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2012

La nueva guerra

Los virus informáticos son los ejércitos del futuro: los usó Estados Unidos contra Irán, abriendo la puerta a una nueva era de conflictos bélicos

En tiempos en que la guerra se ha vuelto pornográficamente explícita –basta ver Siria, Libia o Irak- hay una batalla silenciosa que es clave para explicar el conflicto bélico que sobrevuela en el horizonte: Irán.

El arma tiene nombre: Stuxnet. Se trata del virus informático más dañino alguna vez creado, con un código 50 veces mayor al de alguno de los que diariamente entra a cualquier computadora del planeta. Un arma pesada, que necesita de ejércitos de programadores pensando la mejor manera de hacer daño y millones de dólares invertidos en su desarrollo.

Esta vez el hacker no fue otro que la Casa Blanca. Lo introdujo en 2008 en la planta de Natanz, Irán, el principal centro del enriquecimiento de uranio del gobierno de Mahmoud Ahmadinejad. Según Teherán, el objetivo de ese proyecto es la investigación científica para combatir el cáncer. Según Occidente, se trata del paso fundamental para crear su propio arsenal nuclear, convertirse en una severa amenaza para Israel y terminar de convertir a Medio Oriente en un polvorín.

Hace rato que Estados Unidos buscaba una forma de desmantelar Natanz. Sin mucho margen de maniobra en un país con el que tiene las relaciones diplomáticas cortadas hace décadas, y con una credibilidad hecha trizas desde las armas que Bush nunca encontró en Irak, la inteligencia estadounidense apostó por meterse dentro de las computadoras. Con eso también intentaba calmar los ánimos de Israel, dispuesta a un ataque preventivo cuanto antes.  Así nació el Stuxnet, que incluyó la construcción de una réplica a escala de Natanz en Estados Unidos, donde se preparó el ataque, penetrando las máquinas de la alemana Siemens que trabajan dentro de planta, para luego expandirse al resto de los sistemas.

El resto fue fácil: se metió el virus en un pendrive, y se consiguió que se pendrive llegara hasta Natanz. El virus se expandió, y pronto provocó varios problemas, que lograron hacer retrasar el programa iraní. Pero en 2010 un error de programación llevó a que el virus se propagara a la red, y rápidamente atravesara el planeta. Millones de programadores se pusieron a investigarlo, y el arma secreta se volvió insólitamente pública.

Nunca nadie había confirmó de dónde había surgido, pero estaba claro que por su capacidad destructora necesitaba un Estado o una organización de gran escala detrás. 

Ahora se supo: era EEUU

La semana pasada el New York Times publicó una extensa investigación en la que, por primera vez, se aseguran hechos que hasta ahora sólo se sospechaban: no solo que el arma es estadounidense y salió del ejército de aquel país, sino que el presidente Barack Obama estaba completamente al tanto del programa. Lo recibió de manos de Bush cuando apenas pasaba del proyecto, y ordenó continuarlo y profundizarlo. Siguió cada uno de sus avances, y cuando se hizo público por error, decidió insistir.

Además, esta semana se conoció la existencia de otro virus, Flame, con un tamaño 20 veces superior a Stuxnet, aunque basado el espionaje y no en la destrucción. También ingresó a Irán, a Líbano e Israel. Y también se sospecha de Estados Unidos.

Para muchos fue una jugada inteligente de Obama: internarse de manera virtual en las instalaciones nucleares de Irán y perjudicarlas, sin tirar una sola bomba. Sin embargo su decisión le abrió la puerta a una nueva era de la guerra. Y además preparó el terreno para recibir en el futuro un ataque similar, ya sea de otro Estado o de una organización terrorista. Si no es que ya lo está sufriendo, y nadie se ha dado cuenta aún.

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