Se caía de Maduro: el barril tocó fondo en Venezuela

Con la baja del precio petróleo el populismo chavista está contra las cuerdas y muestra su peor hilacha de autoritarismo violento

En la semana que termina el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, obtuvo un logro que los habitantes de su país mucho agradecerán. Mientras en las calles de Caracas y otras ciudades la Policía y grupos paramilitares afines al régimen –no hay forma más justa de llamar a la autocracia que gobierna ese país caribeño tras varias reformas constitucionales para perpetrar el chavismo en el poder-  el sucesor del difunto Hugo Chávez, mentor junto a los hermanos Castro del Socialismo del siglo XXI, visitaba Trinidad y Tobago y acordó con la primera ministra de esa nación caribeña, Kamla Persad Bissessar, intercambiar petróleo por papel higiénico. Sí, ¡papel higiénico!


¿Necesita un país rico en petróleo llegar al extremo de tener que importar un bien de tan básica necesidad? La lógica indica que no, pero....


¿Qué le pasó a Venezuela que hasta hace poco compraba lealtades políticas en América Latina –incluido Uruguay- repartiendo petrodólares cuando el barril de crudo cotizaba largamente por arriba de los US$ 100? Literalmente el barril tocó fondo porque ahora en el mercado internacional el precio del crudo cayó a la mitad por razones de oferta y demanda y por la emergencia de Estados Unidos como gran productor mundial de petróleo y gas esquisto.    


Gracias a su renta petrolera, en  los últimos quince años Venezuela adoptó un sistema político con alto intervencionismo estatal en todos los ámbitos de la vida en sociedad y  el orden institucional se tornó altamente discrecional para aplicar políticas populistas clientelares, ejerciendo un poder casi hegemónico por el uso de la fuerza o la amenaza de usarla.

Las libertades políticas, económica y civiles se han visto cada vez más restringidas, dado que el régimen ha interpretado, cambiado y acomodado la constitución y las leyes a sus intereses.  Esto ha provocado abuso de poder político, corrupción, altos niveles de inseguridad ciudadana, escasez, inflación, restricción a los derechos de asociación y expresión, entre otros males.
El régimen autoritario chavista concentra el poder a través del control de las instituciones políticas y la toma de la economía por controles de precios, cambiarios, expropiaciones, dirección del crédito y la explotación de la empresa estatal petrolera, entre otros.  Desde  2013 una Ley Habilitante otorga poder casi ilimitado y discrecional al presidente para emitir decretos con fuerza de ley y esa concentración de poder se ha alimentado de socavar los derechos individuales de los ciudadanos. Los venezolanos iniciaron protestas desde inicios de febrero  que todavía siguen en pie. Se trata de  un país bajo una crisis económica, social y política sin precedentes. No se vislumbra una salida fácil ni rápida, lo que implicará mayor deterioro de la libertad y, consecuentemente, reducción en la calidad de vida de los venezolanos.
Durante los últimos 15 años se han expropiado empresas o sectores completos: electricidad, telecomunicaciones, banca y finanzas, petróleo y tecnología.


Desde los inicios del régimen chavista ha habido un ataque frontal a la economía de mercado, imponiendo trabas, barreras y altos costos ocultos que promueven cada vez menor inversión, producción, generación de empleos y de riquezas.  
Informes  como Doing Business del Banco Mundial y el Informe de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, sitúan a Venezuela como uno de los países con mayores trabas para hacer negocios. La embestida al funcionamiento de la economía de mercado es una de las principales razones de la crisis económica, social y política que vive. Esto sucede porque los incentivos a incursionar en actividades económicas se desvanecen y se producen menor cantidad de bienes y servicios; se  genera escasez que se traduce a necesidades humanas insatisfechas. El desempleo implica menores salarios, alquileres e ingresos para diversos segmentos de la sociedad.


Anticipándose a lo que podía ser un nuevo rebrote de las manifestaciones callejeras contra su gobierno, Maduro decidió, hace poco menos de un mes, endurecer la represión contra los opositores habilitando el uso de armas de fuego y un joven de 14 años se convirtió a inicio esta  semana  en la primera víctima tras recibir un disparo en la cabeza en el estado de Táchira. El combo se completó  con la detención del líder de la oposición política, el alcalde de Caracas Antonio Ledesma que se suma al encarcelamiento desde hace un año, de otro opositor, el líder de Voluntad Popular  Leopoldo López.


Sin su jugosa renta petrolera el chavismo está contra las cuerdas y empezó a mostrar su peor hilacha de autoritarismo violento. Aunque algunos líderes latinoamericanos insistan en defender la "democracia" venezolana y acusen, como lo hizo el presidente José Mujica, a grupos opositores, corporaciones económicas y militares de izquierda de promover un golpe de Estado,  está claro que en el país de las miss universo y de Simón Bolívar no existe la menor garantía de respeto a las libertases individuales y hay un tufo a dictadura de partido único que a estas alturas parece irreversible.


Comentarios

Acerca del autor