Sobre Corea del Norte: fanfarronadas en la búsqueda de una estrategia

La política exterior de Donald Trump está saliendo a la luz y no es para nada alentadora

Por Faared Zakaria*

A cada administración estadounidense le toma un tiempo establecer un enfoque básico del mundo. El equipo del presidente Trump tuvo un comienzo más complicado que el de la mayoría, con varios puestos importantes en cada agencia principal que aún siguen vacantes. Resulta todavía más preocupante que la política exterior básica de la administración está saliendo a la luz y no es para nada alentadora ya que se ha observado lo siguiente: una retórica beligerante, amenazas falsas, voces contradictorias y poca coordinación con los aliados. El enfoque está siendo sometido a prueba en el problema más difícil de la política exterior: Corea del Norte.

Hasta ahora, hay un patrón en el enfoque de Trump. Comienza con “bravado”: el uso repetido de una retórica que no es apoyada por muchos. El presidente insiste constantemente en que si China no ayuda a lidiar con Corea del Norte, Estados Unidos lo hará. ¿Realmente? ¿Cómo? Un ataque militar es casi imposible. Corea del Sur se opondría con vehemencia a tal medida, ya que se tendría que enfrentar al peso de la respuesta de Corea del Norte; Seúl se encuentra a tan solo 60 kilómetros de la frontera. Japón también se opondría a un ataque y, por supuesto, cualquier acción militar enfurecería a China. Además, una campaña de bombardeos sería inefectiva ya que los emplazamientos nucleares de Corea del Norte están esparcidos, enterrados profundamente y, en algunos casos, bajo agua.

Trump no ha estado solo en su “bravado”. El secretario de Estado, Rex Tillerson, anunció que la política histórica estadounidense de “paciencia estratégica” con Corea de Norte había finalizado, y que ahora Estados Unidos poseía una nueva política. El peligro de este tipo de retórica es que se está volviendo evidente que Washington en realidad no tiene una nueva política. Y si la tiene, los aliados principales de Washington, especialmente los surcoreanos, están aterrados por esta. Entre las fanfarronadas de la administración, su error con el USS Carl Vinson y la repetición de Trump de lo sostenido por Pekín de que Corea una vez fue parte de China, Corea del Sur está cada vez más inquieto.

El discurso duro está complementado con respuestas militares agresivas. Ya sea que esto implique utilizar bombas más grandes en el Medio Oriente o enviar barcos, eventualmente, hacia aguas de Asia Oriental, estas tácticas pueden ser útiles si hay una estrategia que las apoye. Hasta el momento, sin embargo, se parecen más a tácticas en búsqueda de una estrategia, la flexión del poder militar con la esperanza de que esto impresionará al adversario. Pero toda la conmoción y el asombro en Irak no ayudaron cuando hubo un plan fallado para asegurar la paz. La utilización de más bombas en Siria no responderá la pregunta acerca de cómo derrotar al Estado Islámico sin incitar al presidente Bachar Al Assad. La amenaza a Corea del Norte sin la habilidad de llevar a cabo la amenaza, solo hace que Washington parezca débil.

Estados Unidos ha tenido, en líneas generales, la misma estrategia hacia Corea del Norte durante décadas. Es una política de sanciones, amenazas, intimidación, presión y aislamiento. Y no ha funcionado. Incluso el corto esfuerzo de cooperación durante los años de Clinton fue tibio; Washington no logró cumplir algunas de sus promesas a Corea del Norte. En cualquier caso, el acercamiento fue rápidamente revertido por la administración de George W. Bush. Los resultados han sido claros. Corea del Norte ha continuado construyendo su programa nuclear y comprometiéndose con pruebas provocativas. Mientras que el asilamiento y las sanciones han aumentado en los años recientes, Pyongyang solo se ha tornado más agresivo.

En un trabajo reciente en Foreign Affairs, John Delury se pregunta si es tiempo de intentar otro enfoque. “Si Estados Unidos realmente espera lograr la paz en la Península de Corea deberá parar de buscar maneras para ahogar la economía de Corea del Norte y de socavar el régimen de Kim Jong-un y comenzar a encontrar caminos para hacer que Pyongyang sea más seguro. Debido a las ambiciones nucleares y derechos humanos de Corea del Norte, esto podría sonar contradictorio. Sin embargo se debe tener en cuenta lo siguiente: Corea del Norte empezará a enfocarse en su prosperidad en vez de su autopreservación solo una vez que ya no tenga que preocuparse sobre su propia destrucción. Adicionalmente, Corea del Norte considerará entregar su fuerza disuasiva nuclear solo una vez que se sienta seguro y próspero y esté económicamente integrado dentro del nordeste de Asia”.

Solemos considerar a Corea del Norte como un país extremadamente raro, gobernado por un dictador chiflado con mal cabello. Y hay evidencia para apoyar esta caracterización. No obstante, también es un régimen que desea sobrevivir. Recuerdo varios argumentos similares realizados en torno a Irán antes del tratado nuclear, que era un país fanático dirigido por mulás locos. Nos dijeron que nunca se podía negociar con ellos, que nunca aceptarían un tratado, que nunca desconectarían a sus centrifugadoras, y que violarían cualquier acuerdo en cuestión de semanas. Hasta ahora, todas estas predicciones han sido falsas. Tal vez valga la pena intentar una nueva política con Corea del Norte. Tal vez no funcione. Sin embargo, la antigua ciertamente no ha funcionado.

*Washington Post Writers Group