"Somos de un humanismo radical; ni suicidas ni mártires"

Presidente de Médicos Sin Fronteras en España dijo por qué hay que preocuparse por los menos favorecidos
Médicos Sin Fronteras es de las ONG más respetadas a nivel internacional. En un momento en que los políticos no encuentran soluciones a grandes crisis humanitarias, la organización mantiene unos 400 proyectos en 60 países. En 2015 saltaron las alarmas por el aumento de los ataques a hospitales y la violencia contra los médicos, pero esto no hizo que los especialistas se retirearan de las zonas en conflicto. El presidente de la ONG en España, José Antonio Bastos, estuvo en Montevideo y dialogó con El Observador.

Por su diagnóstico parecería que este es el peor de los momentos posibles. ¿Es tan así?

Ha habido momentos mucho peores. Los especialistas en estudios de guerra y paz –con los que dialogamos mucho– nos informan que hasta 2011 había disminuido mucho el número de conflictos activos y el número de víctimas en el mundo.

En mi experiencia, América Latina es el mejor ejemplo de una evolución positiva, después de pasar los años 70 y 80 de modo muy traumático y tumultuoso. El Sudeste asiático tuvo una evolución muy parecida. Pero África y Medio Oriente son epicentro de conflicto, y con las primaveras árabes y la guerra de Siria las cosas han empeorado mucho.

Lo que sí que aparentemente ha empeorado mucho no es solo el aumento de necesidades de asistencia humanitaria y de sufrimiento en el mundo, sino el desentendimiento y el malfuncionamiento de los sistemas oficiales de ayuda. Ha caído la falta de respuesta en el terreno.

Hace 15 años, cuando había algún movimiento de refugiados en una zona como Sudán, nos hubiéramos visto acompañados por una o dos agencias de ONU y cuatro o cinco ONG clásicas con las que siempre trabajamos. Pero en las últimas crisis en 2013 y 2014 en República Centroafricana o Sudán del Sur no había nadie. En Yemen hoy en día la Cruz Roja Internacional –que suele ser de las que se retiran últimas– casi no está y nos encontramos prácticamente solos en muchos sitios. Eso no es el problema, es el síntoma: quiere decir que por detrás hay un desentendimiento y una falta de voluntad política tan grande por parte de sistemas de liderazgo que es muy, muy preocupante.

¿Hay una mayor persecución a los médicos en Siria?

Allí ocurre algo único que no habíamos visto en otros conflictos: de modo muy claro y particularmente por parte del gobierno, se dedicaron a perseguir selectivamente hospitales y profesionales de la salud de una forma muy selectiva y muy arrolladora.

Por ejemplo, a uno de nuestros médicos que fue de los primeros que intentaron ingresar al país, le dijeron que no se vistiera como doctor. 'Si te detienen en algún control militar o policial, diles que eres periodista o analista político. Pero no digas que eres médico porque te arrestarán'.

Vimos que los hospitales de Siria han sido bombardeados repetidamente. Y allí y en Yemen hemos visto algo verdaderamente atroz, que solo sabíamos que ocurría en los atentados terroristas. Era clásico de Al Qaeda en Irak poner una bomba y una segunda en el mismo sitio pero minutos después para matar a los que habían ido a rescatar a los heridos. Hoy día la aviación siria y en Yemen están haciendo exactamente lo mismo. Le llaman double tap, son ataques a los hospitales adonde llevan heridos o a las ambulancias. Es un crimen de guerra, claramente. Es una estrategia con un grado de perversidad lamentable.

José Antonio Bastos, presidente de Médicos Sin Fronteras
La desidia de los gobiernos hace que Médicos Sin Fronteras actúe con más ganas, según Bastos. <br>
La desidia de los gobiernos hace que Médicos Sin Fronteras actúe con más ganas, según Bastos.
¿Y por qué alguien tendría que ir justo allí ahora?

Porque son seres humanos igual que nosotros y dejarlos solos no es lo que se merecen. Si estuviéramos en su situación, esperaríamos que alguien hiciera el esfuerzo y viniera a ayudarnos.

En el pasado en general había una variedad de instituciones que respondían a las crisis. Hoy día, cuando van quedando menos y menos instituciones, sentimos una responsabilidad moral mucho mayor de que por los menos MSF pueda ofrecer a la población a la que podemos llegar asistencia médica que requieren vitalmente para no morirse la semana que viene o la próxima.

La gente a veces nos pregunta si somos una organización de inspiración religiosa, pero somos de un humanismo radical. Y no somos una organización suicida ni mártir; hemos dejado de trabajar en Siria y Somalia porque es demasiado peligroso. Pero eso no quita que pensemos que alguien tiene que ir a hacer un esfuerzo por esos seres humanos, porque no hay muchos otros que lo hagan.

¿Con la crisis del ébola o de los refugiados, se vio un aumento de la ayuda de la gente?

Sí, claramente. Medido en el presupuesto de MSF, hubo una subida en 2010 con la respuesta al terremoto de Haití y luego otra importante en 2014 con la epidemia del ébola. Son situaciones en las que se produce un esfuerzo masivo de MSF por encima de lo que hacemos. Pedimos apoyo a la sociedad civil, viene siempre en forma de financiación de emergencia. Y el aumento de visibilidad y nuestra reputación nos dan un nivel de conocimiento mayor que anima a más gente a hacerse socia.

¿Podría decirse que la reacción de la gente es inversamente proporcional a la de los líderes?
Completamente. En el caso de Europa y de los refugiados hay una disociación muy clara entre la respuesta expresada directamente por la población civil y las decisiones que toman los líderes políticos.

¿Eso no los desestimula?

Sí, pero MSF existe con la voluntad de proporcionar asistencia y también de ser testigo vocal de lo que vemos para transmitir a la opinión pública lo que está ocurriendo y las instituciones que están fallando, para que la gente presione a los líderes políticos. La presión no es suficiente, pero si no la hubiera, sería mucho peor.

Nuestra organización es de asistencia, no es política. Pero tenemos que seguir implicados en estas actividades para intentar producir cambios. Para eso, proporcionamos información y la reacción humana en primera persona; transmitimos la indignación y la compasión humana que nos producen estos acontecimientos.

Si algo nos producen ciertas situaciones, como no poder llegar a algunas zonas de Siria o la no respuesta de los líderes europeos, son más las ganas de pelear más. No de rendirse.

José Antonio Bastos es presidente de Médicos Sin Fronteras en España. Es médico, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y con estudios en Medicina Tropical y en Salud Pública. En 1991 hizo su primera misión con Médicos Sin Fronteras, y luego estuvo en otros siete países. Desde 2010 es presidente de la ONG en su país y estuvo en Uruguay para participar en un evento de la organización. José Antonio Bastos es presidente de Médicos Sin Fronteras en España Es médico, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y con estudios en Medicina Tropical y en Salud Pública. En 1991 hizo su primera misión con Médicos Sin Fronteras, y luego estuvo en otros siete países. Desde 2010 es presidente de la ONG en su país y estuvo en Uruguay para participar en un evento de la organización.

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