Teatro íntimo a larga distancia

El proyecto Long Distance Affair, de las neoyorquinas Ana Margineanu y Tamilla Woodard, ofrece una experiencia dramática personalizada a través de Skype

En tiempos en los que se hace cine con teléfonos celulares y se lee en tabletas electrónicas, resultaba extraño que el teatro no hubiera explorado en demasía las potencialidades tecnológicas. La naturaleza de la interacción es a todas luces desafiante, teniendo en cuenta que la magia de este arte se cimienta en la experiencia presencial del espectador.

Sin embargo, las artistas neoyorquinas Ana Margineanu y Tamilla Woodard, que conforman  Pop Up Theatrics, han creado un espectáculo con ánimo de revolucionar el teatro y con el potencial de convertirse en una tendencia en expansión.

Su proyecto, Long Distance Affair (Asunto de larga distancia), que se desarrolló en el hotel Gershwin de Nueva York del 5 al 28 febrero, no solo ha recibido muy buenas críticas y una extensa cobertura por parte de medios de comunicación de todo el mundo, sino que pronto se presentará en otros países.

Se trata de una experiencia de teatro personalizado por el cual el espectador cambia la sala del teatro por la de un hotel y el escenario por una computadora. Una vez en situación, elige tres “affaires” (como les llaman las autoras a las piezas teatrales, en  alusión a la connotación romántica de la palabra). De esta forma, se accede a tres pequeñas representaciones de 10 minutos cada una, interpretadas por actores de distintas partes del mundo desde sus propias casas.

La particularidad del proyecto no solo radica en la intermediación de la tecnología y la experiencia individual e interactiva del espectador, sino en la colaboración de más de 30 artistas de los cinco continentes. Cada obra fue escrita por un dramaturgo de un país, representada por un intérprete de otra nación y dirigida durante los ensayos por un realizador de un lugar diferente. Para ellos Skype también fue la forma de comunicación y la obra es el resultado del trabajo conjunto de este trío creativo a larga distancia.

Inolvidable

Haciendo honor al proyecto, la entrevista no podía ser por otro medio que por Skype y desde el propio hogar de Margineanu, quien con  un bebé a cuestas y junto a Woodard recibieron a El Observador

La idea surgió por la experiencia de las autoras en el uso de Skype (Margineanu es originaria de Rumania y utiliza el servicio de videoconferencia para conectarse con su familia) y a partir del interés por trabajar con artistas de distintas partes del mundo sin que el dinero y la distancia fueran un obstáculo. Que el proyecto se realizara en un hotel –sostuvo Margineanu– está motivado en que sintieron que era un espacio muy apropiado para conocer gente de otros países de forma temporal.

A pesar de la que por la naturaleza individual del espectáculo solo unas 200 personas han podido presenciar la obra en el hotel Gershwin, las creadoras dicen estar “sobrecogidas” por la reacción del público.

A través de la cámara de Skype mostraron una gran caja llena de las 500 postales que los espectadores escribieron al terminar de ver las obras. Muchos de los mensajes se asemejan a dedicatorias amorosas, pero la inmensa mayoría del público, indicaron las dramaturgas, coincidió en un adjetivo para describir la experiencia: “inolvidable”.

“La intimidad de la representación y la brillantez de los intérpretes pueden crear magia. El actor está a miles de kilómetros pero lo sientes muy cerca y puedes ver los detalles, su cara, sus reacciones”, comentó Woodard. “Este tipo de conexión es lo que hace que la gente se enganche tanto”, añadió.

Si bien las obras tienen un guión que siempre se respeta, la interacción con el público es clave y aunque el espectador sabe que se trata de pura ficción, muchas veces termina haciéndole confesiones a sus interlocutores.  

La temática de las obras varía pero siempre tiene relación con el país al que pertenece el actor. Así, por ejemplo, la historia que desarrolla la actriz Monina Bonelli en Buenos Aires –escrita por el dramaturgo estadounidense radicado en Moscú John Freedman– versa sobre el Plan Cóndor en Argentina. Pero también hay espacio para la comedia, como la historia de un hombre que quiere hacer un show de cocina y le pide al espectador que juzgue su performance.

A partir de la buena recepción del proyecto las autoras volverán a presentar la experiencia en Nueva York y en festivales de teatro en Europa y México, y esperan extenderse en el mundo.
La aspiración puede parecer grandilocuente pero si hay algo que los nuevos tiempos han evidenciado es que en un mundo globalizado y tecnológico las tendencias pueden propagarse a ritmo de virus. “Es una obra con la que es muy fácil de viajar; el actor no necesita salir del living de su casa”,  concluyó Margineanu, mitad en broma pero muy en serio.


Fuente: Fernanda Muslera

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