Sônia Braga demuestra su talento en Aquarius, una muestra del mejor cine brasileño

La película se verá hoy en la Sala B del Auditorio Neilly Goitiño

Después del lanzamiento a principio de mes de una temporada de cine latinoamericano de la mano del filme uruguayo El sereno, la reciente inaugurada Sala B del Auditorio Nelly Goitiño continuó la oferta de una grilla de películas fuera de Hollywood con la brasileña Aquarius.

El largometraje, que se podrá ver en la sala este fin de semana a la hora 19, es una muestra excelsa del cine de Brasil más reciente gracias a la actuación de su protagonista, la actriz Sônia Braga, así como la dirección y libreto elaborado por el cineasta Kleber Mendonça Filho.

Aquarius llegó a Uruguay después de haber recorrido un camino largo y polémico. Fue exhibida por primera vez en mayo del año pasado en el Festival de Cannes, en el que compitió por la Palma de Oro, y desde entonces se vio rodeada de controversia debido a los reclamos políticos que el elenco y equipo de producción tomó para manifestarse contra el gobierno de Michel Temer.

A su vez, se trazaron paralelismos con la premisa de la película y la destitución de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil. En Aquarius, Braga interpreta a Clara, una sexagenaria excrítica musical de Recife que vive retirada en el edificio Aquarius, construido en la década de 1940 sobre una avenida frente a la playa. Tras la compra de todos los apartamentos del edificio por parte de una empresa constructora, la protagonista se niega a vender su unidad y se ve enfrentada de forma directa con la compañía.

Esa premisa es el disparador de un tour de force emotivo por parte del personaje principal, una sobreviviente de cáncer de mama y viuda que debe aprender a convivir con un presente en soledad completamente diferente de su pasado, rodeado de familia, amistades y amor.

Durante la película el director Mendonça Filho lleva lentamente al espectador a conocer la historia de Clara, comenzando por un vistazo a su pasado como una joven veinteañera entusiasta de la música. En el presente, la pasión del personaje por la música se refleja en su inabarcable colección de discos, casetes y vinilos que parecen suplantar el vacío de su vida dejado por los hijos que ya no viven con ella.

Así es que una cámara –que en ningún momento se siente como tal, sino como la mirada de una presencia indetectable en la vida de Clara– presenta la vida cotidiana de la protagonista: cuando duerme, piensa en su difunto marido, se emborracha sola al son de una canción predilecta, juega con un nieto o cuando visita un baile en la compañía de un par de amigas charlatanas.

Descrita por una de sus hijas como una niña y una vieja al mismo tiempo, Clara es una mujer convencida de su decisión de no abandonar el lugar, al que le atribuye un estado de felicidad.

Con sus casi dos horas y media de duración, la narración de Aquairus encuentra un ritmo perfecto y para nada cansino en una historia en la que el estudio del tiempo y la relación entre una persona y su espacio físico son bajados a tierra en el drama y suspenso que surge del duelo personal entre Clara y la empresa que desea obligarla a mudarse.

En el filme, Braga demuestra naturaleza frente a cámaras gracias a un rango de emociones solo posible en una actriz de su talla a esta altura de su carrera.


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