Se complica el vecindario

El anuncio gubernamental de un TLC con China resultó ser más esperanzado que realista

El eufórico anuncio gubernamental de un tratado de libre comercio con China, hasta con fecha precisa de conclusión en 2018, resultó ser más esperanzado que realista al no haber tomado en cuenta dificultades previsibles con nuestros vecinos del Mercosur, especialmente con Brasil. La reciente cumbre presidencial rioplatense allanó el camino solo a medias pese a la notoria cordialidad entre los protagonistas. Hubo claros matices que diferenciaron las posiciones de Tabaré Vázquez y Mauricio Macri sobre el TLC y la papa caliente del chavismo venezolano. Macri reiteró su respaldo a que Uruguay busque ampliar sus exportaciones a China pero aclaró su preferencia por una negociación conjunta de un TLC por todo el Mercosur. Este curso es una vía segura a tratativas más lentas y complejas, dada la renuencia de Brasil y Argentina a verse inundados por un torrente de productos chinos de bajo costo. Por esta razón nuestro gobierno prefiere hacerlo individualmente por su cuenta.

Pero solo es factible si los socios mayores flexibilizan la prohibición a que un socio concluya por fuera del bloque acuerdos que impliquen cambios en sus rigideces arancelarias. En caso contrario, la alternativa uruguaya es abandonar el Mercosur o, por lo menos, enfrentar impensables pérdidas en el comercio con los dos países vecinos. Macri parece bastante favorable en principio a ayudar a Uruguay, pero la historia es otra con Brasil. Su gobierno ha aclarado que, contrariamente a lo anunciado en Montevideo, el presidente Michel Temer nunca le dio luz verde a Vázquez para un TLC con China, cuando ambos se reunieron en Nueva York durante la Asamblea de Naciones Unidas.

En la posición final de los dos socios mayores, por otra parte, inciden no solo las normas del Mercosur y sus propios intereses comerciales sino también la vacilante actitud uruguaya ante el desastre venezolano. Macri y Temer quieren liberar al bloque de un miembro que nunca debió ser admitido debido a su absolutismo, su desorden y sus asimetrías, pero que entró a hurtadillas por la ventana que le abrieron indebidamente en 2012 quienes entonces gobernaban a Argentina, Brasil y Uruguay. Macri le reiteró a Vázquez que debe aplicarse la Cláusula Democrática al régimen de Nicolás Maduro. Nuestro presidente fue mucho más cauto al limitarse a respaldar que la crisis venezolana se evalúe con “responsabilidad” y “seriedad” en defensa de la democracia.

La posición uruguaya ante la pertinente severidad que reclaman Macri y Temer se vio debilitada adicionalmente por la renuencia del Frente Amplio a reconocer los excesos del chavismo. En vez de la condena explícita que correspondía, la Mesa Política de la alianza de izquierda emitió una declaración aguada que refleja sus simpatías con un régimen que viola sistemáticamente los derechos humanos y la institucionalidad democrática. El resultado ha sido dejar a Vázquez en una posición debilitada. Si nuestro presidente pudiera compartir más claramente la justificada posición de Macri y Temer contra el chavismo, mejoraría la perspectiva de que Argentina y Brasil le facilitaran a Uruguay sus tratos con China. Pero como ya ha ocurrido varias veces en el pasado reciente, quienes lideran los sectores de corta visión ideológica que son mayoría en el Frente Amplio reiteran actitudes que van no solo contra su propio gobierno, sino contra los intereses y necesidades del país y, más aún, contra los principios democráticos y los derechos humanos que dicen defender. Parece que no siempre se los defiende.


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