Saliendo del lastre chavista

El gobierno aceptó la iniciativa de los socios mayores y Paraguay para librar al Mercosur del lastre chavista

Es imposible cerrar los ojos a las exigencias del mundo real. Ante la necesidad imperiosa de llevarse bien con Argentina y, sobre todo, con Brasil para salir del estancamiento económico y evitar el aislamiento político, el gobierno finalmente aceptó la iniciativa de los socios mayores y Paraguay para librar al Mercosur del lastre chavista. El argumento adoptado para ignorar la presidencia semestral del bloque por el régimen de Nicolás Maduro, y eventualmente suspender a Venezuela, fue su incumplimiento de normas a las que el chavismo estaba comprometido desde que ingresó a las escondidas como socio pleno en 2012.

El curso seguido le permite al gobierno uruguayo aducir que se mantiene ajustado a la estructura jurídica del Mercosur, como hizo correctamente al traspasar la presidencia temporal al chavismo. Fue un paso que lo enfrentó a los otros socios fundadores, en medio de una ríspida controversia con el gobierno brasileño. Ahora se liberó de esta carga costosa sin aparecer como anteponiendo lo político a lo jurídico. Los cuatro socios acordaron dar a Venezuela un plazo perentorio hasta el 2 de diciembre para que cumpla los cientos de normas comerciales, aduaneras, migratorias, sanitarias y técnicas que se les exigen a todos los socios. Paraguay señaló además que Maduro nunca suscribió el tratado de 2005 del Mercosur sobre promoción y protección de los derechos humanos. El chavismo, al contrario, los viola en forma abierta y permanente con asesinatos de manifestantes, persecuciones y sumarias condenas de cárcel a líderes opositores.

El chavismo no se preocupó de cumplir esas exigencias en los últimos cuatro años, aprovechando el tolerante amiguismo ideológico de los desaparecidos gobiernos de Dilma Rousseff, Cristina Fernández de Kirchner y José Mujica, que habían convertido al Mercosur en un club político en el que lo jurídico pasaba a segundo plano. Fue esta distorsión del bloque regional lo que permitió el ingreso venezolano como socio pleno, a expensas de la disparatada suspensión de Paraguay, cuyo Senado bloqueaba la presencia de Hugo Chávez. Pero los cambios de gobierno en el bloque generaron la exigencia de que el baldón venezolano no podía continuar. Los ribetes políticos que rodean la decisión, liderada notoriamente por la cancillería brasileña, quedan disimulados por el argumento irrebatible de que Venezuela está omisa en las obligaciones legales que cumplen los demás miembros del bloque.

Lo que el chavismo no hizo desde su ingreso hace cuatro años difícilmente lo haga ahora. Por un lado, la brevedad del plazo de algunas semanas que se le fijó torna poco menos que imposible que el régimen de Maduro se ponga al día con el vasto abanico de normas que tendría que aprobar. Este curso se torna aun más improbable por el caos en que se debate Venezuela, con su economía destrozada y con toda la estructura gubernamental inmersa en tratar de aferrarse al poder ante los embates de la unificada oposición y del 80% de una población hastiada de las privaciones, las arbitrariedades y la corrupción. Y por otro lado, a menos que Maduro sufriera una milagrosa conversión a la racionalidad, la decisión de los socios fundadores con seguridad acentuará sus estallidos de ira y sus risibles acusaciones de que todos conspiran contra esa maravilla de prosperidad, tolerancia, estabilidad y democracia que inventó Hugo Chávez y profundizó su sucesor.


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