Sorpresivo nuevo Trump

El ataque a marcó un cambio trascendente en la políticas exterior

En los albores de su triunfo electoral, Donald Trump parecía encaminarse, según sus propias declaraciones, a una guerra económica con China y a un acercamiento político con Rusia a expensas de la OTAN, relegando a Siria a un segundo plano. Tres meses más tarde ha completado un sorpresivo giro en esos temas con el ataque con misiles a una base militar del dictador Bachar Al Asad. Trump anunció haber actuado en represalia contra el uso del gas tóxico sarín por el régimen sirio contra civiles, causando casi un centenar de muertos, mayoritariamente mujeres y niños.

La nueva imagen de Trump tiende a aplacar algo las muchas dudas que acompañaron su llegada a la Presidencia de Estados Unidos. En vez de castigar a las importaciones chinas con altos aranceles proteccionistas, como había amenazado, Trump recibió en su lujosa residencia veraniega de Florida al presidente del gigante asiático Xi Jinping para buscar acuerdos. Aunque no trascendieron detalles oficiales, un asesor de Trump aseguró que los dos presidentes acordaron una “interacción distendida” para minimizar disidencias sobre temas de impacto mundial, como confrontaciones económicas y el apoyo chino a Corea del Norte. Mantiene intacta su cuestionada política contra los inmigrantes ilegales, incluyendo el muro a lo largo de la frontera con México, y contra el ingreso de musulmanes de países sospechosos de terrorismo. Pero ha tenido que aceptar frenos judiciales y el caso de ciudades que resisten sus acciones contra inmigrantes.

El cambio más trascendente, sin embargo, ha sido a dos puntas en torno a Siria. Una es involucrar militarmente a Estados Unidos en mayor grado en la guerra que despedaza desde hace seis años a la nación árabe y que ha causado cerca de 400 mil muertos, en su mayoría civiles, y desplazado a millones de personas. Poco antes del ataque a la base siria, Nikki Haley, embajadora estadounidense en la ONU, había afirmado que la salida de Al Asad del poder había dejado de ser “una prioridad” para Washington. Trump revirtió esa posición al actuar decididamente contra lo que llamó “acción odiosa” de matar “niños inocentes, bebés” al recurrir a la guerra química. Nada indica que el ataque ordenado por Trump acerque la caída de Al Asad o la definición del complejo conflicto sirio que, además de Estados Unidos y sus aliados en Occidente y en el mundo árabe, involucra en posiciones encontradas a Rusia, Irán, Turquía, a rebeldes kurdos y de etnias musulmanas enfrentados entre sí, al terrorista Estado Islámico, y al choque de intereses gubernamentales y petroleros por el tendido de un oleoducto en el área.

Pero muestra como el otro factor significativo la decisión de Trump de contrariar la generalizada presunción de lazos estrechos con el presidente ruso Vladímir Putin, pilar de sostén de Al Asad junto con Irán. Al contrario, con el ataque a la base siria indica su decisión de actuar con independencia y enfrentar a Rusia, cuyo gobierno censuró severamente la incursión militar de Estados Unidos que, por otra parte, fue elogiada por sus aliados y su Partido Republicano. Las acciones de Trump en torno a China, Rusia y Siria no significan que haya cambiado su fogosa personalidad. Pero apuntan a que ha reemplazado decisiones impulsivas con una actitud más ajustada a las realidades internacionales en temas cruciales y a la posición de su país como primera potencia mundial.


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