¿Salir de la Unión Europea o quedarse? Para los empresarios británicos, un problema

Por Gabriela Castro-Fontoura*
Dos cosas sabía que no podría evitar en este viaje a Inglaterra: la lluvia y verme involucrada en el debate sobre el brexit. La posible salida de Reino Unido de la Unión Europea es la constante en cada conversación, en la tapa de cada periódico y en cada canal de televisión. Después de una semana visitando Inglaterra, el tema pasó de interesarme a aturdirme, agotarme e incluso fastidiarme.

Un referéndum para decidir si quedarse o no en la Unión Europea fue una promesa electoral del actual gobierno conservador. Pero no hay bandos de conservadores contra laboristas, de ricos contra pobres, del Norte contra el Sur, de Inglaterra contra Escocia.

It's complicated.

Hay muchos temas en juego. La economía es uno. Los empresarios con los que hablo me dicen que es "suicida" salirse de la UE. Se quejan de la regulación, pero reconocen que la regulación de todas formas estará cuando quieran exportar a la Unión Europea, y no podrán afectarla. Los exportadores con los que trabajo, que saben lo engorroso que es exportar fuera de la Unión Europea, no entienden por qué su país quiere autoimponerse barreras al movimiento de personas y productos. El costo administrativo de una eventual salida y la distracción que significará son aterradores.

El tema de la inmigración también es crítico. Históricamente un país de inmigrantes, hay muchos dentro del Reino Unido que exigen mejor control de sus fronteras y creen que lo lograrán mejor fuera de la Unión Europea, pese a la insistencia de Cameron y compañía de que ese no será el caso. Quieren ser más selectivos con quiénes entran y quiénes no, tanto refugiados como inmigrantes económicos.

La inmigración y la economía se entremezclan particularmente para las clases obreras que ven que pierden su trabajo y culpan a los inmigrantes, o a la Unión Europea, por sus problemas. El año pasado, por ejemplo, en Redcar, cerca de Middlesbrough, casi 2.000 empleos se perdieron en el sector del acero. Escuché en televisión entrevistas a estos trabajadores, desilusionados con el laborismo, con la Unión Europea y con todos aquellos a quienes responsabilizan de su dolorosa pérdida. Este es terreno fértil para UKIP, el partido de ultraderecha liderado por Nigel Farage, claramente comprometido con el brexit.

Aquí aparece un tercer tema, pintado de nacionalismo y patriotismo, que tiene que ver con la soberanía. Esa independencia de un gobierno europeo complejo, lejano y muchas veces ininteligible, donde los temas se negocian entre personas que ni siquiera conocen, pesa mucho. Cuando les mencioné este tema a empresarios que están en contra de una salida de la Unión Europea, pragmáticamente me dijeron que creerse que por salir de la Unión no van a estar a la merced de otros "es infantil e ilusorio". Hay claramente dos bandos: quienes creen que el Reino Unido por su cuenta podrá negociar mejores términos y quienes ven a su país demasiado pequeño e insignificante en un complejo y vasto panorama mundial como para negociar, y rápido, favorablemente.

Las encuestas de opinión dan parejo el resultado. Como el voto no es obligatorio, es posible que los que votan por cambiar tiendan a ir a las urnas más que quienes prefieren el statu quo.

Lo cierto es que nadie sabe qué pasará después del 23 si el brexit ocurre. Esta votación definirá mucho para los británicos, los europeos y los que estamos más lejos. Después de una semana en el país, creo que pocos son los que entienden la magnitud de las consecuencias de una posible salida.

*Gabriela Castro-Fontoura es directora de Sunny Sky Solutions, empresa dedicada al comercio entre el Reino Unido y América Latina.

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