Siria o cómo es vivir en el infierno

Seis años han transcurrido desde el inicio de la crisis siria que devino en guerra civil.
Seis años han transcurrido desde el inicio de la crisis siria que devino en guerra civil. Inútil seguir buscando culpables en esta historia de muerte, destrucción e infamia. La verdad ha sido manipulada tanto por los protagonistas de la contienda como por aquellos que dicen querer terminarla.

La batalla de Alepo en diciembre pasado escenificó ante las cámaras y medios del mundo el fin de la guerra, aunque en los hechos fue una victoria pírrica del régimen del clan Asad.

A esa batalla se suceden otras, aún en la actualidad, que sistemáticamente rompen el alto el fuego pactado por Rusia y sus dos asistentes en la región, Irán y Turquía.

Ni las rondas de negociación en Ginebra, dirigidas por Estados Unidos y supervisadas por la ONU, han desembocado en una solución definitiva a esta crisis, ni tampoco lo harán las reuniones que dirige Rusia en Kazajistán, en un intento más por controlar el curso del conflicto.

Y la letanía sigue. Las cifras escandalosas de refugiados y desplazados, 13 millones, debieran dar una idea de la magnitud del problema. Sin embargo, son aun más elocuentes las estadísticas que agencias varias informan; 85% de los sirios vive hoy en la pobreza, 3 millones de menores de 5 años no han conocido otra cosa que el conflicto: ataques, violencia, miedo, mucho miedo. Y 1.750.000 niños sin escolarizar.

Si ya resulta difícil encontrar una solución negociada al conflicto, cuánto más difícil será reconstruir un país en el que se ha derrumbado casi todo, desde edificios hasta la moral de un pueblo que hoy deambula errante entre una frontera y otra.

Ni intereses geopolíticos ni temores infundados sobre los riesgos que comporta la migración debieran ser el vector que guíe a las potencias y súper agencias del mundo en este ajedrez. El pueblo sirio necesita un respiro, una oportunidad para resurgir y restañar heridas. No el gobierno ni, quizás, la oposición que nunca llegó a serlo.

Los civiles de Siria, hombres, mujeres y niños de carne y hueso que no merecen seguir en ese infierno.

Muerte de 33 civiles

Un bombardeo de la coalición antiyihadista en Siria dejó ayer al menos 33 civiles muertos en un centro de acogida de desplazados, al mismo tiempo que Estados Unidos desplegó refuerzos alrededor del bastión yihadista en Raqa.

Estos medios terrestres y aéreos apoyan la ofensiva árabe-kurda para retomar la represa estratégica de Tabqa, cerca de Raqa.

EEUU dice que matará a líder del EI

El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, dijo ayer miércoles que inevitablemente matarán al líder del grupo Estado Islámico (EI), Abu Bakr al-Baghdadi, en momentos en que las fuerzas de la coalición internacional continúan ejerciendo presión militar sobre los yihadistas en Siria e Irak.

“Casi todos los colaboradores de Abu Bakr al-Baghdadi están muertos, incluido el cerebro de los ataques de París, Bruselas y otros lugares”, dijo Tillerson al inicio de una reunión de los miembros de la coalición en Washington.

“Es solo cuestión de tiempo que Baghdadi corra la misma suerte”, agregó.

A principios de este mes un alto funcionario de defensa estadounidense declaró a la prensa que Baghdadi, el líder del llamado califato del EI, huyó de la ciudad iraquí de Mosul, al norte de Irak.
Esa urbe fue sitiada y parcialmente recuperada por las fuerzas iraquíes apoyadas por Estados Unidos, en medio de intensos combates callejeros.

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Acerca del autor

Susana Mangana

Profesora e investigadora de estudios árabes e islámicos. Dirige la Cátedra del Islam y Mundo Árabe de la Universidad Católica del Uruguay