Técnicos del MSP cuentan aspectos no divulgados oficialmente sobre el dengue

Experto asegura que la ausencia de frío persistente en 2014 y 2015 resultó fatal
En 1841 se exhibió en Montevideo la pintura de Juan Manuel Blanes sobre la fiebre amarilla, mal que había arrasado a Buenos Aires y que en la capital uruguaya apareció a comienzos de siglo y para 1857 había causado cerca de 2.500 muertos en la ciudad.

¿Qué relación tiene aquel por entonces terrorífico mal con la actualidad? Hasta hace unos meses ninguna, ahora sí: el mismo vector que provocó la fiebre amarilla a comienzos del siglo XIX está causando ahora otra enfermedad entre los uruguayos: el dengue. Uno y otro mal solo se contagian por la picadura del mosquito Aedes aegypti. La diferencia es que para la fiebre amarilla se encontró una vacuna y dejó de ser una preocupación mientras que para el dengue no, y es el nuevo cuco de Uruguay, luego de haber sido por más de dos décadas el único país de la región libre de dengue.
Este asunto histórico era para muchos desconocido, como algunos datos actuales vinculados al dengue que las autoridades políticas han evitado mencionar o han relativizado, seguramente para no aumentar la alarma. Pero para los científicos que dentro del MSP trabajan en el tema, el pan es pan y el vino, vino, y revelaron algunos de estos datos.

La subdirectora general de la Salud del Ministerio de Salud Pública (MSP), Raquel Rosa, dijo que el hecho de que el transmisor sea un mosquito juega un papel de temor en la gente ante un mal que bien tratado es totalmente curable.

Tirando al aro hace 19 años
Al ser interrogada acerca de la casualidad que implica que, en un país donde no había dengue autóctono, un mosquito –no cualquiera sino un aedes, que no es tan habitual en Uruguay– pique a alguien que tiene dengue importado y luego haga lo propio con un ciudadano sano, Rosa tuvo una respuesta breve y elocuente: "Lo que pasa es que hace 19 años que viene tirando al aro. Hace 19 años que advertimos. Al final el mosquito embocó".

En 1958 hubo una campaña continental que erradicó el dengue, que quedó aislado en las Antillas. En Uruguay la última epidemia se dio en 1917, sobre todo en Paysandú.

"Hasta que nos dimos cuenta de que por los cambios ambientales era imposible detenerlo. Al final, en 1997 aparecieron en Colonia las primeras larvas de aedes, seguramente traídas por turistas o visitantes argentinos. El mejor escenario para Uruguay es que no quede endémico pero que siga habiendo epidemias en otoño y primavera", dijo Rosa.

Visión descarnada
Mientras que las autoridades más visibles del MSP divulgan datos oficiales a fin de informar a la población, en reserva, un grupo de técnicos trabaja en una comisión interdisciplinaria dentro de la secretaría de Estado y maneja datos y conceptos hasta ahora poco difundidos, quizá porque por su tecnicismo pueden confundir a los menos informados.

César Basso, hermano del ministro de Salud Jorge Basso, y de profesión entomólogo, dijo que esta comisión hace un abordaje ecosistémico, ya que la salud se vincula con médicos pero en este caso, al ser el vector un animal, "hay una serie de vínculos determinantes".

"Hay que trabajar sobre lo que en la región se conoce como los nuevos territorios. Somos los nuevos territorios para el dengue. Pero nuevos territorios también es el sur de Europa y parte del sur de Estados Unidos", dijo Basso.

"Nuestra referencia no es el norte argentino, de donde pudo provenir pero que tiene características muy distintas a las nuestras, sino Buenos Aires, que tiene dengue desde 2007", añadió.

"A diferencia del culex (mosquito común), el aedes pone los huevos en paredes y cuando el agua lo toca se desarrolla dentro del huevo, llega a pupa y sale al adulto. Esta enfermedad tiene la particularidad de que se origina en medios humanos, es el hombre quien debe evitar las condiciones y por eso se pide eliminar el agua de los recipientes", dijo Basso.

