales del vino, tres sommelier y una enóloga, para saber qué vino recomiendan en esta época de bajas temperaturas.
El sommelier de Grand Cru, Hernán Razetti, entiende que invierno cuando especulamos en descorchar una botella de vino pensamos en general en vinos tintos. “Si tuviera que recomendar vinos más informales, se me ocurre sugerir algunos más fáciles de beber y de entender. Podríamos pensar en variedades y estilos más conocidos por el común de los consumidores, Malbec sin madera (jóvenes), también podría ser un Merlot de media guarda, sin olvidarnos de nuestra cepa Tannat que también podría ser una opción válida”. Razetti dijo que para recetas de olla recomienda algún Syrah chileno, del valle de San Antonio o de Limarí. “Los suelos del valle de Limarí tienen altas concentraciones de carbonato de calcio y le aportan mucha mineralidad a los vinos, sumando que la variedad Syrah se caracteriza por tener descriptores aromáticos muy especiados obtenemos vinos muy complejos y que se pueden maridar muy bien con este tipo de comidas”, comentó.
La sommelier de Vinos del Mundo, Soledad Bassini, eligió para estas primeras noches frías un tannat roble de Narbona para maridar con una colita de cuadrita rellena de panceta y ciruelas con salsa a la pimienta. “Es un vino muy equilibrado, de muy buen cuerpo y con poca demasiado acidez. El especiado de la salsa con la nariz del vino creo que puede andar muy bien. Además la carne roja y el Tannat funcionan de forma excelente”, dijo Bassini a Sacacorchos.
La enóloga Estela de Frutos fue más breve cuando Sacacorchos la consultó. Dijo que el Tannat es “infaltable” en esta época. “No sentirás el invierno y la comida de olla será ‘bocatto di cardinale’”, comentó.
El sommelier Daniel Arraspide invita para este jueves en el restaurante “Corchos” a un maridaje con vinos y platos para el invierno. Los cuatro vinos y cuatro platos a servirse ese día son: 1) Blend Premium 2011 de Bertolini & Broglio con Tarteleta de ciruelas y panceta con crema de queso azul; 2) Prima Donna Tannat 2011 de Antigua Bodega Stagnari con Bifes de lomo a la portuguesa; 3) Pizzorno Tinto Reserva 2010 de Pizzorno Family Estates con Cazuela de cordero y champiñones en reducción de vino tinto; y 4) Licor de Tannat de Montes Toscanini y Bavaroise de chocolate con pralinée y confitura de naranja.
05
2013
Viejos y con plata. Esa podría ser una definición rápida y llena de prejuicios del consumidor de vino en Uruguay y el mundo. Pero sin embargo, existen otro tipo de personas que viven con pasión el consumo de esta bebida y se interesan cada vez más. Y los menores de 30 años, aunque no sean la mayoría, también son consumidores de vino.
Puede que haya una o dos generaciones “perdidas”, entre las familias que acostumbraban tener buen vino en la mesa en vez de una cerveza u otra bebida alcohólica para compartir, pero es cierto que de un tiempo a esta parte el interés por el vino ha crecido. ¿Moda?, ¿tendencia?, ¿nuevo uruguayo? Un poco de todo y algo más.
Atendiendo a ese nicho, que de alguna forma será (o no) el núcleo duro de consumidores de vino en Uruguay dentro de una o dos décadas, pero que también forma parte del objetivo hoy mismo, es que se llevará adelante por primera vez en Uruguay un concurso para consumidores no profesionales menores de 30 años. Se llama “Vinos Sub 30”, y es traído por una empresa que tiene como cara visible al periodista Daniel López Roca. La firma, de origen argentino, llega con su concurso ya realizado una decena de veces en Argentina. Consiste en que las bodegas participen pagando una inscripción por cada muestra de sus vinos, y un grupo de “jurados” menores de 30 años, elegidos de forma discrecional por los organizadores, puntúa a los vinos para luego entregar medallas a los ganadores agrupados debidamente en categorías. Esos jóvenes sub 30 no necesariamente deben ser profesionales, pero no pueden estar ligados a alguna parte de la cadena del mundo vitícola.
López Roca, en la presentación que se dio días atrás en Montevideo, explicó que el objetivo del concurso es difundir el “consumo responsable” del vino en jóvenes, un tipo de público que desde hace años ha estado “distraído” con otras bebidas.
