Se llamaba Federico

Una ejecución absurda, hace 80 años, interrumpió una de las obras poéticas más exuberantes del idioma español

Vecinas: con un cuchillo,/con un cuchillito,/en un día señalado, entre las dos y las tres,/se mataron los dos hombres del amor./Con un cuchillo,/con un cuchillito/ que apenas cabe en la mano,/pero que penetra fino/ por las carnes asombradas,/y que se para en el sitio/donde tiembla enmarañada/la oscura raíz del grito./Y esto es un cuchillo,/un cuchillito que apenas cabe en la mano;/pez sin escamas ni río,/ para que un día señalado, entre las dos y las tres,/con este cuchillo/se queden dos hombres duros/con los labios amarillos./Y apenas cabe en la mano,/pero que penetra frío/por las carnes asombradas/y allí se para, en el sitio/donde tiembla enmarañada/la oscura raíz del grito".

Es el final de Bodas de sangre, la tragedia en verso y prosa que Federico García Lorca escribió en 1931 y que se estrenara en Madrid dos años después. Su autor murió ejecutado el 19 de agosto de 1936, a un mes del golpe de estado que el ejército insurgente llevó a cabo contra la Segunda República española.

La biografía del poeta ha rivalizado con su obra a través de estos 80 años. Las circunstancias de su vida y de su muerte son extraordinarias, no caben dudas. García Lorca vivió con exhuberancia las ansias de una naturaleza erótica "desviada" de las normas aceptadas y fue ejecutado por "rojo y marica" a los 38 años, en plena eferve scencia de su obra universal.

Daría la impresión de que la condena se debió, en realidad, al orgullo indomable del artista, esa presencia inevitable que exhibía sin pudores. Está claro que no era "rojo", así nomás. Tal como bien lo recuerda Antonio Puente en su artículo del diario español El País, "cuando en una de sus últimas entrevistas le preguntaron por su identidad política, Lorca respondió con su habitual desparpajo: 'Soy católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico'".

Era tal vez demasiado "ser" para la revolución fascista. De todas maneras, su obra incipiente, a los 38 años, ya era de un valor universal e intemporal. Ochenta años después, su poesía es tan fresca como cuando la escribió y sus obras se siguen interpretando a lo largo y ancho del planeta.

En Uruguay, la obra teatral de García Lorca ha tenido una difusión inusual, debido al exilio en Uruguay, a raíz de la Guerra Civil Española, de una de las grandes actrices españolas de la época, Margarita Xirgú, apasionada intérprete de la obra de García Lorca.

Xirgú tuvo una influencia determinante en el movimiento teatral montevideano y fue una de las fundadoras de la Escuela Municipal de Arte Dramático, que lleva su nombre.

A través del impulso de la actriz, la obra de Lorca se hizo muy familiar por estos lares y perduró la costumbre de poner en cartel alguna de sus obras durante estos ochenta años.

La obra que dejó el poeta, nacido en 1898, es una obra de juventud muy laboriosa, con nueve libros de poesía y 11 obras teatrales, que han tenido una difusión enorme en todo el globo, con las siempre difíciles traducciones y adaptaciones a las más diversas culturas.

Las circunstancias de su muerte siguen siendo investigadas desde distintos ángulos y el cine ha recurrido tanto a su vida como a su obra para generar una serie siempre renovada de cintas documentales y de ficción.

Yo creo que es su poesía la que se mantendrá en la memoria de las generaciones, aún cuando las circunstancias biográficas de su autor se desdibujen. "La vida es amable, tiene pocos días...", decía y, por si acaso: "Si muero/Dejad el balcón abierto/El niño come naranjas/(Desde mi balcón lo veo)/El segador siega el trigo/(Desde mi balcón lo siento)/Si muero/Dejad el balcón abierto".


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