Sobrevuelo de más impuestos

El gobierno parece encaminarse a barrer bajo la alfombra sus continuados desequilibrios, utilizando la escoba tributaria
Aunque no se anunciaron cifras o medidas específicas para el nuevo presupuesto, la reunión sobre el tema del presidente Tabaré Vázquez con el titular del Frente Amplio, Javier Miranda, dejó sobrevolando la perspectiva ominosa de más impuestos. Se proclamó el cuidado de los equilibrios macroeconómicos pero nada se dijo acerca del camino idóneo para asegurarlos, que es restringiendo el gasto estatal e imponiendo una regla fiscal completa y efectiva. Al contrario, fue reafirmada la intención de aumentar el gasto en rubros predilectos, dando preferencia a la educación pública aunque no haya señales de que salga de su desordenada ineficiencia, y al Sistema Nacional de Cuidados, buque insignia de Vázquez que navega a media máquina.

Para enfrentar las necesidades de financiamiento, Vázquez dejó abierta la posibilidad de aumentar la carga tributaria, pese a que la población y la estructura productiva están al límite de su capacidad contributiva. Aclaró que por ahora no piensa en más impuestos pero advirtió que eso "no significa que no vayamos a estudiarlo. No está definido". Se limitó a prometer que si aumentan no gravarán a la clase media. Los antecedentes imponen tomar con pinzas este compromiso porque ya ha sido fracturado. Vázquez incumplió su promesa electoral de que no se incrementarían impuestos durante su gobierno. Se hizo humo, sin excusas ni explicaciones, con los sucesivos ajustes fiscales y la fijación de tarifas desmesuradas por servicios públicos, cuyo costo está siendo pagado por la clase media y las empresas.

Ahora tanto Vázquez como el documento del Frente Amplio que le presentó Miranda coincidieron en que la clase media no será castigada esta vez, si se aprueba una mayor carga tributaria. En ese caso cualquier incremento recaerá, necesaria y fundamentalmente, sobre las empresas, además del posible recurso a más impuestos al patrimonio y a las herencias, en que han venido insistiendo sectores poderosos del Frente Amplio. Es la peor solución imaginable. Por un lado amenaza el funcionamiento de empresas, con su corolario de impacto adverso sobre el empleo. Por otro, es la forma más segura de desalentar la inversión, en momentos en que el gobierno procura atraerla desde el exterior, donde están bajando los impuestos corporativos.

A diferencia de los gastos que anuncia el gobierno, injustificados en muchos casos, y las perspectivas no tan veladas de más impuestos, lo que se necesita en un país donde la economía se maneje con solvencia y realismo es una regla fiscal. Cuando el dirigente nacionalista Luis Lacalle Pou se la propuso a Vázquez, como parte de políticas anticíclicas, el presidente le respondió que ya existe con los topes fijados al endeudamiento público. Pero una regla fiscal es más que eso. Debe incluir también límites estrictos y obligatorios al gasto público, a la carga tributaria y al déficit de las cuentas del Estado. Todos estos requisitos han estado ausentes en los gobiernos frenteamplistas, marcadamente en la administración Mujica. Se han despilfarrado cuantiosos recursos fiscales, con el resultado de desembocar en la angustiosa situación actual de las finanzas públicas. Y en vez de tomar las medidas adecuadas para enderezarlas, el gobierno parece encaminarse no a los equilibrios macroeconómicos que anuncia, sino a barrer bajo la alfombra sus continuados desequilibrios, utilizando la escoba tributaria a expensas del bolsillo de la gente y de la estructura productiva.

Acerca del autor

El Observador

El Observador