Stephen Hawking: encontró la salida

“Solo somos una raza de monos avanzados en un planeta más pequeño que una estrella, pero podemos entender el universo”

Por Lucía Cohen

En una sociedad de consumo que alaba la belleza de plástico y la juventud eterna, el físico Stephen Hawking ha logrado ser una estrella pop. Desde su silla de ruedas, con la pera pegada al cuello, la cabeza inclinada hacia el hombro derecho, la mandíbula huesuda y el torso y las piernas delgadas, demuestra que no hay enfermedad que pueda contra un espíritu libre y brillante.

Oriundo de Oxford y nacido el 8 de enero de 1942, Hawking recibió la peor noticia cuando tenía apenas 21 años. Entonces supo que solo le quedaban dos años de vida a causa de una enfermedad degenerativa, la esclerosis lateral amiotrófica, que no lo mataría en ese lapso pero que le impediría moverse y podría privarlo de la facultad de hablar.

Pero este héroe moderno, que revolucionó nuestro conocimiento del universo, desorientó una y otra vez las predicciones. En un principio, lo hizo sobrepasando con creces el período de vida que se le había pronosticado –a sus 74 años, es hoy uno de los científicos más famosos del mundo–, combatió una mudez inminente gracias a un sistema de habla sintetizada desarrollado por Intel Labs. También rompió barreras sociales. Estuvo casado dos veces y formó una familia que ya va por la tercera generación. Aportó el entendimiento más sofisticado que el hombre posee sobre el cosmos. Y de la mano de Roger Penrose, comprobó el inicio y el fin de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, correspondientes –respectivamente– al Big Bang y a los agujeros negros. Este descubrimiento condujo a otro: la unificación necesaria de la teoría de la relatividad con la teoría cuántica, que a su vez llevó a Hawking a entender que los agujeros negros deberían emitir radiación, lo que, tras la evaporación, los haría desaparecer.

Estudió en Oxford, obtuvo un PhD en Cosmología en la Universidad de Cambridge, donde, como Isaac Newton, fue titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas. Brindó conferencias por todo el mundo, ganó incontables premios y escribió diversos artículos y libros. Quiso popularizar el conocimiento del cosmos y ganar plata para sustentar a su familia. Y lo hizo a través de su best seller titulado Breve historia del tiempo (1988), que superó los 9 millones de copias. Apareció en Los Simpson y, en 2014, la película sobre su vida, La teoría del todo, basada en las memorias de su primera esposa, Jane Wilde (Travelling to Infinity: My Life with Stephen), transmitió empatía con el relato de la historia de amor incondicional que convirtió a esa mujer en una heroína y al científico en santo.

Hawking encontró la clave para la salida de los agujeros negros y dijo que "no son las prisiones eternas que en algún momento se creía".

Generó controversia. Negó a Dios y afirmó que "no hay ningún aspecto de la realidad fuera del alcance de la mente humana". Advirtió que los milagros son incompatibles con la ciencia. Se mostró a favor de la eutanasia: "Mantener a alguien vivo en contra de sus deseos es la última indignidad".

En el acierto o en el error, defendió sus ideales. Jugó en la política y se convirtió en activista. Boicoteó a Israel, negándose a asistir a una conferencia cuyo anfitrión era el presidente Shimon Peres. Calificó a Donald Trump de demagogo y apoyó la campaña de científicos contra el brexit.

Dejó su huella. Batalló la adversidad, cuestionó los pronósticos y avanzó en el conocimiento humano. Ha dicho que "la Humanidad es tan insignificante si la comparamos con el Universo, que el hecho de ser un minusválido no tiene mucha importancia cósmica". Puede que solo así, quitándole trascendencia a la individualidad, se alcance a entender el cosmos.

Sabe que el hombre está en riesgo y que es su propio enemigo. Espera viajar al espacio. Deberíamos creer que lo logrará.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.