Tan pacatos como siempre

Hollywood nunca muestra a las mujeres de 50 desnudas o en la cama, para eso eligen a las jovencitas
Me contaba días atrás un profesor en una universidad estadounidense que una estudiante conservadora se escandalizó al ver la película chilena Gloria, en la cual una mujer en sus cincuenta largos y que vive sola tiene relaciones sexuales con un hombre de su misma edad.

El amor, cuando es más verdad que ficción, escandaliza. Si la mujer hubiera tenido treinta, nadie habría dicho nada, porque la juventud está sobrevaluada y se le permite todo.

Una mujer, después de los cincuenta, debe ser una mezcla de abuela y santa a la misma vez. Hollywood nunca las presenta desnudas y en una cama, pues para eso están las más jóvenes. Nuestra época, además de todo lo malo que tiene, también es pacata.

Acepta, por ejemplo, que una mujer joven salga con un hombre mayor, y hasta tolera con idolente condescendencia que el presidente estadounidense esté casado con una mujer 24 años más joven que él, pero genera conjeturas bordeando lo abominable si la diferencia de edad es a la inversa.

A Brigitte Trogneux se le ha llamado "asaltacunas", pues es mayor que su marido, Emmanuele Macron, nuevo presidente de Francia. La diferencia de años, 24, es la misma que entre Donald Trump y Melanija Knavs, sin embargo, el trato que le ha venido dando el periodismo mundial es bastante otro y muy diferente.

En lugar de ver una bella historia de amor salida de alguna película de la nouvelle vague (ideal para la primera etapa del cine de Louis Malle, mi favorito de entre todos ellos), un amplio sector del periodismo se ha tomado la relación prácticamente a la chacota, considerando incluso a la misma como una especie de pantalla para disimular una supuesta doble vida del joven mandatario francés.

A François Mitterrand le gustaban las mujeres jóvenes y los rumores sobre su vida privada eran siempre favorables. La vida matrimonial de Macron ha generado por el momento más ironía y conjeturas que halagos desinteresados.

Estamos en el siglo XXI, a punto de entrar en la tercera década, pero en muchos aspectos relacionados a la forma de interpretar costumbres y estilos de vida, todavía se observan peligrosos resabios de los tiempos de la Inquisición, sobre todo a la hora de juzgar la vida amorosa de los demás.

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