"Sería bueno una rotación del FA", pero los partidos tradicionales "no ilusionan"

Según Talvi, uruguayos están "desesperanzados" por la "parálisis y dejadez" del Estado para dar soluciones
La "parálisis" y "dejadez" del Estado para enfrentar problemas claves en la vida cotidiana llevaron al "descreimiento" de los uruguayos respecto a los partidos políticos como portadores de soluciones, según el economista Ernesto Talvi.

El director académico de Ceres sostiene que "sería bueno" que el gobierno uruguayo rote de partido y pase a manos de "una coalición" blanca y colorada en 2019, pero que la oposición no ha sido capaz de "ilusionar" a la gente con una "propuesta creíble".

El académico y su equipo recorrieron el país este año con una serie de "propuestas concretas" de gobierno que se inspiran en prácticas de éxito implementadas por la sociedad civil y otros Estados. Si bien Talvi niega tener intención de volcarse a una carrera política en el corto y mediano plazo, no cierra la puerta de forma definitiva. "La vida dirá", sostiene.

¿Lo peor para la economía uruguaya ya pasó?
A lo que tenemos hoy le llamo "un veranillo", solamente por ser prudente. Eso se origina en que hay una percepción de que va a demorar más de lo previsto la suba de la tasa de interés en Estados Unidos y los precios de los commodities han tenido un leve repunte. Pero sobre todo, que vamos a tener una temporada turística absoluta y totalmente excepcional, como no habíamos tenido en 12 o 13 años. Estamos mucho más baratos que Argentina en dólares y los brasileños que faltaron el año pasado van a volver en buena medida. Eso va a marcar una tónica más positiva para 2017. Eso no le resuelve el problema de precios al productor, el empleo en la construcción –habría que compensarlo con obra pública–, pero nos va a permitir arrancar el año con más oxígeno. Si bien no va a ser un año espectacular, va a ser mejor que este, que fue el más difícil desde 2002.

¿Qué tanto alivia este nuevo contexto los problemas fiscales? ¿Despeja los temores de que el ajuste en curso no sea suficiente?
Por ahora creo que es suficiente, aunque sigo pensando que es malo. No se debió descargar sobre la ciudadanía –empresas y familias que están pasando estrecheces– dos ajustes fiscales, uno vía impuestos, el otro por tarifas públicas que subieron notoriamente por encima de los costos. Debió haberse actuado de manera más decidida en la mejora de la gestión de las empresas del Estado y en tratar de revertir algunos excesos, particularmente en la contratación de funcionarios públicos. Con dos medidas propuestas por Ceres en esos dos aspectos, se podría haber evitado el ajuste y además nos hubiera dejado mejor posicionados en la protección del buen crédito.

A su criterio, ¿Uruguay sigue a merced de vientos de cola y vientos de frente?
Para crecer a tasas dinámicas, sí. Uruguay tiene un problema para llegar al desarrollo por su propia fuerza con sus niveles actuales de inserción internacional, con sus problemas serios de capital humano, la falta de preparación que hoy tienen nuestros jóvenes y trabajadores para enfrentar los desafíos de la economía del siglo XXI y del conocimiento, con el costo país que Uruguay tiene por la falta de correspondencia entre los impuestos que se pretenden cobrar y la calidad de los servicios que se proveen. No le queda otra que esperar que venga otro golpe de suerte.

¿Llegamos tarde a insertarnos en el mundo?
Llegamos y por suerte aquí estamos. El gobierno no solo ha cambiado el discurso, que se ha vuelto agresivamente integracionista, sino además está actuando en consecuencia. El viaje y la propuesta del TLC con China, la firma del tratado con Chile, el viaje del presidente y su comitiva a Brasil y a Europa son parte de una estrategia deliberada y visible de asumir el liderazgo regional para que el Mercosur deje de ser, como dijo el presidente Vázquez, "una jaula de oro", y se transforme en una plataforma de inserción a la economía mundial. Se nos alinearon las estrellas, porque en Brasil el sector privado hace tiempo que cambió su discurso proteccionista y los servicios de cancillería vienen trabajando, aun desde el gobierno de Dilma, en un proceso mucho más agresivo y dinámico de inserción internacional. En el caso de Macri, tenemos una postura muchísimo más integracionista. Y Uruguay, inteligentemente, viendo cómo se alineaban las estrellas, ha tomado el liderazgo en esto y eso lo veo con muy buenos ojos.

