Seasteading: la República de Silicon Valley en alta mar

La utopía se está haciendo realidad: un proyecto que consideran el "futuro cercano" de las civilizaciones basadas sobre el mar.

"Necesitamos naciones start ups", es la reflexión de Patri Friedman imaginándose en el año 2024, trotando por las calles de una villa flotante de unos 1000 habitantes, sustentable, productora de su propia energía, alimentos y el detalle, de sus propias leyes.

Ese es el sueño de Patri, ingeniero de software de Google y nieto del Premio Nóbel de economía, Milton Friedman, que preside desde el año 2008 el Seasteading Institute de California, (nombre que proviene de la contracción de sea, mar, y homesteading, colonización) junto a Wayne Gramlich , ejecutivo de Silicon Valley. La firma ha recibido seguimiento de los medios, como CNN, la revista Wired, y la revista Prospec desde que fue iniciada con un capital semilla de U$S 1,7 millones de Peter Thiel, fundador de Pay Pal Inc. que aportó esa suma al incorporarse al proyecto.

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Nueve años más tarde, la utopía se está haciendo realidad: un proyecto que consideran el "futuro cercano" de las civilizaciones basadas sobre el mar. La iniciativa es mucho más que un plan arquitectónico para construir sobre el océano: pretende convertirse también en una ciudad tecnológica hiperconectada; un lugar para crear innovación social y experimentar con nuevos estilos de vida con plena autonomía y convivencia en un entorno respetuoso con el medio ambiente.


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"Lo que nos interesa es la elección de la sociedad y tener un lugar donde podemos probar cosas que no se han probado antes".

Está previsto que este proyecto cueste, en total, 167 millones de dólares, albergando viviendas, hoteles y oficinas. La ciudad consistirá en un conjunto de plataformas flotantes sobre la superficie del agua. Cada una de ellas podrá moverse por barcos remolcadores hacia diferentes lugares y unirse entre sí para crear enormes formaciones sobre el mar.

La idea es que sea autosostenible, por eso contará con domos hidropónicos para cultivar y cosechar sus propios alimentos, desalinizadores para potabilizar el agua, asistencia sanitaria, instalaciones de investigación médica y centrales energéticas sostenibles. Los residuos orgánicos serán recolectados por buques cisterna y trasladados a una zona de compostaje externa, y todo lo demás será reciclado. Además, utilizará energía solar y eólica.

Los ejemplos surgen de colaboraciones con estudios especializados o un concurso online donde se reciben propuestas y visiones de la gente acerca de estos hábitats singulares.



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No es la primera vez que se sueña con esta realidad: desde villanos de James Bond a mega proyectos usando millones de metros cúbicos de arena dragada, donde se crearon las Islas Palm, un archipiélago artificial en Dubai. China está construyendo sus controversiales islas en el Mar de China Meridional, vertiendo tierra desde el continente, dragándola hacia el mar. Y aunque sí hemos fabricado casas sobre lagos y canales -en Perú o en Camboya- aún no hemos sido capaces de desarrollar ciudades tecnológicas flotantes a gran escala.

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Y ese es, precisamente, el reto que se propuso el Seasteading Institute: crear viviendas sostenibles en aguas internacionales. Según se detalló necesitan aguas protegidas porque aún cuando en mar abierto es tecnológicamente posible construir la ciudad flotante, costaría demasiado. Detrás de una ruptura de arrecife, se puede diseñar plataformas flotantes que son suficientes para esas aguas a un costo asequible. A partir de navidad se firmó un acuerdo con la Polinesia Francesa y ya tienen su ubicación en medio del Océano Pacífico. La Polinesia Francesa, una colección de 118 islas en el Pacífico meridional, está interesada en el proyecto ya que el área está en riesgo por el ascenso del nivel del mar.

Han pedido la colaboración de los interesados, tanto económica, a través del crowdfunding, como de sugerencias. Además, para que esta utopía inicial se pueda convertir en realidad, el instituto, creado por Wayne Gramlich, se ha asociado con el estudio holandés de ingeniería y desarrollo urbano DeltaSync para el diseño viable del proyecto. También se han interesado por él ingenieros, arquitectos y constructores. Y es que el deseo de construir un nuevo Estado flotante parece ir en serio, pues ya se ha presentado el dossier de las alternativas viables y planean la construcción de un modelo en la bahía de San Francisco en los próximos dos años.

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Esa nueva comunidad podrá servir de alternativa para experimentos urbanos, o sociales a todos aquellos que no están conformes con ninguna propuesta política en el mundo (cuyas alternativas para cambiarlas ya sea por elecciones, guerras o revoluciones no son consideradas) y apuestan a los emprendedores, la tecnología e innovación sin reglas con la formación de una nueva generación de gobiernos como modelo social y ciudadanía global: una suerte de comunismo de ala derecha cuyos críticos más acérrimos ya descartan evolucione luego del primer ataque de mercenarios de alta mar. La clave para ello es la instalación en aguas internacionales, fuera de las 200 millas de jurisdicción de cada país, generando ciudadanos globales y toda suerte de "ventajas" como al de no poder ser juzgados o regidos por ningún país. Ese detalle jurídico ya había aprovechado "Women in waves" una organización holandesa defensora del aborto creada en 1999 por la médica Rebecca Gomperts cuyos servicios se realizaban en un barco convertido en una clínica móvil preparado especialmente para realizar abortos. Navegaban hasta aguas internacionales y una vez dentro de esa jurisdicción se realizaban las intervenciones abortivas.

Según esa lógica, cuando Seasteading se convierta en una alternativa viable, el cambio de un gobierno a otro sería asunto de navegar hacia otro lugar inclusive sin siquiera salir de su casa

La mayoría de seasteads propuestos son buques crucero modificados, plataformas marinas readaptadas e islas flotantes hechas a medida, mientras algunos de los sistemas de gestión guardan parentesco con el de ciudad-estado. Hasta el momento no se ha creado un estado en alta mar que haya sido reconocido como una nación soberana, aunque el Principado de Sealand es una micro nación en disputa constituida en una plataforma marina abandonada cerca de Suffolk, Inglaterra. Lo más parecido a un seastead que se ha construido hasta ahora son grandes naves de alta mar que a veces se llaman "ciudades flotantes" y pequeñas islas flotantes.

Según los promotores de este proyecto, los paisajes flotantes experimentales podrían probar nuevas ideas sobre cómo alimentar a los hambrientos, curar a los enfermos, limpiar la atmósfera y enriquecer a los pobres, según aventuran los propios diseñadores.

Pero hay varias iniciativas diseminadas en el mundo, y Holanda está a la delantera por razones obvias: ya sea por cambios climáticos que alteran lo construido, por motivos políticos de colonización o emprendedores la innovación y búsqueda de opciones marítimas es una realidad.

Otro ejemplo de ello es el Pabellón flotante de Rotterdam, por parte de la iniciativa climática de Rotterdam: consisten en domos de uso mixto del tamaño total de 4 canchas de tenis que se conectan con la bahía de la ciudad diseñados por Deltasync y PublicDomain Architects o los proyectos del Estudio de Vincnt Caillebaut, ya reseñado en esta nota con respecto a edificios verdes sustentables para el proyecto Paris 2050.


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