Sturzenegger, el nuevo villano de la economía argentina

El titular del BCRA está peleado con Prat Gay y es criticado por empresarios
Federico Sturzenegger, el presidente del Banco Central argentino (BCRA), se está transformando en el nuevo villano para muchos empresarios, políticos y economistas: contra la opinión de buena parte del mercado, se ha empeñado en mantener una dura política de tasas de interés altas hasta que la inflación dé señales de estar aflojando.

Y, con el antecedente de un abril que marcó el récord de 14 años con 7% de inflación en el mes y todavía con el impacto de nuevos tarifazos que todavía no hicieron efecto, son muchos quienes temen que la rigidez dure todavía varios meses.

Es así que ya un acto rutinario, como la licitación de las Lebac (letras del Banco Central) que se realiza todos los martes, pasó a ocupar un lugar destacado en el calendario de todo el mercado. Ya desde el lunes temprano los medios especializados y los analistas en las redes sociales empiezan a especular si, este martes sí, Sturzenegger decidirá bajar medio punto la tasa desde el insólito 38% o si habrá que seguir esperando.

Y al día siguiente, su decisión pasa a ser el tema de comentario en los cafés de la city porteña.

Tras el acuerdo argentino con los fondos buitre y la exitosa colocación de bonos por US$ 16.500 millones (con ofertas por el cuádruple de ese monto), se esperaba que el Central mostrara flexibilidad.

Pero no. Recién una semana después bajó medio punto la tasa a un nivel de 37,5%, que los empresarios consideran imposible de empardar para cualquier proyecto productivo y que encarece el crédito interno hasta hacerlo inviable. Trascendió que el propio ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, estaba enojado por la situación y que, en su círculo íntimo, criticaba la falta de audacia de su compañero de equipo económico.

La interna trascendió a los medios a tal punto que Sturzenegger no pudo negarla. En su conferencia de prensa para comentar el programa monetario, reconoció que había "tensiones" y "diferencias sobre el timing", pero restó dramatismo a la situación.

Desde su punto de vista, ello no debería generar preocupación sino, por el contrario, debe ser visto como el síntoma sano de que, ahora sí, hay un Banco Central independiente y blindado contra las presiones políticas.

Por desgracia para Sturzenegger, el mercado no termina de creer su discurso. Es que el celo del presidente del Central para combatir la inflación mediante tasas altas no ha sido siempre la tónica de su gestión. Más bien al contrario, a las pocas semanas de haber asumido el cargo –y cuando los aumentos de precios arreciaban– convalidó una abrupta caída de tasas, desde un nivel de 38% hasta los 29 puntos.

Y recién modificó su actitud cuando hubo una corrida cambiaria que llevó en pocos días al dólar desde un tranquilo nivel de 14 pesos argentinos hasta pasar la barrera de los 16. Recién ahí, tras haber quemado US$ 700 millones de las reservas y haber subido la tasa abruptamente, el mercado se calmó y el dólar quedó anestesiado.

Sin embargo, Sturzenegger no se cansa de repetir, un día sí y otro también, que el precio del dólar lo tiene sin cuidado, que es partidario de la libre flotación y que el único criterio para determinar las tasas es el diferencial respecto de la "inflación núcleo", es decir, la inflación depurada del efecto estacional de las subas tarifarias.

Críticas a diestra y siniestra


A Sturzenegger lo están criticando desde todos los flancos, tanto que una de las apuestas hoy en el ámbito económico es cuánto tiempo tardará antes de dar el brazo a torcer y empezar a bajar las tasas.

Desde la derecha liberal, tradicionalmente preocupada por la cuestión fiscal, se hace una crítica general al equipo económico, porque prefiere dar un remedio monetario para un mal que tiene su origen en el exceso de gasto público.

Influyentes economistas, como Ricardo López Murphy, Miguel Angel Broda o el equipo de la fundación FIEL, han puesto en duda el éxito del plan antiinflacionario y, para peor, advirtieron que, si se logra, será bajo el riesgo de profundizar la recesión y aumentar el desempleo.