Pero Trump y su empuje proteccionista es un problema. ¿Existe el riesgo de que se extienda por el mundo desarrollado?
Por ahora, los tics proteccionistas han sido bastante limitados. Pero el discurso antiinmigración y proteccionista adquiere legitimidad. La competencia de la mano de obra barata de China puso mucha presión sobre los salarios de los trabajadores no calificados, que han mejorado muy tenuemente en el mundo desarrollado. Además la tecnología premia al conocimiento y eso ha hecho que el trabajador no calificado quede bastante rezagado. La gente tiene miedo de perder su trabajo, de que sus hijos no progresen al ritmo que lograron progresar ellos respecto a sus padres. Tienen miedo de perder sus valores y su identidad cultural a raíz de la inmigración. Lamentablemente, cuando la gente tiene miedo se abre lugar al pensamiento mágico. Vienen los popes de las soluciones facilistas.

¿Los uruguayos tienen miedo?
El sentimiento predominante no es el miedo sino la desesperanza. Es un sentimiento distinto, porque la desesperanza no te hace irracional, no te hace creer en soluciones mágicas. Al contrario; te hace creer que no hay soluciones. Lo más lindo que nos pasó con Encuentros Ciudadanos lo resumo en lo que me comentó una señora de cincuenta y pocos años en Maldonado: "Doctor, vine a escucharlo muy angustiada sobre la realidad que estamos viviendo y me voy muy esperanzada. Nunca pensé que la angustia y la esperanza estuvieran tan cerca". Eso es parte del rol que estamos tratando de cumplir y nos sentimos satisfechos. Creemos que Uruguay se tiene que permitir soñar, esperanzarse, recuperar el optimismo. No sobre la base de utopías y pensamiento mágico, sino sobre propuestas concretas, factibles, financiables, que han sido éxito donde se aplicaron y que si bien nada de esto es soplar y hacer botellas, por lo menos le permite a la gente visualizar que hay un país posible y un país mejor que este que tenemos.

¿Hubo una ruptura, una desconexión de los partidos políticos con la gente que llevó a ese escenario que plantea?
Es más un problema de parálisis, de inacción del gobierno después que este se alcanza, que un problema de desconexión de los partidos políticos. Hemos dejado por demasiados años problemas sin resolver. Eso no quiere decir que no hayamos resuelto muchos otros. Tenemos un montón de logros extraordinarios como la universalización de la educación preescolar, que Uruguay en un quinquenio haya distribuido casi un millón de ceibalitas. Somos capaces de grandes logros, pero también de postergar el atacar problemas serios. Uno de ellos es el deterioro del tejido social y toda la fragmentación, la marginalidad y la secuela de delitos, violencia y drogas que trae detrás, que no hemos hecho prácticamente nada para cambiar esa realidad, cuando existe la tecnología para hacerlo.

¿Está agotada la capacidad del Frente Amplio para hacer frente a esos problemas como gobierno? ¿Es necesaria una rotación de partidos para hacer frente a esos problemas?
Da la impresión que sí. Para ciertas cosas, sería bueno tener una sana rotación entre el Frente Amplio y una coalición construida alrededor de los partidos tradicionales en el poder. Sería bueno para la vida de la República y la salud de la democracia que quienes detentan el poder sientan como algo normal que pueden perderlo. No me olvido nunca de mis amigos socialistas chilenos, que cuando ganó Piñera me decían en privado, "por suerte perdimos, ya estábamos adquiriendo demasiados vicios por tantos años en el poder, esto nos va a venir bien para renovarnos, para refrescarnos, respirar, tomar fuerzas y agarrar impulso para la próxima". Así es como las democracias maduras funcionan; no hay que asustarse.

