El poli bueno
Los chinos tienen acceso a todo, menos a la información libre. Y sus gobernantes están bien orgullosos de ese logro
“China ha demostrado que no sólo la democracia puede alcanzar un modelo exitoso”. Lo dice Ma Jisheng, director del Departamento de Información de la cancillería china, durante una de las entrevistas que tuvimos esta semana en Beijing junto a grupo de periodistas sudamericanos. Y aunque a los occidentales nos genere escozor, es un sentimiento del que los gobernantes chinos están orgullosos. A pocas semanas del Congreso del Partido Comunista donde se renovarán las principales autoridades, nada parece que cambiará demasiado. El mar de incomunicación y de censura seguirá tan campante, un contrasentido absoluto en el país donde más ha crecido el ingreso a internet, y donde los ciudadanos tienen cada vez más acceso a lo que se les plazca, menos a la información libre.
“Él es el poli bueno”, me cuenta unos días después un corresponsal extranjero, quien vive desde hace varios años en Beijing. Conoce bien cómo se manejan las internas del gobierno comunista, y ha sufrido más de un sutil “apriete”. En esa lógica, la policía es la parte dura, el que puede ir a la casa del periodista y sentarse a tomar el té mientras le pide sus papeles de residencia para controlar que esté todo en orden. O trancarle su acreditación de prensa, enlentecerle el acceso a internet, o hasta borrar en tiempo real el contenido de un chat que un periodista mantiene con un disidente, para dejarle claro que a ambos los están siguiendo en cada movimiento sensible. O como hace poco le ocurrió a un periodista inglés de Al Jazeera, expulsarlo del país por salir a la calle a preguntarle a la gente si sabía de la masacre de Tinananmen en 1989. Fue el primer periodista expulsado en más de 13 años en China.
La gente de cancillería es “el bueno”, los que tratan de demostrar que un poco de diplomacia -o en ocasiones directamente no caer en la torpeza de ir al bulto y ganarse el odio de la comunidad internacional- es necesario. Aunque a la hora de la opinión, al menos para el visitante extranjero, es muy difícil catalogarlos como otra cosa que no sea la vieja guardia.
Muchos internautas, mucha censura.
El discurso es claro: a quienes hablan de censura se le contesta con una catarata de números: China es el país con mayor crecimiento de Internet: 400 millones de internautas, 4 millones de blogs, las redes sociales más grandes del mundo. Y todo eso es cierto. Pero también lo es que todo está controlado a cada paso por el gobierno. Negarse a ese control es la razón de fondo por la cual Facebook y Twitter no pueden ingresar al país, y por la cual Google abandonó su versión china. Y por la que cada búsqueda de palabras sensibles está debidamente filtrada, como le contaré en los próximos posts.
“Se pueden ver las críticas al gobierno en las redes sociales chinas. El objetivo principal es facilitar la comunicación para 400 millones de internautas chinos. Tampoco se puede buscar una solución donde no hay una demanda, las versiones chinas cumplen muy bien los objetivos”, contesta Ma acerca de la ausencia de las dos principales redes sociales
“¿El problema más urgente que tenemos es Twitter y Facebook? Espero que me pregunten de asuntos más importantes. El gobierno debe elegir prioridades porque la energía y los recursos son limitados. La principal preocupación es vivir bien. El deseo más urgente aquí es vivienda y salud. Lo demás puede ser un deseo, pero no es urgente”, agrega el funcionario.
La respuesta es cínica. Porque que la educación, la salud y la alimentación de los chinos sean los problemas más importantes es indudable, pero no argumento suficiente para justificar la censura. Ese cinismo aparece en cada una de las respuestas. Si se le pregunta por el Tíbet, se dirá que Dalai Lama intentar hacer volver a la región al régimen feudal. Si el tema es el disidente Chen Guangcheng, entonces se dirá que a nadie le interesa lo que le pasa a una persona aislada. Y si el tema es Tianamnen, entonces bueno, eso ocurrió hace 20 años y a la gente ya no le interesa.
La "tragedia" china.
“Esa no es la imagen de China. Si los medios solo conocen el país por esos temas, entonces es una tragedia”, opina Ma, en una crítica a la falta de “buenas noticias”, que no suena nada rara en Uruguay. “China está tazando un camino peculiar de desarrollo, y eso debe ser un motivo de alegría para todos los países en vías de desarrollo y para los medios de comunicación. China ha demostrado que no solo la democracia puede llegar a un modelo exitoso, existen otras alternativas, aunque tampoco puede considerarse un régimen autoritario. El éxito de China merece un lugar para reflexionar, pero es no es noticia. Si la democracia solo trae desempleo, problemas en el sistema de salud y en la educación, entonces no es el camino que quiere ningún país. Deng Xiao Ping decía: no importa el color del gato si puede cazar ratones”, ya más cómodo en la defensa del sistema.
Ma nos pide objetividad, y que no nos alineemos a lo que “los medios occidentales” hablan de China, como si nosotros fuéramos uzbekos o afganos. Quizás es el reflejo de cómo nuestros gobernantes, cuando se reúnen con sus pares chinos en pos de conseguir inversiones o mercado para los productos nacionales, dejan bien escondida esa preocupación por las violaciones de DDHH –similares a los que muchos jerarcas sufrieron durante las dictaduras latinoamericanas-. Optan por presentarse con una lógica de países no alineados, como si eso significara no defender derechos fundamentales. Y le dan impulso a que Beijing siga anteponiendo la teoría conspirativa de que EEUU busca un mundo unipolar y por eso manda a los medios a buscar lo peor de China. Esa complicidad es lo que le ha permitido a Beijing otra “tragedia”: que su espectacular crecimiento económico esté hoy bien lejos de la libertad política de sus ciudadanos.
Las opiniones:
Sobre Chen Guangcheng–el abogado defensor de DDHH ciego, que hace pocos días escapó de su prisión domiciliaria y se exilió en EEUU- Ma opta por la descalificación. “Lo que sé de él lo puedo explicar en un minuto, porque tampoco me interesa. Se trataba de un preso que cumplía con su pena de arresto domiciliario. Los medios confunden derechos humanos con críticas al gobierno, por eso lo buscan. Como China es un país grande, con 1.300 millones de habitantes, no es difícil encontrar gente que critique al gobierno. Ese reportaje tuvo mucha repercusión en los medios occidentales, que hacen su propio juicio. Los medios chinos no tienen interés en esta historia”.
Sobre la masacre de la Plaza Tiananmen: “Es increíble que estén inmersos en lo que ocurrió hace 20 años. Hoy la gente de 20 años no sabe lo que pasó en la Plaza Tiananmen".
Las críticas a los medios occidentales: “Durante años las noticias de occidente han estado basadas desde un punto de vista ideológico. Los reportajes de CNN o BBC tienen un enfoque muy concreto, siempre se hace foco en el gobierno”.
¿Porqué se expulsó a un periodista de una cadena como Al Jazeera, a la cual no se puede acusar de estar alineada a EEUU? “La mayoría de los periodistas de la cadena Al Jazeera son occidentales. El motivo concreto es que los periodistas han roto los reglamentos porque han trabajado sin mostrar su identificación”.
1 Comentario
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Mario B - 16.06.2012 - 21:18 hs
No se por qué pero este artÃculo no me causó nada nuevo, no veo la "noticia" que nos quiere aportar. No se por qué los periodistas se obsesionan tanto por estos temas que terminan provocandole rechazo a los lectores. A mi qué me importa si en China no pueden acceder a twiter y facebook, estoy de acuerdo con los gobernantes chinos, para qué les sirve?





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