Takata cambia su estrategia y asegura trabajo por seis meses

La multinacional japonesa busca ayuda financiera e incluso podría cambiar su nombre
La multinacional japonesa Takata, que se dedica a la fabricación de airbags y cuenta con una planta en San José, lleva adelante un cambio de estrategia a nivel global, luego que los defectos constatados en sus productos golpearon sus finanzas y afectaron la imagen de la marca. El tema no ha pasado desapercibido a nivel local y en los últimos días motivó la inquietud, tanto de los trabajadores como de las autoridades municipales, respecto a cuál será el futuro del emprendimiento industrial.

Durante una reunión con el sindicato de la planta, autoridades de la multinacional japonesa para América del Sur informaron que la compañía evalúa una variante de su estrategia, que podría implicar un cambio de nombre e incluso una asociación que posibilite una inyección de fondos. En principio, esa situación no afectará a los trabajadores de la planta de San José en lo inmediato. No obstante, la firma japonesa indicó que el mantenimiento de las fuentes laborales está asegurado solo por los próximos seis meses, según informó el diario maragato Primera Hora.

"(Los empresarios) nos transmitieron que de acá a fin de año la empresa necesita una inyección de capitales, que va a venir de algún inversionista que adquiera una parte de la empresa o la totalidad. Y podrá llamarse Takata o de otra forma pero que hasta fin de año va a funcionar normalmente", dijo a radio Uruguay el dirigente sindical Fernando Peña. "La empresa nos confirmó que por seis meses asegura los puestos de trabajo y que saldrá a buscar nuevos inversores, con lo que se apagó el rumor primario de un cierre", añadió.

La planta ubicada en las cercanías de Libertad emplea en la actualidad a unas 650 trabajadores. El Observador intentó comunicarse con autoridades locales de Takata, pero no obtuvo respuesta.
Por su parte, el asesor del área de Grandes Inversiones de la Intendencia de San José, Francisco Zunino, dijo a El Observador que hasta el momento las autoridades de la empresa transmitieron que las fuentes laborales se mantendrán y que la empresa seguirá buscando nuevos mercados. "Takata, como toda empresa internacional, siempre está buscando alguna alianza estratégica, alguna inyección de capitales, pero no está el riesgo que vaya a pasar nada especial con la empresa", afirmó el jerarca.

Ante las dificultades económicas que enfrenta, el fabricante nipón inició negociaciones con varios fondos de inversión de Estados Unidos para una posible ayuda financiera, según se informó a comienzo de junio.

Takata registró en 2015 pérdidas netas por US$ 119 millones, debido al incremento de los costos derivados de reemplazar sus airbags con problemas de fábrica en millones de vehículos en todo el mundo.

Los costos podrían ascender hasta US$ 10.000 millones, después de que las autoridades estadounidenses le instaran a ampliar las llamadas a revisión de vehículos equipados con sus airbag. Hasta junio, unos 100 millones de automóviles habían sido llamados a revisión en todo el mundo, entre ellos más de 40 millones de vehículos en Estados Unidos.

La empresa nipona acapara un quinto del mercado mundial de los cinturones de seguridad y de los airbags, y es proveedora de una decena de fabricantes automovilísticos –entre ellos los tres mayores del mundo, Toyota, General Motors y Volkswagen–, que han asumido hasta ahora parte de los costes de las llamadas a revisión.

Los fallos detectados en sus infladores (el encapsulado metálico en el que se aloja el airbag) hace que el dispositivo de seguridad pueda abrirse con demasiada fuerza y proyectar fragmentos a los ocupantes. Aunque Uruguay quedó exento de responsabilidades, los efectos negativos que enfrenta la compañía a nivel global podrían tener repercusión en la filial local. La planta de San José se dedica a la confección de las bolsas que luego se exportan a Brasil, donde se coloca el inflador que previamente es fabricado en México.

La conflictividad, una constante

Uno de los choques más fuertes entre la empresa y la Unión de Trabajadores del Metal y Ramas Afines (Untmra) se produjo en 2014 cuando el rubro dejó de regirse por los salarios del sector textil y pasó a tomar como referencia los del sector automotor, donde se gana más. Las diferencias por el tema se mantienen hasta hoy.

De hecho motivaron que la planta detuviera sus actividades la semana pasada por algunas horas. El convenio establece que cuando el proceso productivo requiere tareas incluidas dentro de una categoría superior deben ser asignadas a personal con antigüedad y no a nuevos funcionarios. Según el sindicato, la empresa no cumplió con dicho punto y eso motivó el último conflicto que será tratado mañana en el Ministerio de Trabajo.

Fuente: Con EFE