Teatro en cortas dosis

El grupo teatral liderado por Fernando Nieto Palladino presenta este domingo y el siguiente Reversión Micro en tres casas de Parque Rodó, reactivando un género que surgió en plena crisis española

Decía Albert Einstein que es en la crisis donde nace la inventiva. Algo de esto sucedió en 2009, en pleno debacle de la economía española, cuando a Miguel Alcantud se le ocurrió utilizar las trece habitaciones de un burdel abandonado en Madrid para recrear en cada una de ellas historias de no más diez minutos de duración para un máximo de diez personas. Su Microteatro por Dinero se convirtió rápidamente en un boom (a setiembre de 2015 se presentaron 915 obras de 433 autores, de acuerdo al diario ABC) y se extendió por varios países del mundo.

Algo de este combo entre crisis y creatividad también se cristaliza en la actualidad en el teatro uruguayo, de la mano del grupo Reversión. Se trata de un colectivo liderado por el excéntrico y talentoso Fernando Nieto Palladino, un biólogo de 35 años casi sin formación teatral devenido en creador del Etodrama, un método actoral que proviene de la etología (ciencia que estudia el comportamiento animal) aplicada a los humanos.

Reversión Micro se presentará los domingos 17 y 24 de abril en distintas casas

El creador de obras como Blu y Quiroga con la luz prendida (Florencio 2008 a Mejor texto de autor nacional), que en junio estrenará en la Sala Verdi Juegos mecánicos, presenta junto a su grupo Reversión Micro los domingos 17 y 24 de abril, después de haber realizado funciones en marzo. El espectáculo cuenta con cuatro piezas de corta duración que se realizan en tres casas próximas al Parque Rodó, en la que habitan algunos de los integrantes del grupo. El público, un máximo de 12 personas por obra, puede optar por ver todo el paquete o elegir las piezas que le interesen.

Nieto Palladino, quien ofició como tutor de las puestas, comentó a El Observador que la idea del microteatro surgió para potenciar nuevas dramaturgias y direcciones pero también como forma de contrarrestar "la situación crítica en cuanto a subvenciones al teatro" y de desarrollar propuestas de bajo presupuesto que permita a los artistas obtener un dinero por su trabajo. Más allá del motivo, el resultado es muy prometedor.

Reversión Micro se inscribe en una tendencia que en Buenos Aires ya se ha instalado hace algún tiempo pero que en Montevideo va creciendo de a poco. El año pasado, por ejemplo, el colectivo La Quimera Hogar Cultural presentó Domingos de Microteatro y en la actualidad el Centro Cultural de España tiene abierta la convocatoria Microescena 2016 para obras que no superen los 15 minutos.

Experiencia voyeur

La cita es a la hora 20 en una casa al final de un largo pasillo a dos cuadras de Parque Rodó, hogar de Nieto Palladino, quien no pasa desapercibido con su flacura alargada. La gente se junta en el patio, la música suena fuerte, algunos fuman. Pronto, alguien divide al tumulto en cuatro y uno de los subgrupos es llevado hacia otra casa a dos cuadras, cruzando Bulevar España. Allí, en esa vivienda que parece de mediados del siglo pasado, el espectador se siente por vez primera un voyeur, experiencia que explica en parte el atractivo de esta propuesta.

Una mujer enfundada en un camisón con transparencias se peina y perfuma mientras desborda de excitación por la espera de su amante y le habla a esos intrusos que se instalan en su cuarto con la indolencia propia del fisgón. Ella, la actriz Bettiana Pastrana, es, por el contrario, pura pasión, algo que se exacerba con la llegada de Leonardo Lorenzo Pérez. La pieza Te digo te amo, de Pilar Roselló y Pablo Auliso, dirigida por este último, es fuerte y muy interesante en su juego con el espectador, que queda un tanto descolocado por esa intensidad. "¿Hay que aplaudir?", pregunta alguien al final, confuso por los límites del juego escénico.

De vuelta a la casa de Nieto Palladino, allí se presentan dos obras. Una es La mujer, el cordero y los lobos, con texto y actuación de Viviana Stagnaro, que retrata la culpa de una joven que fue testigo silenciosa de un acto trágico de bullying. El otro es Víctor, de Bruno Guerra Darriulat, con actuación de Fran Esmoris, sobre un extraño ser (¿un robot? ¿un clon?), que intenta grabar un mensaje muy importante y que tiene trazos de la estética expresionista de Blu.

Ambas obras gozan de textos interesantes, atmósferas opresivas y un logrado trabajo de los actores, formados bajo la metodología de Nieto Palladino, que pone el acento en las sensaciones físicas primero, para que estas luego decanten en una historia. No obstante, un aspecto a mejorar para Reversión Micro es acortar un poco el tiempo que transcurre entre obra y obra para que no se pierda esa intensidad tan bien lograda.

La más conmovedora de las cuatro historias seguramente sea Lemon Pie, que se presenta en un apartamento en 21 de setiembre y Libertad. La actriz Laura Fedele deslumbra al encarnar a una mujer que espera en vano a su marido mientras la memoria le juega trucos y su hijo (Emanuel Sobré, quien es el autor y director de la pieza) se niega a que ella viva en una mentira. Lemon Pie condensa muchos sentimientos en un tiempo reducido. Los espectadores, acomodados en el living de la casa, se ven asaltados otra vez por la sensación voyeurística y hasta prueban un poco del aludido postre.

En definitiva, el resultado de Reversión Micro es muy satisfactorio para el público y para el colectivo artístico, que ya está pensando en nuevas obras a estrenar en este formato. Quién sabe, quizás sean solo los albores de un tipo de teatro que pronto también se multiplique en Uruguay.

Para asistir al espectáculo hay que escribir un mail a microreversion@gmail.com y esperar direcciones.


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Acerca del autor

Fernanda Muslera

Colaboradora de O2 / Tendencias