Solo quedaron escombros

La costa de Aguas Dulces quedó destruida por el temporal, pero no fue el único lugar afectado
En la costa atlántica de Rocha, más precisamente en el balneario Aguas Dulces y en parte de Valizas, "explotó una bomba". Esa fue la expresión que el alcalde de Castillos, Estacio Sena, utilizó para describir la situación que se vive hoy en parte de la costa este del país y, ciertamente, es la que mejor lo hace. A lo largo de la playa, la poca arena que queda se encuentra prácticamente cubierta de escombros, vigas, objetos y residuos de las casas que se derrumbaron la semana pasada por la subida del mar, que socavó los cimientos y, literalmente, las destruyó.

Unas 24 casas se vinieron abajo en Aguas Dulces y alrededor de unas 27 deberán ser demolidas por seguridad, ya que se encuentran en un estado irrecuperable. En Valizas, son 15 las casas destruidas.
En la mayoría de los casos, se trataba de construcciones realizadas en espacios públicos.

El embate de la naturaleza no solo pegó fuerte en Rocha, sino que esta semana afectó severamente a Maldonado, sobre todo en Piriápolis y la ruta 10, especialmente al tramo que conecta La Barra con José Ignacio. Allí, el sector de la ruta que se encuentra más cercano a la playa está derrumbado y dificulta el pasaje de los vehículos, dado que solo se puede circular por un muy acotado espacio.
Ruta 10
Ruta 10
A pesar de las turbonadas registradas el pasado lunes en Piriápolis, la principal fuerza destructora en estos últimos días ha sido el mar. Su avance en la costa de Aguas Dulces y de Valizas fue la causa de la desaparición de muchas de las casas costeras, así como de las roturas y los agujeros que aparecieron en la rambla de Piriápolis la semana pasada, y en Montevideo durante los últimos días.

Después de la marea

En Aguas Dulces reina por estos días una tensa calma. Sus calles casi desiertas y el ruido del oleaje parece augurar una mañana más en un balneario fuera de temporada, pero un vistazo a la costa hace desaparecer toda sensación de normalidad. Allí el panorama es realmente desolador, propio de una zona de guerra o una película de desastres. Las casas, alineadas sobre una playa que prácticamente ha sido tragada por el océano Atlántico, amontonan sus cimientos, paredes y objetos en pilas que superan en algunos casos el metro y medio de altura.

La mayoría estaban deshabitadas, ya que pertenecen a personas que veranean o alquilan durante la temporada, pero entre la destrucción se pueden ver algunos pocos pobladores que intentan construir empalizadas con bolsas de arena y estructuras de madera para mantener a raya un mar que amenaza continuamente con seguir avanzando y demoliendo.

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Valizas
Valizas

"Esperamos que el vecino entienda que no van a poder seguir arreglando esas casas. Hay un fundamento legal porque estaban construidas en terreno público y una finalidad ambiental porque la costa está desapareciendo por las construcciones. Hace 40 años se les dio 15 años para irse y no se fueron", señaló hace algunos días a El Observador Antonio Graña, director de Ordenamiento Territorial en el departamento de Rocha.

Esa situación legal de las construcciones vuelve a los pobladores un poco reticentes a hablar, pero en general sus reflexiones siguen el mismo patrón: consternación por los destrozos y preocupación por lo que vendrá. Al momento de la recorrida de El Observador, los locales aguardaban por una reunión con el alcalde del lugar para determinar los pasos a seguir y el destino de muchas casas que, pese a haber evitado la incidencia del mar, estaban muy cerca del derrumbe.

Además de los lugareños, algunos dueños provenientes de otras partes de Rocha o del país llegaron a poco de conocer la noticia, sobre todo para contabilizar los daños y evitar los saqueos en caso de que alguna pared o ventana hubiese sido dañada. Por ejemplo, una mujer llegó desde Soriano para verificar si su propiedad había resultado damnificada. Esta logró zafar, pero la construcción quedó a muy poca distancia de una de las desembocaduras en donde el mar se metió con más fuerza.

Una imagen extraña al lugar también se repite y sorprende: la de los "turistas del desastre". Más de una vez se pudo divisar a personas recorriendo los escombros, sacando fotos, entre ellas alguna selfi, bajo la mirada atenta y un poco ofuscada de los que se encontraban trabajando.

Operación limpieza

En medio de la crisis que el clima propició en Maldonado y Rocha, la pregunta principal gira en torno a la repercusión que los daños en la infraestructura vial y de los balnearios reportará al turismo este verano, que puede verse afectado por la cercanía de estos fenómenos con la temporada.

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Aguas Dulces
Aguas Dulces

Según explicó Gabriel Tinaglini, secretario general de la Intendencia de Rocha a El Observador, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) emitió una partida de $ 2 millones que la comuna aunará con el presupuesto actual y lo dedicará, entre otras cosas, a la limpieza de Aguas Dulces, Valizas y otras localidades afectadas.

"Venimos de un año muy complejo. Lo que teníamos de reserva se consumió. Arrancamos en abril con las inundaciones y hasta ahora no ha aflojado nada; tenemos caminería rural que fue reparada hasta tres veces. Veníamos con el resto", explicó Tinaglini.

En ese sentido, las comunas deberán prepararse para la llegada de los turistas en poco menos de dos meses y plantear una limpieza a contra reloj de manera que, si el clima y los fondos disponibles lo permiten, se podrá poner a punto una costa golpeada por fenómenos que en este sector del país son tan usuales como destructivos.

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