Solución "rápida y fácil" de la Caja Militar "dañará" a las FFAA, advierte el comandante en jefe de la Armada

En la Armada hay "incertidumbre", dice el responsable de la fuerza de mar

Lleva más de 40 años en la Armada y según dice se levanta cada mañana con la vocación de servicio del primer día. Pero para el comandante en jefe de la fuerza de mar, Leonardo Alonso, no son tiempos fáciles. Describe una situación "crítica" de su fuerza a nivel de recursos materiales y humanos a lo que se suma una "incertidumbre" ante la posibilidad de que el gobierno cambie "las reglas" para los militares. Alonso advirtió en entrevista con El Observador que una "solución fácil y rápida" para la reforma de la Caja Militar puede generarle un daño institucional importante a las Fuerzas Armadas.

¿Cuál es la situación de la Armada en la actualidad?

La Armada hoy está enfrentada a una situación bastante crítica respecto a medios materiales y recursos humanos. Contamos con una flota sumamente envejecida que nos implica dificultades para su mantenimiento y su operabilidad. Estamos hablando de un promedio de edad de los buques entorno a los 50 años. Siempre tenemos que priorizar el tema de seguridad para nuestra gente lo cual implica que tengamos que prescindir de hacer determinada actividad en bien de eso. En cuanto al personal también tenemos serias dificultades. En los últimos años registramos un índice de rotación del personal subalterno de un 14% anual y en los últimos ocho años hemos perdido 207 oficiales de un total de 700. Cualquier organización que se basa en la experiencia, el conocimiento y el desarrollo lo siente y mucho.

¿Cuál es la razón de la migración?

Hay múltiples factores. Un aspecto importante son las retribuciones. Llega determinada etapa de la vida en la que tanto un oficial o el personal subalterno se ven obligados a enfrentar compromisos, y todos los salarios de las Fuerzas Armadas están verdaderamente sumergidos, por lo que llegan situaciones coyunturales en las que muchas veces el oficial tiene que salir a buscar una alternativa teniendo en cuenta que sus conocimientos profesionales son aplicables a todas las actividades marítimas que le representan ganar cuatro, cinco o seis veces más. Ese es un factor: el económico. Otro factor es también el tema de la motivación en cuanto al material. Lamentablemente el Estado no nos puede dar la respuesta que nosotros pretendemos. El hecho de no contar con los medios adecuados también genera una desmotivación desde el punto de vista profesional. Además, temas que están arriba de la mesa como la reforma de la Caja Militar son situaciones que generan un grado de incertidumbre que llevan al oficial y al personal subalterno a plantearse la continuidad.

¿Cuánto le cuesta a la Armada formar un oficial?

Aquí no tengo las cifras, pero sin duda estamos hablando de varios miles de dólares. La formación de un oficial son cuatro años. Tiene un costo importante en varios niveles porque la Armada es garante y respaldo del Estado en muchas áreas en la que no hay nadie más.

¿Entonces la Armada termina siendo un trampolín para otra cosa?

Inicialmente no. Cuando hablamos de la formación de personal estamos hablando de jóvenes de 15 y 16 años hasta los 20 o 21 años que están en calidad de internado y que postergan muchísimas cosas por una vocación. Las realidades futuras son las que van golpeando y despertando en ese oficial otras opciones, cuando se ve ante el apremio de que no puede dar respuesta a sus necesidades básicas. Cuando hay inestabilidad o incertidumbre es cuando se toman decisiones apresuradas. Y es ahí cuando muchos de ellos se retiran de forma anticipada.

¿Usted percibe incertidumbre en el personal por la reforma de la Caja Militar?

Creo que plantear una reforma del Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas es justo. Pero debemos poner todas las cartas arriba de la mesa. Debemos sincerarnos y decir las cosas como son. Hay que contemplar la especificidad de la carrera militar y no generar una solución rápida y fácil que lo que va a implicar es un daño institucional muy grande con consecuencias en el futuro.

¿Se está haciendo ese análisis de forma cuidadosa?

