Subsidio a exreclusos de Guantánamo termina en 9 meses y la mitad no tiene trabajo

Christian Mirza dijo que existe "incertidumbre" para el próximo año y que "el gobierno es responsable porque los trajo"
Hace ya más de un año que seis hombres llegaron desde la cárcel de Guantánamo en calidad de refugiados, con el anhelo del gobierno de convertir al país en ejemplo de solidaridad internacional. Pero al pasar los meses, los reclamos de los ex presos y las protestas frente a la embajada de Estados Unidos, así como los casos de violencia doméstica que terminaron en la Justicia, disolvieron las expectativas al punto de que las autoridades resolvieron que la experiencia no se repetiría. Lo cierto es que esos seis hombres todavía siguen en el país intentando adaptarse, solo que ahora no solo su imagen pública es lo que les juega en contra sino también el tiempo. En menos de nueve meses finaliza el programa del gobierno por el cual reciben un subsidio y una vivienda, por lo que deberán continuar como uruguayos comunes y corrientes. La pregunta es: ¿están listos para eso?

"Están muy preocupados porque no ven demasiadas opciones y muy lentas las posibilidades de encontrar un trabajo con un salario que por lo menos les cubra lo básico", contó a El Observador Christian Mirza, nexo del gobierno con los refugiados. Lo que más los asusta son "los bajos salarios" que se pagan en el país, ya que con ellos no podrían cubrir ni siquiera un alquiler de $ 18 mil.

Al día de hoy, solo tres de los seis refugiados cuentan con trabajo estable. Dos trabajan en parkings y otro se desempeña como docente de lengua árabe. Si bien Mirza evaluó como positivos los avances del primer año, reconoció que aún quedan desafíos pendientes como el refuerzo del idioma español, la capacitación y la inserción en el mercado laboral. En estos tres puntos es que se enfocará el programa este año, con el objetivo de que los ex presos consigan un empleo estable antes del plazo final.

Por el momento, algunos cursan estudios de informática y otro comenzó clases de manejo. Sin embargo, la principal dificultad está en la lengua, ya que solo la mitad de ellos la maneja con fluidez.
A esto se suma la falta de experiencia laboral al haber sido apresados muy jóvenes. "Les cortaron todas las posibilidades que tenían en sus respectivos países. Entonces, redescubrir vocaciones o encontrar un trabajo que no solo genere ingresos, sino que también gratifique, es más complicado", expresó.

La incomprensión

Además de las dificultades prácticas, Mirza dijo que la percepción social también jugó en contra.
En ese sentido, opinó que "buena parte de la sociedad uruguaya no estaba preparada para entender a los refugiados" y todavía mantiene "prejuicios" hacia ellos y su cultura. Dijo que incluso el gobierno fue ejemplo de esta actitud, por ejemplo, cuando el expresidente José Mujica calificó de "pésima" y "egoísta" la actitud de los refugiados, ya que llevaron a que otros países del continente resolvieran no repetir la experiencia uruguaya, según dijo a La República.

"Hubo molestia con la acusación porque de alguna manera entendieron que era muy injusta. Personalmente, tampoco la comparto. No le podés transferir a los seis refugiados la responsabilidad de que otros países no repliquen el ejemplo. Y de última, ¿cuál fue esa conducta pésima?", cuestionó.
Sobre los casos de violencia doméstica, Mirza dijo que si bien "hubieran preferido que no ocurrieran", estos no afectaron el programa. Incluso, de culminar con el procesamiento de los involucrados, este continuará su curso.

"De algunos sectores de la sociedad uruguaya hay poca comprensión y una carga de prejuicios muy grande (...) Trasciende lo ideológico; ya forma parte de la cultura. En alguna parte, esa uruguayez tiene un componente de discriminación o de ausencia de ponerse en el lugar del otro", expresó.

La responsabilidad

En el medio de la "incertidumbre" de lo que sucederá el año próximo, Mirza dijo que se evalúa la posibilidad de extender el programa por un par de meses. Sin embargo, aseguró que la propuesta "es muy verde" y ni siquiera se discutió en la cancillería. "Estamos tratando de repensar la idea de una reinserción adecuada porque el gobierno tiene la responsabilidad de darle las mínimas condiciones. Ellos no eligieron venir a Uruguay. Uruguay fue y propuso que vinieran. De alguna manera, esa responsabilidad es insoslayable", sostuvo.

En ese sentido, Mirza opinó que de existir recursos materiales, "sería bueno" continuar con la política de traer refugiados.

"Creo que con este programa se hacía eco de las mejores tradiciones de la política exterior uruguaya. ¿Que hubo problemas? Sí, notorios problemas. ¿Que hubo cierta improvisación? Probablemente. ¿Que hubo falta de planificación y consideración de varios elementos de la problemática? También. Pero la decisión política fue muy acertada", opinó.

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