Salida brasileña de la recesión

Los industriales proyectan incrementar sus inversiones en bienes de capital y expansión.

En el oscuro panorama recesivo de Brasil se ha encendido una tenue luz de esperanza para este año con el aumento de intención de inversión de su poderoso sector industrial. Una encuesta entre 673 empresas mostró que el 20% de los industriales proyectan incrementar sus inversiones en bienes de capital y expansión, en tanto se redujo en cinco puntos los que estiman reducirlas. La tendencia ya se había insinuado en enero, con un crecimiento mensual de la producción industrial del 1,4%, el mayor en los últimos tres años. El centro de estudios económicos Getulio Vargas, que realizó la encuesta, concluyó que el mejoramiento de perspectivas de crecimiento este año incide en la mayor inclinación inversora de los industriales.

Este sector simpatizó desde el primer momento con el nuevo presidente conservador Michel Temer. Pero se abstenía de comprometer capitales a la espera de que los severos ajustes fiscales del gobierno empezaran a mostrar resultados y que se despejara algo el enrarecido clima político. Lo generaron el Lava Jato, el gigantesco escándalo de corrupción que ha llevado a la cárcel a figuras prominentes de la política y los negocios y salpica a la gran mayoría de los dirigentes de todos los partidos, y la conexa destitución de la presidenta izquierdista Dilma Rousseff. Las expectativas actuales de los mercados son que el Producto Interno Bruto (PIB) crezca este año entre 0,49% y 1%, subiendo a más del 2% en 2018. Los pronósticos se basan no solo en renovada actividad industrial sino también en buenos resultados del agro, sector vital de la economía que crecería este año en producción y precios.

La modesta recuperación que se anticipa no soluciona los graves problemas que enfrenta el país. Incluyen un desempleo sin precedentes del 12,6%, que golpea a 13 millones de brasileños y genera duras protestas sociales. Temer enfrenta además resistencia a sus medidas de ajuste, especialmente el drástico recorte al generoso sistema actual de jubilaciones, así como también los coletazos del Lava Jato. Pero al menos se insinúa un freno al derrumbe de los dos últimos años, que el ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, describió como “la peor crisis económica de la historia” brasileña. Según la información oficial, el PIB se desplomó 3,8% en 2015 y 3,6% en 2016, durante el período de Rousseff. La caída acumulada de 7,2% en los dos años previos fue la peor jamás registrada, superando incluso al 5,3% registrado en la depresión mundial de 1929.

La confirmación de que la economía brasileña empezará este año un lento proceso de recuperación, de la mano de mayor actividad industrial y agropecuaria, es de profunda importancia para Uruguay, cuyo horizonte exportador sigue atado en gran medida a lo que ocurra en nuestros dos grandes vecinos, pese a la diversificación de mercados que se ha logrado y al incremento de ventas a China, que ha pasado a ser nuestro principal cliente. Argentina no termina de despegar bajo el gobierno del presidente Mauricio Macri, cuyas severas medidas de ajuste para reparar los desastres heredados del kirchnerismo generan masivas protestas callejeras y la pesadilla del persistente 33% de la población bajo el nivel de pobreza. A la espera de cómo evolucione Argentina, que Brasil empiece este año a levantar cabeza mejora para Uruguay las posibilidades de exportación a un mercado que sigue siendo nuestro segundo mayor cliente.


Acerca del autor

El Observador

El Observador