Acá había un proceso cuando se votó la Ley de Defensa, luego se aprobó la Política Militar y en ese proceso natural que se venía desarrollando se iba a modificar las leyes orgánicas de las Fuerzas Armadas. Eso iba a devenir en una reestructura de la organización y que consecuentemente iba a llevar a la reforma de la caja. En este caso se adelantó el proceso poniendo arriba de la mesa el tema de la reforma de la caja y eso un poco distorsionó el proceso lógico y natural que se pensaba que se iba a seguir. Estamos trabajando para poder elaborar algo que sea justo, que sea racional y que contemple todas las posibilidades y las situaciones que se vienen arrastrando desde hace muchos años. Tenemos la esperanza que en el diálogo vamos a encontrar una solución que no sea de corto plazo. Pero hay que tener en cuenta todo.

¿Qué es tener en cuenta todo? ¿A qué se refiere?

Cuando se habla de la Caja Militar se mira al militar como un individuo privilegiado, con una cantidad de beneficios. Beneficios que en realidad no son tales porque, entre otras cosas, el militar posterga y sacrifica una cantidad de cosas a lo largo de su vida profesional por la cual no es remunerado. El militar no cobra horas extra, no acumula licencias, no cobra nocturnidad. Hay un sinnúmero de elementos que han trascendido en los últimos tiempos que no son considerados. Se manifiesta que hay retiros privilegiados cuando creo que una gran mayoría de los jubilados está dentro de lo estándar.

¿Ante esta situación hay quienes piensan en el retiro para no perder beneficios?

Dentro del imaginario que cada uno se genera ante una situación como esta hay distintas posturas. Sin lugar a dudas que hay gente que puede estar especulando o pensando en qué va a pasar para tomar una decisión. Lo que sí está claro es que todo este escenario es negativo para la fuerza porque la gente no está concentrada en su trabajo, está pendiente de lo que va a pasar y de los cambios de las reglas de juego. Acá uno ingresó a la institución bajo determinadas reglas y situaciones de manejo y ahora como que se van a cambiar o se pretenden cambiar. Eso genera un efecto negativo en la rutina.

Usted me hablaba antes de la situación crítica de la Armada a nivel material. ¿Qué posibilidades tiene de cumplir con su cometido?

Nunca hemos dejado de cumplir con nuestra tarea a pesar de los impedimentos. No lo haremos de la forma más eficiente o de la forma que nos gustaría, pero nunca vamos a renunciar a nuestra tarea hasta el momento que un barco que esté para salir no pueda hacerlo. Pero la realidad es que hoy no tenemos capacidad para sacar a un hombre del agua. Estamos apostando a incorporar tres patrulleros de alta mar con sus helicópteros embarcados que nos permitan hacer el control de las aguas jurisdiccionales y atender la búsqueda y rescate ante situaciones de emergencia. Otro de los elementos que entendemos importante recuperar es un sistema de vigilancia que nos permita ordenar el tráfico marítimo. Cada buque que está fondeado en aguas uruguayas es una potencial situación de riesgo y hoy por hoy no tenemos la capacidad de ver quién está ahí si él no se deja ver.

¿Cuál es la imagen de la Armada hoy luego de los hechos irregulares que sacudieron a la fuerza?

Esos hechos lamentables son del pasado. Estamos haciendo un esfuerzo muy grande por revertir esa situación y esa imagen. En todos los ámbitos hay gente que comete faltas o delitos. La Armada es una muestra de la sociedad. Pero yo no quiero estigmatizar a la Armada. Estamos cambiando la imagen con trabajo, con profesionalismo y con transparencia. Hemos hecho una reorganización administrativa contable para asegurar controles cruzados y trazabilidad. Creamos una dirección general de finanzas que depende del comandante en jefe, y en donde se centralizan las compras de la Armada. El año pasado llegamos a una ejecución del gasto del 98,2%. Debo decir con tranquilidad que ahora aparecemos en los medios por cosas positivas.


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