Steven Spielberg mantiene su magia intacta

El buen amigo gigante convierte la obra de Roald Dahl es un periplo visual disfrutable

Entre superhéroes y peces animados, la llegada de la nueva película de Steven Spielberg es muy bienvenida. Con El buen amigo gigante, el director adapta un libro del escritor británico Roald Dahl –autor de Matilda y Charlie y la fábrica de chocolate– en una película que propone de forma sincera un entretenimiento para toda la familia a través de efectos visuales asombrosos y un relato entretenido.

Se trata de una adaptación, pero en estos lares –donde la obra de Dahl ha llegado principalmente a través del cine– la historia parece completamente original. Situada en la década de 1980 en el Reino Unido, El buen amigo gigante trata sobre el encuentro entre una niña huérfana llamada Sophie, interpretada por la novata actriz Ruby Barnhill y el gigante del título personificado por inglés Mark Rylance –el último ganador del Oscar al Mejor actor de reparto– a través de una tecnología de captura de movimiento.

Spielberg, quien por primera vez trabaja aquí para los estudios Disney, introduce a los protagonistas de este cuento fantástico en la noche de Londres, cuyo paisaje hace acordar a las visitas a la ciudad de los personajes de Harry Potter. En esta oscuridad de callejones y luminarias cuidadas todo parece posible, incluso un gigante de 7 metros que se camufla en el paisaje urbano mientras atrapa los sueños de los ciudadanos.

Afortunadamente, gran parte de El buen amigo gigante no sucede en Londres sino dentro del País de los Gigantes, Allí, el director de E. T., el extraterrestre y Parque Jurásico da rienda suelta a su imaginación visual y ofrece una serie de divertidos enredos entre Sophie, el BAG (sigla con la que se presenta el colosal protagonista) y un grupo de gigantes "comehumanos" del triple de tamaño que el simpático personaje interpretado por Rylance.

Embed

Con la banda sonora de John Williams que acompaña cada pirueta de los personajes como sucedía en Tom y Jerry o los Looney Tunes, Sophie y el BAG discuten, se conocen y entablan una amistad de gran sostén emocional que logra olvidar la cantidad de efectos utilizados para componer la interacción entre los dos protagonistas de tamaño tan diferentes. De la misma forma, Spielberg y su director de fotografía Janusz Kamiński, con el que ha colaborado desde La lista de Schindler (1993) aprovechan cada rincón de este mundo imaginario para que el espectador recorra con sus ojos cada uno de los rincones. Un ejemplo de cómo se aprovecha el tamaño como un recurso de comedia es una secuencia sobre el final del filme que cuenta el encuentro entre el BAG y una reconocida figura monárquica del Reino Unido.

Uno de los participantes más sobresalientes de esta obra es, sin duda, Rylance. El británico de gran trayectoria teatral logra superar la brecha de la tecnología y brindarle emociones reales a su personaje animado, principalmente a través de una extensa galería de entrañables gestos faciales.

Es una lástima, sin embargo, presenciar la versión doblada al español del filme. El guión de El buen amigo gigante mantiene parte de los juegos de palabras de Dahñ, por lo que la versión traducida no solo presenta un sinfín de gerundios que rechinan, sino que el trabajo de voz de Rylance se pierde por completo. Pero dado que se trata de una película orientada al público infantil, es comprensible su estreno doblado.

Para su primer papel en el cine, Barnhill cumple con su cometido aunque tampoco se luce como lo han hecho otros actores principiantes. El pasado trágico de su personaje y su interacción con el BAG no logra, por ejemplo, los niveles emocionales de un vínculo como el de Elliot y E.T.

De todas formas, Spielberg sigue siendo un maestro en su oficio y El buen amigo gigante demuestra que no ha perdido el toque a la hora de aprovechar todos los recursos que el cine le ofrece para contar una historia que merece ser vista en pantalla grande.


Populares de la sección