*Por Rafael Fernández |@rafauy
No tuve dudas cuando me convocaron a seleccionar una charla TED que me inspirase. Entre miles de ideas que buscan generar un impacto positivo en la educación, salud, o mejorar nuestra vida a través de la tecnología, elegí una que va a la génesis de esas buenas ideas.
Hace dos años, intentando darle identidad a nuestra propuesta, empezamos a diseñar con la agencia digital Pinky! una serie de encuentros, rondas de café, que acercaran el público a áreas como periodismo, publicidad, marketing, tecnología e historias de emprendedores. Los difundiríamos en tiempo real por internet y alentábamos la participación a través de las redes sociales. Buscábamos generar acción a través del intercambio.
Mario Celano, uno de los panelistas convocado por tener una historia emprendedora inspiradora, me tuiteó un link con el mensaje “esto es lo que querés hacer @rafauy”. Pocos días antes Steven B. Johnson había presentado en Oxford su charla “De donde provienen las buenas ideas”. Una investigación, que generó un libro del mismo nombre, con la que buscaba romper el mito de los “momentos eureka”, esos instantes de inspiración individual que (supuestamente) generaban avances significativos en el conocimiento. Por el contrario, promovía el concepto de “redes líquidas” en el que ese conocimiento era generado en interacciones, muchas veces casuales.
Y su historia comenzaba precisamente en un café. “The Grand Café” en Oxford, fundado en 1650, donde alcohol mediante, se realizaban las tertulias de la época. La charla de Johnson nos decía que no inventábamos nada, como bien saben quienes vivieron la época de oro del Sorocabana, pero reafirmaba la importancia de devolver espacios (y costumbres) que nuestra sociedad había perdido, a las nuevas generaciones.
* @rafauy es director de @amarettocafe