Silencio, lágrimas y conmoción en San José

Vecinos marcharon para rendirle homenaje a la alguacil Susana Odriozola y reclamaron mayor seguridad en la ciudad
El silencio fue la regla en la plaza Treinta y Tres de la ciudad de San José el lunes por la tarde. Cientos de vecinos se concentraron sobre la hora 18.30 para rendirle homenaje a la alguacil del juzgado de Familia maragato, Susana Odriozola, quien tres días antes fue asesinada de un disparo en la cabeza. Según el fallo de la Justicia en base a las conclusiones a la que llegó la investigación policial, se trató de un arrebato que derivó en un homicidio.

Nadie sabía bien quién había convocado la marcha, pero los vecinos estaban ahí, parados en medio de la plaza esperando para partir hacia la Jefatura de Policía de San José. "A mí (la invitación) me llegó por Whatsapp. No sabía si venir o no porque tenía miedo pero al final vine porque la conocía (a Odriozola) y porque estas cosas no puede seguir pasando", dijo una de las manifestantes a El Observador.
Faltaban algunos minutos para que los manifestantes comenzaran a marchar y la mujer conversaba con otra vecina sobre lo sucedido. El comentario era el mismo que desde que Odriozola fue asesinada se escucha por las calles de San José: para los maragatos el móvil no fue un robo frustrado, sino una venganza por el cargo que desempeñaba. Pero la versión oficial le ganó a los rumores y la Justicia les imputó, a los dos hombres que participaron del hecho, un delito de homicidio muy especialmente agravado, a uno como autor y a otro como coautor.

Minutos antes de que cientos de personas se concentraran en la plaza, ambos salieron del juzgado, ubicado a dos cuadras de allí. "Soy inocente", repetía uno de ellos ante los periodistas que hacían guardia en la puerta de la sede penal, cuando era trasladado por la Policía. Los dos era conocidos en la zona por sus prontuarios, que incluían desde hurtos, hasta receptaciones y antecedentes por lesiones personales. Odriozola también era conocida en la zona. Trabajaba desde hacía años en el Poder Judicial en San José y su familia es de ese lugar. No era difícil darse cuenta de que la alguacil asesinada vivía en San José. A la marcha le faltaron velas, carteles o pancartas, pero fueron suplantados por lágrimas, abrazos y caras de conmoción.

Eran muchas las personas que no paraban de llorar a Odriozola en las cuadras que caminaron en silencio hacia la Jefatura. Algunas habían sido compañeras de trabajo.

La tristeza se palpaba en el silencio que cada uno de los manifestantes hizo durante cuatro cuadras. Por momentos solo se escuchaban los pasos, con algún taconeo que parecía quedar desubicado o el grito de una niña, a la que sus padres mandaron callar. Y quienes querían hablar, prefirieron susurrar.

Reclamo

Si bien el crimen de Odriozola fue el desencadenante de la marcha, la manifestación tenía como reclamo más seguridad para la ciudad.

"Hoy no soy nadie. Hoy soy la voz del pueblo", comenzó leyendo Valeria Hernández, una vecina de la zona que escribió una proclama junto a otros.

"Vivimos en casas con rejas, pagando alarma y poniendo cámaras los que pueden. Vivimos con miedo, vivimos aterrados", continuó y agregó: "¿En qué momento empezamos a pensar de esta manera? No lo sé pero nos pasó. Somos 55 mil habitantes y hace 10 años también éramos 55 mil, ¿qué nos pasó? Exigimos más patrullaje y más policías en la ciudad. El sistema está fallando no podemos seguir viviendo con miedo, no es justo. Queremos un código penal con penas reales, que el delincuente piense dos veces antes de delinquir". El fin de la lectura de esa proclama marcó el final de la marcha.

El silencio se cortó por los aplausos de los asistentes y el grito de algún vecino en reclamo de más penas para quienes delinquen. Algunos volvieron a la plaza, otros siguieron aplaudiendo de camino a sus casas.

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