La antropóloga Sonnia Romero tiene discrepancias con parte del lenguaje que usan las autoridades del MSP. De hecho, Rosa había dicho que el dengue surgió en zonas como Pocitos, que no estaban muy "cacharrizadas". Romero dice que hablar de descacharrizar es algo ajeno al lenguaje local. "Cacharros alude a cosas de barros, es más propio de otros pueblos. El lenguaje es importante para transmitir estas cosas", dijo la antropóloga.

Tampoco estuvo de acuerdo con los carteles que propalaban "país libre de dengue" cuando en realidad era más efectivo algo que pusiera el énfasis en evitar al dengue.

Una respuesta a por qué llegó
Basso también fue enfático en que "la erradicación es una fantasía. Los insectos tienen 400 millones de años y eliminar algunos es destruir el planeta. Hay una intervención fuerte que no es sustentable; ahora hay que manejarlo y mantenerlo en cifras por debajo de los umbrales de transmisión".

Otra definición que a las autoridades sanitarias les costaría manejar en una conferencia: "Se puede dar, pero no está demostrado que la larva infectada, cuando se haga mosquito, si pica, transmita la enfermedad. De lo contrario serían mayores las contaminaciones", dijo Basso.

Más aun: "Si en junio te pica un mosquito infectado es seguro que no contagie porque el virus tiene que madurar dentro del mosquito. El riesgo baja".

Mario Caffera, climatólogo, dijo que todos en Uruguay esperaban al dengue desde Brasil pensando en el cambio climático, pero llegó por Buquebus desde Argentina.

"El cambio climático es importante pero es un cambio lento; lo que tiene un poder que antes no, son las cuestiones antropogénicas, humanas, la posibilidad de movilizarse y trasladar enfermedades de un lugar a otro", agregó.

Incluso dentro de zonas de ciudad donde hay más posibilidades de que haya agua estancada, como los barrios periféricos, generan poblaciones que se trasladan por la ciudad y si son picadas transmiten la enfermedad de un lugar a otro. El primer caso fue en Pocitos.

Sin embargo, el climatólogo terminó por darle preponderancia al clima en la aparición del aedes y, con él, la enfermedad: contó que el insecto vive 17 días en zonas templadas, y si en 13 días no puede volar por el clima frío, muere.

"Salvo los dos últimos inviernos, 2014 y 2015, no hubo períodos de 13 días con 14 grados (que es el límite para que el mosquito pueda volar). Desde 1996 no hubo condiciones para que los mosquitos vivieran porque siempre hubo más de 13 días en los que no podía volar por la temperatura.

Solo dos inviernos en 20 años generaron condiciones para que el mosquito volara antes de morir con 17 días de vida, los de 2014 y 2015. O sea, hubo menos de 13 días con temperaturas que le permitieron vivir. "Para nosotros eso fue clave".

Los expertos afirmaron que la fumigación ejerce un papel psicológico en la población, ya que "no tiene efecto en la reducción de (mosquitos) adultos", dijo Basso.

El porqué del miedo y un alerta por leishmaniasis
Acerca de la preocupación de la población y la diferencia entre el dengue y otras enfermedades, la subdirectora general de Salud del MSP dijo: "Los números reales indican que matan más las enfermedades infecciosas, las cardiovasculares o los accidentes, pero son cosas que dependen directamente de las personas, mientras que aquí hay un agente externo, alguien que nos viene a matar". Rosa dijo que no hay comparación entre la peligrosidad del dengue con la de enfermedades infecciosas que matan a niños, sobre todo de contexto crítico. En todo caso, en tren de preocuparse, los uruguayos deberían atender más a la leishmaniasis que se contagia de los perros, "que está ahí en la puerta y de la que casi nadie habla", dijo la doctora.La leishmaniasis es causada por un protozoo parásito del género Leishmania, transmitido por la picadura de flebótomos infectados, y es mortal en el 90% de los casos si no se realiza un tratamiento adecuado. El dengue es un juego de niños a su lado.

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