"Sería bueno para la vida de la República y la salud de la democracia que quienes detentan el poder sientan como algo normal que pueden perderlo" - Ernesto Talvi

"El Frente Amplio está pronto para perder pero la oposición no está preparada para gobernar", decía hace unos meses el senador Jorge Larrañaga. ¿Usted qué piensa?
La gente está preparada para probar otra cosa, pero no sé si la oposición está preparada para ilusionar con otra cosa. Para gobernar está tan bien preparada como el Frente Amplio, porque nuestros partidos están bastante bien preparados para eso aunque hayan mostrado cierta dejadez, inacción y parálisis en cosas que hubiera sido importante atacar. Acá de lo que se trata es que se construya un proyecto creíble y que ilusione a la gente.

¿Qué le falta a los proyectos de la oposición para ilusionar?
(Hace una pausa prolongada) Quizá, que la gente visualice que regresar a un gobierno de los partidos tradicionales no es volver a un pasado lejano, sino que los partidos tradicionales han logrado reinventarse, renovarse y proyectarse hacia un futuro que la gente pueda percibir como distinto. Renovación de personas hubo. Hay un descreimiento respecto a que ciertas cosas se vayan a encarar, que hay ciertas cosas que son como vacas sagradas, que no se van a tocar, que no importa quién venga o qué pase, la educación y la seguridad van a seguir iguales. No se percibe una perspectiva real de cambio sino matices en la forma de gobernar y las propuestas. Y muchos razonan con la lógica de si el Frente Amplio no pudo, con el vínculo estrecho que tiene con muchas corporaciones, cuánto menos van a poder quienes tienen que confrontar con ellas.

¿Le molesta que se le pregunten sistemáticamente sobre sus eventuales aspiraciones políticas cuando desde hace años niega tenerlas una y otra vez?
No me molesta para nada. Cuando uno está expuesto públicamente, la gente tiene todo el derecho a preguntar y nosotros estamos en la obligación de responder. Así de simple. Con esto de Encuentros Ciudadanos, y dado que el doctor Jorge Batlle planteó públicamente nuestro nombre, hemos tenido más comentarios de los usuales. Y a mí me honra que alguien como él pensara que puedo estar a la altura de semejante desafío. Tanto el presente como el pasado son conjeturales, pueden cambiar. Lo único que tiene la fuerza contundente de lo inmediato es el presente.

"Uruguay se tiene que permitir soñar, esperanzarse, recuperar el optimismo. No sobre la base de utopías y pensamiento mágico, sino sobre propuestas concretas, factibles, financiables"

¿No lo considera como una suerte de desconfianza hacia el mensaje que transmite o cómo lo transmite?
Yo sé cómo lo interpreta la gente que nos va a escuchar. Vamos sin partido político, sin estructura política, de la mano de la sociedad civil. No estamos pidiéndole un voto a la gente, no le estamos pidiendo nada. La gente sabe perfectamente lo que estamos haciendo, tenemos una trayectoria que lo avala. Mientras sea director de Ceres, esto tiene que estar por fuera de la política y de las estructuras partidarias.

¿Y después? ¿Una carrera política es algo que descarta de plano o la vida dirá?
Después la vida dirá. Lo que no quiero es conjeturar sobre algo muy difícil de conjeturar, como es el futuro. Yo sé lo que estoy haciendo en el presente, sé lo que estamos haciendo con Ceres, que es llevar nuestra visión, nuestros sueños, nuestra propuesta a toda la gente. La escuchamos, estamos aprendiendo una enormidad y democratizando nuestra prédica, nuestro mensaje, para que no se limite solo a las elites. No me imaginaría haciendo ninguna otra cosa.

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