"Si estas mesas hablaran..."

La tradición y el encanto de una casa centenaria: un desayuno en Bar Las Misiones

María José Borges / www.lacitadina.com.uy

Estuve en el café de Veinticinco y Misiones. Tengo que hablar con ella, pensé, por lo tanto tiene que aparecer. Hasta que de pronto, el milagro se hizo", dice Martín Santomé en la novela La tregua de Mario Benedetti, una de las obras más queridas por sus admiradores y menos criticadas por sus detractores. Mientras desayuno en la misma mesa que ese personaje, pienso que Benedetti fue otro de los montevideanos seducidos por los encantos del Bar Las Misiones, al que es difícil serle indiferente. Es ese que llama la atención en el paisaje de la Ciudad Vieja por su exterior de mayólicas verdes y su puerta en ochava.

Se inauguró en 1907 como farmacia, con la belleza que se permitían esos comercios a pesar de vender remedios. Los materiales de la fachada fueron comprados a una empresa europea que en 1900 decoraba esquinas. En 1917 se convirtió en restaurante. Hoy, el Bar Las Misiones es patrimonio histórico y punto señalado en la Guía Benedetti, que invita a recorrer Montevideo siguiendo los pasos del escritor uruguayo.

El mejor testigo que encontraron para conocer el pasado del edificio es un hombre que vende billetes de lotería en la Ciudad Vieja desde niño. Porque no hay casi registros de esa casa en los archivos de Montevideo, a pesar de aparecer de fondo en las selfis que se toman los turistas (y los locales con mirada extranjera) cuando pasan por ahí. Por algo ha sido utilizado como locación para tantas publicidades para el exterior, una de ellas para promover el tango en Suecia.

Un día cualquiera se puede ver en su interior a un público particular, tamizado por los juzgados de la zona. Un ambiente discreto, de negociadores que disimulan su poder. Carpetas gruesas y sacos de traje colgados en los respaldos de las sillas. Algunas mesas están reservadas para clientes que conquistaron el espacio y otras se pueden ocupar en el momento, desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde.

A Juan José Zas, dueño actual de este bar clásico desde 2005, se lo puede ver todos los días y a toda hora detrás de la barra, manejando una caja registradora que tiene 100 años pero funciona a la perfección.

Bar Las Misiones

¿Cuál es el objeto más antiguo que hay en el bar?
Creo que el reloj de pie, un Gustav Becker de 90 años. Lo mismo que el perchero vienés. Ah, ¡la caja registradora! Estuvo siempre en mi familia y funciona perfecto. Soy adicto a las cosas antiguas, pero me gusta que funcionen.

¿Le vincula algún lazo familiar a este bar?
La tradición. Toda la vida tuve comercios, bares o restaurantes, y mis padres también. Mi espíritu fue llevar este bar a lo que era en la época en que se creó. Con el piso damero, las arañas...

El vitral espectacular...
Ese vitral se lo compré a un señor que tenía un hotel y que no lo quería porque decía que le quitaba luz. Es del mismo italiano que hizo los vitrales del Palacio Legislativo. Y tiene un doble valor: estar pintado a mano y no tener ninguna referencia religiosa, que es algo raro, porque en su época la única que podía pagar estos trabajos era la Iglesia.

¿Qué es lo más placentero de tener un café?
El espíritu de este oficio, porque sinceramente hago lo que me gusta. El trato con el público es muy agradable y a este lugar le pusimos mucho de nosotros.

Y el público que viene es bien definido...
Sí, el 90% de los clientes son profesionales, tanto abogados como escribanos, despachantes de aduana... Estamos muy nutridos por los juzgados y la defensoría penal que tenemos al lado. Aquella mesa por ejemplo (señala una redonda que está cerca de la barra), esa mesa no se toca: es para 10 personas que vienen todos los días, abogados penalistas, algunos de ellos bastante conocidos. Vengan o no, esa mesa siempre está libre para ellos.

¿Cómo define la cocina que proponen?
Es una cocina mediterránea: cada día hay cinco sugerencias principales con preparaciones diferentes de pasta, pollo, carne, cerdo y pescado. Fuera de esas sugerencias hay de todo, desde milanesa y chivito hasta ensaladas. Y todos los productos son especialmente elegidos. El jamón crudo es el de Parma, de Italia. Y el jamón de los sándwiches es el artesanal con el que cocinamos. La harina es buena, el pescado es fresco y creo que esos detalles hacen que la gente vuelva.

Bar Las Misiones

¿Cuál es su plato preferido de los que hay en la carta?
A mí me gusta todo. Pero si tengo que elegir probablemente me quedo con el cerdo... Tal vez una bondiola con soja y miel.

Los bares implican vínculos entre los clientes. Habrá presenciado muchas historias...
He visto de todo. Hubo un tiempo en que una pareja venía todos los jueves a merendar. Ya los conocíamos. Pero uno de esos jueves estacionó un hombre afuera que resultó ser el esposo de la señora. Ella estaba con su amante. Fue caótico, porque el señor entró a increparla. Ella no quería hacer una escena, pero tampoco quería que se enfrentaran los dos hombres. Así que salió a atajar a su esposo afuera, que desafiaba al que estaba adentro a que saliera. Si estas mesas hablaran... Podrían perjudicar a mucha gente (risas). Porque teniendo el juzgado al lado, entre fiscales y abogados, pasa de todo. Recuerdo otro día que estaban en una mesa almorzando dos socios, cuando entró por la puerta otro hombre que se dio cuenta de que conocía a uno de ellos. Sucede que le debía dinero, pero ya que había entrado no podía volver para atrás. Entonces siguió y se fue para el baño, que es abajo. Y el señor que estaba almorzando lo reconoció y lo siguió, y también se armó un lío... Les terminé ofreciendo salir por la puerta del costado.

¿Cuál es el mejor elogio que le ha hecho un cliente?
El mejor elogio es que vengan todos los días. Lo más gratificante es saber que valoraron el servicio y volvieron. No espero más nada.

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