Sobre empresas de la economía social

Deberían ser un patrimonio a preserver, pero, sin embargo tienen problemas mal resueltos, señala Andrés Lalanne

Hace un tiempo escuché a un joven directivo del cooperativismo exponer sobre los distintos tipos de empresas. Dijo que eran tres: empresas del Estado (públicas), empresas privadas (con fines de lucro) y cooperativas (empresas sociales). Es cierto que hay legislaciones diferentes para cada uno de estos tres tipos, pero no podemos considerar iguales a todas las empresas y organizaciones que actúan en el derecho privado. La razón principal es que el lucro no es el objetivo de todas las organizaciones privadas.

De hecho las mutualistas de la salud y las instituciones de enseñanza, que son autorizadas y controladas por los poderes públicos, no pueden distribuir ganancias entre sus asociados. Sin embargo están presentes en el mercado, y en ese sentido son empresas.

Estas organizaciones son empresas de la economía social [1] y por ello deberían ser un patrimonio a preservar por parte de la sociedad, exigiendo que sean gestionadas eficientemente. Sin embargo tienen algunos problemas que creo están mal resueltos. Por ejemplo en materia del derecho laboral son consideradas de igual manera que las empresas con fines de lucro. Este es un desincentivo para que personas de buena voluntad se comprometan en las directivas de las organizaciones sociales, que es una tarea no remunerada pero con responsabilidad solidaria.

Por otro lado están las microempresas, en general familiares, que son en su enorme mayoría formas de subsistencia. Las micro y pequeñas empresas (mipymes) son en conjunto el mayor empleador en Uruguay, igual que en muchos países. Actualmente se clasifican las empresas por su tamaño, un indicador que representa muy mal este universo y dificulta hacer políticas públicas hacia las mipymes. Factores tales como el sector de actividad, nivel tecnológico e innovación, composición del capital y localización territorial son relevantes a la hora de analizar políticas específicas.

En momentos en que se pone en marcha la Agencia Nacional de Desarrollo, la promoción de este segmento de empresas debería ser una de sus preocupaciones, ya que las medianas y grandes empresas tienen un camino más claro en cuanto a instrumentos de fomento de la inversión.

Por su parte, algunos de los emprendimientos que inician jóvenes, en base a ideas sin financiamiento, podrían catalogarse dentro de la economía social. Lamentablemente, en nuestra cultura de negocios, se asimila "crear valor" con hacer dinero. Está claro que favorecer el emprendedurismo significa mucho más que apoyar la creación de empresas exitosas en términos de generación de ingresos. Deberíamos considerar el aporte cultural y el impacto social sostenible (incluyendo el éxito económico), que tienen estas iniciativas en su entorno. Es difícil medirlos pero existen indicadores y se pueden pensar otros, caso a caso, que permitan orientar las políticas públicas hacia el fomento de empresas “virtuosas” para todos. Esto también es hacer economía social.



(1) La economía social o economía social y solidaria es un sector de la economía que estaría a medio camino entre el sector privado y de negocios por un lado, y el sector público y gobierno por otro lado. Incluye a cooperativas, empresas de trabajo asociado (autogestionadas), organizaciones no lucrativas, y asociaciones caritativas. (Wikipedia)


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