Sobre los Buitres, la radio y un verano hace 20 años

Con la biografía oficial, Figares escribe la historia de la banda más importante del rock post dictadura. Y los recuerdos aparecen.

Lucas Terry no tiene corazón / Lucas Terry no tiene corazón / Lucas Terry no tiene corazón / No tiene corazón, no tiene.

Era como un grito de guerra. Aquella canción que hablaba de un tal Lucas Terry –corta, bien punk, casi adolescente- se repetía una y otra vez en un modernísimo discman Sony. Era verano, creo que de 1994, y Lucas Terry era el quinto tema del Maraviya, mi disco de cabecera.

Hace unos días volví al verano de 1994, cuando leí Buitres, biografía oficial, el libro que escribió Daniel Figares. Y, claro, recordé que los Buitres son parte de la banda de sonido de mi vida.  Ni hablar sus tres primeros discos.

Que para mí fueron dos. Porque Buitres después de la una y La Bruja los compré más adelante en una reedición en la que venían juntos. El tercero es Maraviya, donde aparecen algunos temas que luego pasaron a integrar el cancionero popular uruguayo, como “Ojos rojos”, “Setiembre” o “Condenado el corazón”.

Para muchos de la generación que bordea los 40 años, los Buitres fueron iniciáticos en muchos sentidos. Casi que conocimos el rock con ellos.

El primer pogo lo hice seguro con Buitres. (Pero no fueron muchos pogos más, rápidamente dejé de encontrarle gracia a ese ritual que consiste en golpearse unos contra otros en forma desenfrenada, al ritmo de la música).

Una noche, la canción que abre el primer disco de la banda, era un clásico en las noches de verano en Ferrotanque, un boliche que existía a la entrada de La Pedrera, en Rocha. Muchos, muchísimos años después, me enteraría que en realidad esa no era una canción de ellos, sino una adaptación de un tema de Dave Bartholomew y Earl King, que a su vez popularizó Elvis.

Un día los fui a ver a Zorba de Solymar. Entrar fue una proeza. La puerta de la discoteca era chica y la gente se hacía paso como podía, a veces a los golpazos. Pasaba mucho en aquella época: todavía había cierto clima violento afuera y adentro de los lugares.

Figares repasa toda la historia de los Buitres, disco a disco. Y también el final de los Estómagos.  Y queda claro que para ellos las cosas no fueron fáciles desde el principio.

Uno se entera, además, que Pepe Rambao tiene mucho más peso en la historia de los Buitres de los que muchos imaginábamos. Basta un ejemplo: la música de “Carretera perdida”, probablemente hoy el mayor clásico del grupo, es de él.

Figares eligió que Peluffo, Parodi y Rambao cuenten las historias, en primera persona.  Al principio uno puede pensar que eligió el camino fácil: desgrabar y editar lo que cuentan ellos tres. Cesar Bianchi le recrimina eso mismo en una entrevista que publicó la semana pasada en Montevideo Portal.

Pero a medida que uno avanza en el libro entiende que el camino elegido por Figares funciona muy bien. Esta es la historia de los Buitres, de sus discos, de sus canciones, contada por ellos. Son los 25 años de los Buitres contados por los Buitres y eso no es poca cosa.

Que Figares aparezca poco en el libro es casi una contradicción con una carrera donde  -tanto en la radio como en la tele- vaya si ha estado presente en las entrevistas.

Hace unos días lo invitamos a El Observador TV. Mariano López lo entrevistó y, entre otras cosas,  contó que no extraña hacer radio, aunque volvería si alguien lo llama y le hace una propuesta acorde a su trayectoria.

Y yo reflexiono: es casi una indecencia que en un país como Uruguay –con una radio bastante chata, salvo honradísimas y contadas excepciones- hace 11 años que un tipo como él, verdadero animal de radio, no tenga dónde hacer su programa.

Ya sé que eso no tiene nada que ver con los Buitres (¿o sí?) , pero alguien tiene que decirlo.


Comentarios

Acerca del autor