T2: Trainspotting, un viaje de vuelta a casa inspirado por la nostalgia

La secuela del clásico de los años 1990 presenta un regreso con más humor
"¡Es solo nostalgia! Eres un turista recorriendo tu propia juventud". Esa frase se la grita Simon "Sick Boy" Williamson a Mark Renton durante una de las tantas escenas en las que T2: Trainspotting homenajea y rememora a su primera parte con una mezcla de honestidad y autoparodia. Esta secuela tiene una importante carga nostálgica, con frases, planos y momentos que retrotraen al espectador y a los personajes de aquella aventura de un grupo de jóvenes adictos a la heroína de Edimburgo que el mundo conoció hace 20 años y que se convirtió en un clásico de culto.

La secuela de Trainspotting comienza con Renton (Ewan McGregor) volviendo a Escocia para enfrentar las culpas de la traición que cometió contra sus amigos dos décadas atrás. De aquellos, Begbie (Robert Carlyle) acaba de escapar de prisión y busca venganza por aquel incidente, Sick Boy es el dueño de un bar de mala muerte y busca con métodos ilegales hacer algo de dinero, y Spud Murphy (Ewen Bremner) sigue siendo un drogadicto que perdió todo lo que le importa.

Sick Boy acepta a duras penas trabajar con Renton para convertir su bar en un prostíbulo, y Spud acaba ayudándolos, pero la aparición de Begbie (que aquí pasa de ser el amigo violento que nadie quiere a un antagonista) los obliga a enfrentarse a él, y a su propio pasado. Todo esto salpicado por referencias (visuales y sonoras, al punto de usar escenas del filme anterior) a Trainspotting y por largas escenas en las que los personajes se acuerdan de travesuras infantiles, salidas nocturnas, la música que escuchaban y sobre todo, del fútbol, que aquí tiene una presencia aún mayor que en la primera parte como otro vehículo para la nostalgia.

Ese foco en los recuerdos también se debe a que al contrario que la novela Porno, en la que T2 se basa muy libremente, la acción transcurre 20 y no 10 años después, por lo que sus personajes son cuarentones que vieron desperdiciar sus mejores años y que los extrañan más que a nada, a pesar de que durante esos años murieron amigos, hijos y nada fue excesivamente feliz.

Esta secuela retoma temas como la amistad, la adicción y la crítica a la sociedad actual, con una nueva versión del discurso "choose life" que se convirtió en pieza icónica de Trainspotting.

T2 aprovecha el éxito de su antecesora y dispone de más presupuesto, que se traduce en una calidad superior de efectos y técnica que la primera, que se suma al estilo frenético y sobrecargado de su director, Danny Boyle.

También tiene un mayor tono de comedia que su predecesora. Las risas son frecuentes, y los personajes tienen un desarrollo más positivo, llegando a finales bastante felices para casi todos ellos.
En su visita a Montevideo en setiembre del año pasado, el autor de la novela homónima que inspiró estos dos filmes, Irvine Welsh, dijo que los que buscaran más de lo mismo en T2: Trainspotting se iban a "decepcionar".

La película ofrece en varias ocasiones más de lo mismo, pero también tiene grandes diferencias en su tono, sus temas y su estilo visual que la hacen una continuación digna y una historia que vale la pena disfrutar. l

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