Las agremiaciones empresariales, preocupadas por las fuertes caídas en el consumo, y que reciben las críticas del presidente Mauricio Macri por su reticencia a incrementar sus niveles de inversión, piden a gritos señales económicas. Con una tasa de interés de 37,5%, argumentan, no hay ecuación de negocio que cierre.

Y los economistas de la tendencia más "keynesiana", donde presumiblemente también se alinea Prat Gay, creen que el Banco Central comete un error de apreciación.

"Sturzenegger es un economista brillante, pero su error es no entender que está en la Argentina", graficaba un economista de consulta frecuente por parte de empresarios.

Su argumento es que, en un país de cultura dolarizada, el criterio para determinar si una tasa de interés es positiva en términos reales no debe ser la comparación con la inflación, sino con la devaluación esperada.

De hecho, durante muchos períodos de la historia reciente, incluyendo el gobierno de Néstor Kirchner, las tasas en pesos fueron negativas frente a la inflación, pero positivas en dólares, porque el tipo de cambio era estable. Y el mercado respondió favorablemente, con fuertes incrementos de los depósitos en pesos.

La conclusión a la que llegan estos economistas es que no necesariamente una baja en la tasa de interés debería disparar una escapada de pesos hacia el dólar, en la medida en que haya previsibilidad sobre cómo se moverá la cotización de la divisa.

Así, si la expectativa del mercado fuera de un deslizamiento de 15% en el precio del dólar, alcanzaría con una tasa en pesos del 20%.

Pero Sturzenegger no quiere saber nada con ese tipo de razonamientos. De hecho, cuando le preguntan por el precio del dólar –cosa que ocurre cada vez que habla en público–, él repite su mantra: que deja que la divisa flote y que solamente interviene cuando detecta que hay un movimiento especulativo. De todas formas, terminó admitiendo cuál es su preocupación para cuando, como se espera que ocurra en el segundo semestre del año, empiece a notarse un ingreso fuerte de divisas: que haya una tendencia fuerte a la caída de la divisa, como ya le ocurrió al gobierno kirchnerista en los años de la "supersoja".

Así, da la impresión de que, en comparación con los problemas urgentes de una economía que no puede quebrar su estadío de "estanflación", esa entrada masiva de capitales parece una situación lejana. De momento, la preocupación del mercado está puesta en la licitación de Lebac que se realizará hoy.



El "peligro" de una oleada de capitales

Ahora, tras la "reconciliación" de Argentina con el mercado financiero internacional, el "peligro" es una entrada masiva de capitales. "Una cosa es que el peso se aprecie como consecuencia de un boom exportador y otra es que dos tipos en una oficina de Wall Street decidan que Argentina es el nuevo mercado de moda", alertó el presidente del Banco Central de Argentina (BCRA), Federico Sturzenegger.

Solamente en ese caso, Sturzenegger admitió que intervendría para evitar una caída fuerte en la cotización y un nuevo ciclo de retraso cambiario. Lo cierto es que todavía no empezó la llegada de los ansiados capitales y ya muchos sectores, en especial el campo, se están quejando de que un dólar a 15 pesos argentinos no está en un nivel de equilibrio para garantizar competitividad.

El ministro Prat Gay acaba de confirmar un blanqueo impositivo con el cual se espera que ingresen US$ 60.000 millones de los más de US$ 300.000 millones que los argentinos tienen atesorados fuera del sistema. Será allí cuando se le plantee a Sturzenegger su segundo gran problema: ¿qué hacer con esa masa de dólares para evitar un nuevo retraso cambiario? Podría responder con una abrupta baja de las tasas en pesos, para que los ahorristas se sientan tentados de comprar dólares y así los saquen del mercado.

Pero claro, esto iría en contradicción con su discurso de que el criterio para manejar las tasas no es el dólar sino la inflación. Le queda la alternativa de comprar masivamente dólares y engrosar las reservas del Central, para lo cual debe volcar pesos al mercado, pero le tiene miedo a esa política porque fue utilizada por Martín Redrado durante el gobierno kirchnerista, y allí estuvo la génesis de la inflación actual.

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