"Si queremos una ganadería de primera la genética debe ser una referencia prioritaria"

Asesor en ganadería afirmó que "toros se necesitan, pero más que nada se necesitan toros buenos"
¿Cómo ve al sector ganadero?
En un momento bisagra, no de crisis, pero tampoco un gran momento. No es una primavera como las de los últimos años. Hay señales que no son las mejores, como el precio del ganado gordo que no consigue afirmarse y los niveles de endeudamiento que menciona el Banco Central, aunque no los percibo tan así.

¿Qué expectativa tiene al inicio de una nueva zafra de toros?
Siempre se analiza si la zafra va a estar demandada. El año pasado los resultados de las preñeces no fueron buenos, eso hace pensar que habrá mucho vientre para recibir servicio. Eso es positivo, se van a necesitar más toros. Otro tema es el clima y no fue un buen año, los ganados no llegan bien, hubo una seca de verano, un otoño muy lluvioso y un invierno duro que se ha extendido. Eso hace que los ganados no estén suficientemente preparados. Pese a todo eso, el verdadero motor en cada zafra son las señales positivas en lo económico y en eso estamos fuertes.

¿Por qué considera eso?
Hay dos factores nuevos en el negocio que están auxiliando bastante a la cría. Uno, los negocios de terneros enteros para Medio Oriente, generando un precio muy interesante. Veo con gran alegría que algunas firmas están ofreciendo una especie de mercado de futuro de terneros, asegurando precios, eso es un guiño positivo hacia la cría. Otro tema que impactará positivamente es la Cuota 481. Vemos que al invernador clásico, que compraba novillos para terminarlos, se le complica, sobre todo con las terneradas nuevas, porque las de calidad, bien criadas, casi todas son absorbidas por integrantes de la cadena que termina para la Cuota 481 que es hoy el mejor negocio en la genética de carne. Eso ha determinado que muchos invernadores hayan tenido que plantearse, sobre todo cuando tienen buenas extensiones de campo, pasarse a criadores, armar ciclos completos, lo que les asegura la reposición. Debo mencionar que los ganados buenos, con cierto origen, que sabemos de dónde vienen, tienen un plus de precio y eso lo vemos en los remates por pantalla. Todo eso es positivo para lo clave en esto que es producir más y mejores terneros, sobre todo mejores.

Sostiene, pues, que es vital la apuesta a la calidad.
Claramente el objetivo del criador uruguayo es más terneros y voy a ser un poco duro: el concepto de genética como agregador de valor no está muy en el ADN del criador uruguayo, y sí en otros rubros. Se precisan 50 mil toros por año y en el circuito oficial, el de gente especializada en ser proveedores de genética, se venden unos 6.000, más unos 5.000 más que venden esas mismas cabañas particularmente. Hay un 80% que no sabemos de dónde salen. No es que ese 80% sean todos toros malos, pero no tenemos certeza de qué pasa, cómo van a producir. Si queremos una ganadería de primera la genética debe ser una referencia prioritaria, como sucede en la agricultura, lechería y forestación. Me consta, por cómo es la producción de carne, que es mucho más difícil comprobar cómo impacta la buena genética. En la lechería se ve en el ordeñe diario y en el maíz en cada zafra. Es un lugar común decir que lo más importante es que nazcan terneros, y si son hijos de una comadreja igual... y no debería ser así porque como país debemos tener una vocación de calidad que es lo único que nos va a defender, por la escala, por varios factores, por las características de nuestros campos. Podremos subir los niveles de producción en kilos de carne pero siempre estaremos topeados, entre otras por el clima templado y la capacidad menor de producir materia seca en relación a climas tropicales. Estoy convencido que debemos producir con calidad, la ganadería británica en eso tiene una imagen ideal que debemos defender, es importante la calidad y rodearla con bienestar animal, sustentabilidad ambiental y también social: acá hay una convivencia muy buena de la gente que está en este negocio que en algún momento deberá reconocerse como un valor. Con todo eso podemos dar batalla. Pero no podemos olvidar el valor de invertir en genética realmente positiva. Tenemos en el debe, hago una mea culpa, seguir ofreciendo buenos toros, pero a la vez trabajar en extensión dando señales a los criadores de que hay toros realmente mejoradores de sus producciones y resultados. Redondeando, toros se necesitan, pero más que nada se necesitan toros buenos, no es solo producir más terneros, la clave para que el negocio cambie positivamente es producir mejores terneros. Y la batalla que debemos dar también en lo político para que se valorice al sector ganadero la tenemos que dar produciendo más, mejor y que así se genere más dinero.

¿Qué le dejó la presencia de la raza Angus en la Expo Prado?
Tengo la satisfacción enorme de vivir este momento. Pienso en mi abuelo, gente que vivió orgulloso de la raza, convencida de su valor, cuando era pequeña. Da orgullo el lindo problema de cómo poner a todos los Angus en el Prado, con una raza efervescente, dirigida por gente muy abierta. Me hace muy feliz el estatus del Angus, el tipo de gente, la cantidad de gente nueva, de mujeres y jóvenes dirigiendo cabañas y paseando toros. Es muy positivo que todo eso pase en la raza de más participación en el negocio mundial de la carne. Me parece bárbaro que la expositora del Gran Campeón en tan poco tiempo exponiendo lo haya logrado más allá del orgullo de que ese toro es hijo de una vaca de La Coqueta. O ver a la cabaña Rojo y Negro, un criador muy nuevo, que llevó un ternero y consiguió el Reservado Campeón Ternero Menor. Y dan alegría los logros de Las Rosas, cabaña que como pocas tiene el coraje de apostar a la genética nacional, el Tercer Mejor Macho del Prado es hijo y nieto de toros de Las Rosas y la Reservada Campeona Ternera Mayor es hija de padre propio. Y hay otro orgullo: en el Prado debutó entrando Angus a la pista mi hijo mayor, la sexta generación de Berrutti que lo hace.

Veterinario, ex presidente y de Tacuarembó


Datos: Nació el 16/08/1960 en Rivera y reside en Tacuarembó.
Familia: Casado con Cecilia Soares De Lima; tienen dos hijos: Juan Ezequiel (14) y Juan Cruz (11).
Profesión: Médico veterinario.
Actividades: Presidió la Sociedad de Criadores de Aberdeen Angus y fue jurado en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
Fútbol: Es hincha de Tacuarembó.



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