Sensatez en los alcances de paros

El dolor y los reclamos que generan el asesinato sin sentido de un trabajador son plenamente compartibles por todos

El dolor, las reacciones de protesta y los reclamos que generan el asesinato sin sentido de un trabajador son plenamente compartibles por todos. Pero el repudiable hecho no justifica distorsionar agudamente la vida de la población al dejarla sin transporte público virtualmente en todo el país. Las decisiones de los distintos sindicatos del transporte excedieron lo razonable. En el caso de las empresas de ómnibus, el paro coincidió además con el comienzo de Semana Santa, cuando buena parte de la población se moviliza desde Montevideo a ciudades y centros turísticos del interior y residentes de otros departamentos viajan a la capital. La medida dejó varados a muchos miles de personas con pasajes y reservas hoteleras, obligándolos a reprogramar sus viajes o desistir de hacerlos.

Por su parte, los taxímetros de Montevideo no solo detuvieron el servicio durante dos días. Además, suspendieron por tiempo indeterminado sus servicios nocturnos, desde medianoche a las seis de la mañana, en toda la ciudad mientras no mejoren las condiciones de seguridad en que trabajan los taxistas. Es comprensible que se rehúsen a prestar servicios entre esas horas en las zonas más conflictivas, donde ocurre la mayoría de los hechos de violencia, mientras no cuenten con mayor protección. Pero no parece necesario generalizar la medida a barrios donde es notoriamente menor el peligro, aunque esté siempre presente ante el accionar de la delincuencia, como le sucede a cualquier persona en cualquier lugar.

Obviamente lo extremo de las medidas adoptadas por los sindicatos ante la muerte del taxista Fernando González en Punta de Rieles, a manos de un adolescente, responde a la intención de presionar a las autoridades a fin de fortalecer las medidas de seguridad para los conductores. Pero es también responsabilidad del sindicato de taxistas deponer su renuencia a aceptar el pago de viajes con tarjetas en vez de efectivo. La eficacia de esta medida radica en que, al eliminar el pago en dinero, desaparece la razón habitual de la rapiña en los ataques a taxistas. El sistema se ha traducido en la disminución en los ataques a ómnibus.

Otras medidas que se negocian incluyen monitoreo de los vehículos por satélite y colocarles cámaras y botones de alerta, así como las propuestas sindicales de blindar vidrios, puertas y mamparas de los vehículos y proveer a los taxistas de seguros estatales de vida para amparar a sus familias.

La mejor medida de seguridad, no solo para ese gremio sino para toda la población, es obviamente mayor eficacia oficial en la lucha contra la delincuencia. Pero mientras no se avance más hacia esa difícil meta, es necesario equilibrar la reacción natural ante una muerte o una agresión con la realidad de que el transporte de pasajeros es un servicio público esencial, de cuya continuidad depende que la gran mayoría de la gente concurra a sus lugares de trabajo o se movilice por otras actividades. Esto impone medir el alcance de las medidas sindicales para que la congoja y la indignación no perjudiquen agudamente el interés general, como ocurrió en esta oportunidad y ha sucedido en muchos otros casos previos con los paros intempestivos del transporte en medio de una jornada laboral.


Acerca del autor

El Observador

El Observador

Comentarios