Para algunas bodegas uruguayas esta propuesta ha sido difícil de digerir. Es que se trata de una propuesta de bajo costo que no cuenta con el aval del INAVI –presuntamente por elección del organizador-, pero que viene con ediciones supuestamente muy exitosas a lo largo de Argentina en esta década. Parte de esas dudas también se plantearon en la presentación del evento. Allí, algunos propietarios y representantes de bodegas en Uruguay manifestaron algunas diferencias, como la de no permitir que vinos extranjeros comercializados aquí puedan competir con los de industria nacional. En una reacción cuasi proteccionista, un número aparentemente importante de bodegas se inclinó por apoyar que sólo puedan competir vinos uruguayos. Eso, que en esencia no hace a la cuestión, amenazó con dudar de un concurso que a priori plantea un asunto muy simple: que los jóvenes elijan.
Una vez terminado el proceso de elección, para lo cual previamente los jóvenes “jurados” reciben una breve capacitación, los vinos mejor puntuados reciben medallas de distinción, que luego podrán lucir las botellas o presentaciones de los vinos señalados como los mejores. Será como una cucarda que diga: este vino le gustó a los jóvenes uruguayos.
05
2013
La terminología del vino es una de las mayores barreras para disfrutar a pleno de esta bebida. La base técnica del mundo vitícola, a la vez de imprescindible para avanzar en conocimientos, se presenta como un embudo para quienes desean conocer cada vez un poco más. En Uruguay, existen diversas opciones para formarse, aunque la inmensa mayoría privadas.
Una de las organizaciones que ofrece talleres y cursos cortos para aprender de vino es la Sociedad de Catadores. Un ejemplo de ello son los cursos especiales de mayo, que estarán a cargo de cuatro bodegas nacionales, una por cada lunes del mes. Participan Artesana, Pisano, Garzón y Antigua Bodega Stagnari. Tiene un costo de $ 3.000 y los interesados reciben la capacitación por parte de profesionales de los establecimientos.
Otro que comienza en mayo es organizado por la Asociación de Químicas y Farmacéuticas del Uruguay. Son diez talleres de introducción a la cata con espacio teórico y práctico, con un costo de $ 4.000 para no socios de la institución.
A cargo de la distribuidora Vinos del Mundo, este año se realiza en Montevideo la carrera de sommellier que hasta el momento se dictaba solo en Punta del Este. Se trata de una filial de la Escuela Argentina de Sommellier, reconocida en todo el mundo. La empresa también ofrece cursos cortos, similares a los antes mencionados.
En ocasiones también el Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi) ofrece talleres o cursos. También lo hacen otras agrupaciones como clubes de vino o empresas relacionadas al mundo vitícola.
¿Sirve de algo asistir a alguna de estos cursos? Seguro que sí. Uno sale de allí ducho en terminología, aunque más no sea la básica; puede identificar cepas; incorpora elementos para captar los aromas; y queda preparado para hablar con dignidad con profesionales. Lo bueno es que en ninguno se exige preparación previa. La población objetivo es, por lo tanto, toda la que guste del vino.
04
2013
Con torpeza y de a poco, en Sacacorchos hemos intentado mitigar los tecnicismos que alejan a la gente del vino. Esa terminología, necesaria para entender, pero distante para los que apenas queremos saber un poco más, termina por separar a los consumidores del mundo vitícola. Para el Malbec, ese tinto aguerrido pero dulce, que es la bandera de la industria argentina en el mundo, le cabe el mote de “goloso”. ¿Por qué? Es un tinto que se puede ubicar en el grupo de vinos intensos o fuertes, con una complejidad importante, pero que a la vez mantiene dulzura en boca.
Ese paladar argento fue saboreado a pleno la semana pasada, cuando en la residencia del embajador argentino en Montevideo, Dante Dovena, se celebró el día mundial del Malbec.
Fueron decenas de etiquetas de 20 bodegas argentinas. Todas opciones de calidad, pero como sucede en las selecciones, hay sorpresas, revelaciones y vinos que se despegan del resto. A modo de ejemplo, y para que sirva como referencia a la hora de elegir un Malbec de calidad, nombramos algunos de los degustados.
Coquena, de los valles Calchaquíes (Salta), fue una etiqueta que sorprendió por su complejidad y potencia.
Salentein 2010 reserva, del valle de Uco (Mendoza), justificó sus $ 495 por botella.
También lo hizo “Black tears”, una etiqueta muy especial de la línea Tapiz. Es un Malbec cosecha 2007 que tuvo 24 meses de guarda en barricas francesas, elaborado con uvas crecidas en viñedos plantados a 1.350 metros por encima del mar en Mendoza. Cuesta US$ 90 cada botella. Es un vino premium que vale la pena.
Los ingresos para Argentina por exportaciones de Malbec crecieron en 2012 respecto de 2011 en valor FOB alcanzando los US$ 41 millones. La exportación de vinos de alta gama creció 13.5% para el segmento entre US$ 40 y US$ 90 y 15,4% para el segmento de más de U$S 90.
