Soldados uruguayos en el Congo y una misión frustrada

Militares del Ejército Nacional en el país africano se enfrentaron a las balas en misión de rescate
El pasado 12 de marzo, el coronel Luis Mangini, comandante del contingente nacional en la República Democrática del Congo y jefe del Batallón Uruguay IV, recibió una llamada que no esperaba. Escuchó la voz de una mujer, una madre desesperada por conocer el paradero de su hija Zahida Catalán (sueca-chilena), funcionaria de las Naciones Unidas. Zahida había desaparecido en un territorio hostil surcado por balas de grupos rebeldes. Las informaciones corrieron rápido por el campamento uruguayo y las especulaciones sobre dónde podía estar no presagiaban un final feliz.

Al otro día, 13 de marzo, Mangini recibió la orden directa del Comandante de la Fuerza de Paz de las Naciones Unidas de hacerse cargo de una operación de búsqueda, no solo a Zahida, sino también para el estadounidense Michael Sharp que también tenía ubicación desconocida. Con ellos dos –Sharp también era funcionario de la ONU– habían salido otros cuatro congoleños. Se fueron en motos, y en esas horas no hubo señales de ninguno.

Desde hace años, militares uruguayos están en esa república africana como cascos azules, la fuerza de paz de las Naciones Unidas que busca ayudar a un país fragmentado por grupos que pelean por el poder.

El batallón nacional tiene efectivos desplegados en la ciudad de Kananga, en la provincia de Kasai Central, el lugar donde desaparecieron esas seis personas. Para la misión de búsqueda se sumaron fuerzas especiales de Tanzania, informó el Ejército uruguayo en un comunicado.

Zahida Catalán y Michael Sharp estaban investigando denuncias de violaciones a los derechos humanos. Según relató el coronel Mangini en una carta a la que accedió El Observador, los efectivos uruguayos "les habían advertido (a Catalán y Sharp) de la peligrosidad de viajar por la región sin escolta militar".

"Los rumores corrían, y muy fuertes, que habían sido emboscados y asesinados el mismo día de la partida, en manos de la rebelde milicia de Kamuina Nsapu, presente en gran número en la ciudad y en todas las villas de la región", escribió el comandante.

Presagio

Por la experiencia acumulada en el terreno y a pesar de lo que indicaban las informaciones que circulaban, decidió que la búsqueda se llamaría Operación Rescate "solo con la idea de mantener con vida en mente a estas personas e ilusionarnos al mismo tiempo", reveló Mangini. Los militares sabían de las bajas probabilidades que tenían de hallarlos y sobre todo de encontrarlos con vida.

Es que en el mes de julio último, una ola de violencia a gran escala estalló en la provincia de Kasai Central y se expandió posteriormente a las vecinas Kasai y Kasai Oriental, y desde entonces las atrocidades no han hecho más que aumentar, reportó la agencia de noticias EFE. La consecuencia es que al menos 400 civiles murieron desde agosto y unos 434 mil huyeron de sus hogares para escapar de los enfrentamientos violentos.

El conflicto que se vive donde están los soldados uruguayos surgió en abril de 2016 entre el líder local Kamuina Nsapu y el gobierno del país africano, que no reconoce su autoridad. Después de la muerte de Nsapu a manos del Ejército, sus seguidores se radicalizaron y empezaron a atacar instituciones estatales.

Salieron

La búsqueda de las seis personas desaparecidas fue intensa, metro a metro y durante varios días. Los uruguayos sabían de tumbas clandestinas y revisaban el lugar. Avanzaban en vehículos y en algunos casos hubo apoyo aéreo. Como parte del equipo, además de sus armas, llevaban palas para cavar.

La preocupación aumentaba con las horas y para peor, en la búsqueda, tuvieron enfrentamientos armados con integrantes de una guerrilla con la que no se tiene diálogo.

El 1° de abril, el jefe del Batallón VI, el teniente coronel Helio Bonilla mencionó los peligros que corrían los soldados uruguayos. En declaraciones a la publicación de San José, Primera Hora, dijo que el "ambiente operacional era totalmente diferente, donde los efectivos se ven expuestos a situaciones complicadas que hasta pueden poner en riesgo su vida", afirmó Bonilla.

A pesar de las dificultades, la misión avanzaba. "Estábamos convencidos de que la ONU debía hacer respetar el acuerdo de paz existente. Por tanto, a sabiendas de eso, todo nuestro personal reforzó las medidas de seguridad", relató el coronel Mangini al describir la operación.

"Los días fueron pasando y muchos con desazón, pero de a poco, la amplia zona de búsqueda de un diámetro de más de 40 kilómetros, comenzaba a achicarse, hasta que el 27 de marzo ocurre el lamentable pero increíble hallazgo... una patrulla del batallón durante una operación de rastrillaje descubrió a quienes parecían ser Zahida y Michael enterrados. No se sabe de los culpables, presumiblemente son integrantes de la milicia", afirmó. La investigación la llevará adelante el gobierno y la policía del país. Un vocero del gobierno del Congo informó a la agencia AFP que Catalán "fue decapitada" y el cuerpo del hombre "estaba entero".

Por la joven de 36 años el embajador de Chile en Suecia, José Goñi, confirmó a medios chilenos que no hubo un pedido de rescate. La Unión Europea y organizaciones como Human Rights Watch reclamaron al gobierno del Congo que estos crímenes no queden impunes.

La misión quedó atrás y el batallón de uruguayos regresó a su puesto sabiendo que había hecho su mejor esfuerzo, destacó el comandante que los guió.

Encuentran 13 fosas comunes

Otras 13 fosas comunes fueron descubiertas en la provincia de Kasai Central, en el centro de la República Democrática del Congo (RDC), donde una ola de violencia a gran escala estalló hace unos meses, informó a EFE la misión de paz de las Naciones Unidas desplegada en el país (Monusco). Esas 13 fosas se suman a otras 13 halladas el pasado mes en la misma zona y que el Alto Comisinado de la ONU para los Derechos Humanos exigió que se investiguen.

En los últimos meses, reiterados informes y pronunciamientos públicos del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos han denunciado las masivas violaciones a los derechos humanos que cometen en la RDC tanto las fuerzas gubernamentales como algunos de los diversos grupos armados en el país.

Las Naciones Unidas tienen desplegada desde 1999 en la RDC una misión sobre el terreno para contribuir a la estabilización del país, inmerso en un frágil proceso de paz desde la segunda guerra del Congo (1998-2003).

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