Ser escuchado o no ser

Jihad Diyab piensa llevar su huelga de hambre hastas las últimas consecuencias
La decisión del expresidente José Mujica de darle refugio Jihad Diyab y a otros cinco exreclusos de Guantánamo por cuestiones humanitarias se convirtió en un laberinto cuya salida parece cada día más complicada para el gobierno de Tabaré Vázquez.

Ningún actor social uruguayo –gubernamental o no gubernamental– sabe qué hacer hoy para ayudar al sirio, que hace un mes inició una huelga de hambre y que hace más de una semana dejó de consumir líquidos como vía de protesta para reclamar que el gobierno le asegure que podrá salir del país para reencontrarse con su familia en el exterior.

Diyab no quiere estar en Uruguay y por esta razón pidió que su numerosa familia no llegara al país. Su voluntad, desde hace algunos días, es emigrar hacia algún país árabe en donde pueda reunirse con los suyos. El problema es que aún no aparece un país que lo reciba.

El exrecluso de Guantánamo, Jihad Diyab, 29 días de huelga de hambre y en los últimos diez días no ha consumido líquidos como medida de protesta.

El grupo de apoyo que en los últimos días se volvió la voz de Diyab –compuesto mayoritariamente por militantes de izquierda– reclama que el gobierno uruguayo y el estadounidense se hagan cargo de su situación. Afirman que no todos los refugiados se pueden adaptar de la misma forma y que el caso de Diyab fue especialmente problemático debido a su deterioro físico, producto del sometimiento en Guantánamo, el cual no le permite trabajar.

Ana Claudia de León, que forma parte de ese grupo de apoyo, dijo a El Observador que el exrecluso está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de ser escuchado. No es la primera vez que el sirio hace una huelga de este tipo. En Guantánamo ya había realizado la medida de lucha pero fue obligado a interrumpirla.

"Yo sé que algunos medios no creen, o ven raro que pase diez días sin agua, pero es porque no lo practicaron. De todas formas yo sé bien lo que estoy haciendo y voy a seguir este camino hasta el final, porque deseo reunirme con mi familia en el lugar que quiero. Nadie me puede parar y no me importa lo que digan", dijo Diyab en una entrevista con La Diaria publicada ayer.

En el gobierno aseguran estar haciendo los máximos esfuerzos para encontrarle otro país al refugiado, pero también entienden que no hay mucho más que puedan hacer si no hay nadie que quiera recibirlo. Por su parte, el grupo de apoyo de Diyab desconfía de que el gobierno esté haciendo todo a su alcance para que el sirio consiga una visa y viaje a donde quiere estar. En el PIT-CNT, que recibió a los seis exreclusos de Guantánamo que llegaron en 2014, tampoco saben qué hacer.

"Cada uno tiene la actitud de ver cómo podrías ayudar, pero no sabemos cómo, porque aparentemente lo único que quiere es irse a otro lado y eso lo está tratando de resolver el gobierno y nosotros no tenemos ningún resorte en eso", dijo el dirigente Fernando Gambera a El Observador. "Yo no sé qué debería hacer el gobierno, pero está haciendo lo que él pide que es ir a otro lugar donde lo reciban. El problema es que la voluntad es de los demás", agregó.

Estado crítico


Diyab "está consciente pero en una situación muy pero muy débil", dijo ayer su médico Fidel Lagos, al programa Esta Boca es Mía de Canal 12. "La situación de él es muy delicada. Su nivel de vulnerabilidad es muy grande", indicó el profesional.

Consultado luego por El Observador, Lagos dijo que Diyab "tiene un deterioro físico muy grande".
"Actualmente si se agarra una gripe lo más probable es que se genere una situación muy grave", señaló el médico. "El paso de las horas y los días puede generar alteraciones que pueden llegar a ser irreversibles, como por ejemplo un fallo renal", agregó el profesional, e indicó que Diyab "tiene dolores muy intensos" producto de la falta de alimentos y líquidos.

"Me duele todo el cuerpo, particularmente los riñones. Siento tanto frío, y me siento muy débil. Mi cuerpo no está bien", dijo Diyab. Y aseguró que seguirá así "hasta el final".

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