Suerte de (no tan) principiante

El triunfo de Brie Larson en los Oscar reconoció una carrera marcada por casi 20 años de roles secundarios y rechazos

La apuesta era una de las más seguras. No muchos habían visto su película ni podían asociar su nombre a un rostro, pero meses antes de la ceremonia de los Oscar la actriz Brie Larson ya se había asegurado un sitial entre los intérpretes más destacados, con un Globo de Oro, un BAFTA y un SAG a Mejor actriz, arrebatados de las manos de colegas como Cate Blanchett, Saoirse Ronan y Alicia Vikander.

En la ceremonia de la Academia, con el pelo arreglado, el rostro maquillado a la perfección y un vestido de Gucci confeccionado especialmente para ella, la proeza de Larson se hacía mayor. Entre las cuatro paredes que retrataba su filme La habitación, aquella misma figura había sido distorsionada por la reclusión y la crueldad ajena a tal punto que las identidades no parecían coincidir.

Esos mismos cabellos lustrosos eran, en la pantalla, opacos y pajizos; las telas azules que fluían por la alfombra roja eran sustituidas por camisetas roídas, viejas; y el rostro, con cada imperfección y cada poro marcado, se veía más real.

La transformación física, empero, era mínima al lado de la psicológica. Como Ma, una mujer secuestrada durante años que debía velar por el bienestar y la felicidad de su pequeño hijo, Larson adoptaba una multidimensionalidad que le permitía mezclar vulnerabilidad con fortaleza; amor con hastío; temor con valentía.

Para el mundo, Larson, de 26 años, se consagraba como una de las jóvenes promesas de Hollywood, pero la industria cinematográfica, que la conoce desde hace casi dos décadas, se había negado en múltiples oportunidades a explorar ese potencial.

El trayecto que la llevó a La habitación, con obstáculos interpuestos por productores y directores de casting, no fue fácil. Su único rol protagónico anterior había sido en la película independiente Short Term 12 (2013) en la que Larson interpretaba a Grace, una cuidadora de un centro de acogida para adolescentes que, pese a sus circunstancias diferentes, compartía parte de la complejidad y el temperamento de Ma.

"Short Term 12 me dio confianza para explorar más mi intuición. Me permitió ver que las películas tienen un poder de curación y que nos pueden enseñar cosas. Después de eso me di cuenta: este es el tipo de películas que quiero hacer", comentó Larson en 2013.

El largo y sinuoso camino

La convicción que le brindó Short Term 12 llegó luego de años de rechazos que la relegaron a papeles secundarios en programas de televisión o películas sin gran repercusión y a una carrera cuyos desalientos la empujaban constantemente a renunciar. "No era lo suficientemente linda para hacer de 'la chica popular', y no era lo suficientemente tímida para ser 'la amiga'. Nunca encajaba. Me acercaba, pero no lo lograba, porque no era un cliché", dijo hace unos meses en una mesa redonda de Hollywood Reporter. "Fue muy doloroso".

A los seis años, antes de acostumbrarse al sexismo de la industria, la perspectiva era otra. Cuando su nombre aún era Brianne Sidonie Desaulniers, Larson le dijo a su madre que su "dharma" era ser actriz, y dos años después mencionaba a Lo que el viento se llevó como una de sus películas favoritas.

Tras un pasaje por el conservatorio teatral de San Francisco Larson consiguió su primer rol: una parodia a los comerciales de Barbie en el late night de Jay Leno. Apariciones breves en programas televisivos y su propia sit-com cancelada en 2002 le siguieron, augurando un viraje que tampoco le trajo éxito. En 2006, Larson se aventuró en el pop-rock adolescente con Finally out of P.E., un disco que vendió solo 3.500 ejemplares e intentaba emular el estilo musical de Avril Lavigne.

Sin abandonar el mundo audiovisual, Larson logró asentarse en roles de reparto de películas como Greenberg (Noah Baumbach, 2010), Scott Pilgrim Vs. el mundo (Edgar Wright, 2010), United States of Tara (2009-2011) y filmar dos cortometrajes, pero fue Short Term 12 el que finalmente hizo ostensible su capacidad, le permitió circular por los circuitos de los festivales independientes y la hizo brillar ante los ojos de los realizadores como Judd Apatow (Esta chica es un desastre, 2015) y Lenny Abrahamson (La habitación).

"Ella no intenta mostrarte cuán buena actriz es todo el tiempo", dijo Abrahamson en una entrevista. "Hay un profundo impulso naturalista en su actuación". Elegida como Ma, Larson investigó sobre el trauma, conversó con expertos de California del Sur y se encerró en su propia casa, sin lavarse el rostro y restándole siete kilos a su ya esbelta figura.

"Hace un año seguía intentando averiguar quién era. Pasé un año preparando y haciendo La habitación", asegura. "La persona que era cuando terminé la película es muy distinta a la que era cuando la empecé. Ahora estoy aquí, parada, siendo yo misma".

Lo que viene

  • KonG: Skull Island. Los orígenes de King Kong son tratados en un filme de acción.
  • Basmanti blues. Musical sobre una científica enviada a trabajar a India.
  • Free fire. Un encuentro entre dos pandillas se convierte en un juego de supervivencia.
  • The glass castle. Una joven crece en una familia disfuncional de nómades.

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