¿Se está desvaneciendo la era izquierdista en América Latina?

"Los conservadores están en ascenso", según analistas
Por Simon Romero
New York Times News Service

No fue un día especial para la izquierda de Latinoamérica. Colombia rechazó un acuerdo de paz con los rebeldes marxistas el domingo 2, ofreciendo una victoria muy pública al expresidente conservador que hizo campaña apasionadamente contra el pacto. El mismo día, los votantes en Brasil asestaron una resonante derrota al partido izquierdista que anteriormente controlaba al país, haciéndolo caer en elecciones municipales.

Fue solo otro signo del giro hacia la derecha en Latinoamérica. En menos de un año, los votantes han rechazado en las urnas al movimiento izquierdista en Argentina y elegido a un exbanquero de inversión como presidente de Perú, mientras los legisladores impugnaban a la líder de izquierda de Brasil.

“Expresado simplemente, los conservadores están en ascenso en Latinoamérica”, dijo Matías Spektor, profesor de relaciones internacionales en la Fundação Getúlio Vargas, una universidad en Brasil.

Muchos factores están alimentando la tendencia. El pronunciado descenso en los precios de las materias primas ha erosionado el crecimiento económico en toda Latinoamérica y el apoyo que los gobiernos izquierdistas antes extraían de él. La influencia de las megaiglesias cristianas evangélicas está creciendo, y están enfrentando a las políticas socialmente liberales y canalizando la extendida insatisfacción con el statu quo.

Pero, en un país tras otro, los resultados son los mismos: los líderes que adoptan políticas amigables con el mercado están eclipsando a los izquierdistas que ejercieron influencia en todo el continente americano en la última década.

Presidentes de izquierda anteriormente poderosos, como Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil y Cristina Fernández de Argentina, ahora enfrentan investigaciones de corrupción.

Una política impredecible

Sin embargo, analistas políticos advierten que la tendencia no necesariamente involucra un rechazo general a las políticas que hicieron ganar admiración y votos a los gobiernos izquierdistas en años pasados.

Por ejemplo, Michel Temer y Mauricio Macri, los líderes de Brasil y Argentina, han expresado apoyo para mantener los populares programas contra la pobreza.

El nuevo presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, dependió de una alianza con la izquierda para derrotar a su rival, Keiko Fujimori, la hija de Alberto Fujimori, el encarcelado expresidente.

Asimismo, el voto de Colombia sobre el acuerdo de paz ofreció un ejemplo de cuán impredecible se está volviendo la política en algunas partes de Latinoamérica.

Líderes de toda la región – de una variedad de tendencias ideológicas– habían apoyado el pacto, el cual fue forjado entre el presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC.

Los colombianos rechazaron el acuerdo en gran medida porque pensaron que era demasiado indulgente con las FARC, permitiendo a algunos combatientes eludir cualquier castigo.
Pero el resultado también demostró cuán dispuestos estuvieron los votantes a rechazar lo que el sistema político estaba ofreciendo.

“Que los votantes desafíen al statu quo difícilmente es peculiar en Colombia”, dijo Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, un grupo estratégico en Washington.

“Encaja en un patrón que puede distinguirse en Argentina, Brasil, Venezuela, México y otros países”, agregó.

Los líderes de toda Latinoamérica están poniendo mucha atención al estado de ánimo cambiante en sus países.

En Chile, la presidenta Michelle Bachelet regresó al poder con una victoria aplastante en 2013 con base en una plataforma de reducción de la desigualdad.

Pero Bachelet cambió de rumbo ante una economía en desaceleración y un escándalo de corrupción que involucró a su familia, designando a un ministro de finanzas respetado por los círculos empresariales. El presupuesto de su gobierno para 2017 da prioridad a la tradición de prudencia fiscal de Chile mientras controla el gasto de estímulo.

El giro a la derecha en Brasil, un país de 206 millones de habitantes, la mitad de la población de Sudamérica, se desarrolló ante el telón de fondo de la creciente división política.

Los simpatizantes de la presidenta impugnada, Dilma Rousseff, argumentan que su derrocamiento fue el equivalente a un golpe de Estado, una opinión que ha pesado sobre la legitimidad de Temer, el exvicepresidente de Rousseff que se rebeló contra ella.

Los candidatos del centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño del nuevo mandatario también fueron derrotados rotundamente en las elecciones municipales del domingo 2 en las ciudades más grandes de Brasil.

Pero el Partido Social Demócrata Brasileño, que tuvo sus orígenes en la oposición a la dictadura militar del país antes de evolucionar para convertirse en una agrupación más conservadora que ahora es el ancla de la coalición de Temer, se anotó grandes triunfos.

Uno de los miembros del partido, João Doria, expresentador de un programa de televisión de realidad que involucraba disparar a los participantes al aire, alcanzó la victoria en la contienda por la alcaldía de San Pablo, la ciudad más grande de Brasil.

Temer y Macri
Los presidentes de Brasil y Argentina han expresado que mantendrán los populares programas contra la pobreza de los anteriores gobiernos.

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