En su discurso de presentación, el presidente de la Sociedad de Catadores del Uruguay, Eduardo Lanza, destacó la forma en que el malbec, como su primo menor, el tannat, llegaron al Río de la Plata. Lanza explicó que eran cepas de descarte en Francia, a las que los bodegueros no daban mayor importancia frente a otras cepas de renombre. La venida al "nuevo continente" a mediados del siglo XIX hizo que arraigaran en estos países de poca tradición vinera.
De todos modos, el salto cualitativo tanto del malbec como del tannat es bastante reciente (no más de tres décadas). Este factor de tiempo también agrega mérito a la forma en que se desarrollaron. El ejemplo argentino del malbec conquistando buena parte de los mercados internacionales es una muestra de esa capacidad aplicada, desde sus humildes orígenes periféricos.
04
2013
POR VALENTÍN TRUJILLO
El jueves pasado la Sociedad de Catadores del Uruguay tuvo la deferencia de invitarme al restorán La Carola del Parque Rodó para una degustación muy íntima de vinos espumantes, a cargo del enólogo uruguayo Alejandro Cardozo, residente en Brasil hace más de 10 años, en la zona de Caxias do Sul, estado de Rio Grande.
Cardozo se encuentra, entre otros emprendimientos, diseñando vinos en Brasil para la bodega Décima y asesorando a la Bodega H. Stagnari para hacer vinos espumantes uruguayos.
La posibilidad de la reunión fue la oportunidad de tener una verdadera clase con uno de los responsables directos de que los vinos sean como son. Tan sencillo como eso. Cada decisión y cada característica del vino tuvieron una explicación concreta, que reflejó los criterios fijados de antemano y los imprescindibles cambios a los que obliga la práctica.
Por ejemplo, uno de los trece vinos degustados en esa ocasión fue una base de espumante brut que sacará al mercado el año próximo H. Stagnari.
Es un corte chardonnay/viognier, de un color verde grisáceo. Este vino está determinado por el temporal de granizo del 24 de enero pasado, ya que las dos parcelas de donde se extrajo la uva tuvieron los racimos muy cascoteados por las piedras de hielo. Esto reducirá la cantidad de vino y de botellas. El terroir de La Puebla, en la zona de La Paz, de donde son las uvas, es pedregoso y a pesar del temporal, la cosecha se dio en tiempo y forma.
Cardozo explicó a Sacacorchos que con estos espumantes él y su equipo están intentando cambiar preconceptos como cosechar cuando la uva está todavía verde o hacer raleo (quitar hojas de la vid para que el sol impacte más). “Estamos cambiando y ya no hacemos deshoje”, dijo el enólogo. En palabras de Cardozo, este vino presenta un perfil aromático “franco, limpio, mineral y con toques cítricos”.
Otro de los destacados de la noche -que se maridó con tortillas españolas, postas de pescado y aros de calamar-, fue espumante rosado, con 80% de pinot noir, descripto por Cardozo como “alegre, fácil de tomar, como para seguir tomando”.
De la partida de vinos brasileños de Décima que desplegó en La Carola tuvo un gran destaque el Prosecco, que se fabrica con una uva llamada “glera” (cuyo origen es el Véneto, en Italia). Décima lo fabrica con el método champenoise tradicional, o sea que las burbujas de dióxido de carbono se producen por fermentación natural. Las características visuales (“gran perlaje”, “tonos apagados y leves”) y en boca (“cremosidad”) completan un gusto exquisito, que tiene notas florales de jazmín.
La paleta de espumantes fue muy amplia y se completó con cortes originales como riesling/viognier, de un color casi transparente; pinot noir/riesling, de color salmón pálido y muy burbujeante en boca.
Finalmente, como remate de la noche, Cardozo sirvió sus productos premium “Estrelas de Brasil”, con cortes de pinot noir/chardonnay (de 2006 y con una polenta tremenda e intacta todavía) y un Nature 2007, un cuádruple corte chardonnay/riesling/pinot noir/viognier, de morirse.
Por varios motivos, estos vinos no se consiguen en Uruguay. La pequeñez del mercado hace que Brasil mire tanto hacia el mercado interno como hacia nuevos horizontes. Además, ¿quién diría en Uruguay que Brasil puede producir ya no excelentes espumantes, sino excelentes vinos? El prejuicio y la ignorancia hacen que la barrera cultural que nos separa de Brasil en muchos aspectos también sea fuerte en vinos.
Pero la verdad es que hay gente no muchos kilómetros pasando el Chuy y Rivera, experimentando a gran nivel y haciendo vinos que emocionan.
Martín Viggiano (Actualidad) y Valentín Trujillo (O2) son periodistas del diario El Observador
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