Fútbol en China: vergüenza nacional
El bajo nivel de la liga local y la enorme corrupción que lo rodea son una mancha en el orgullo del gigante; pero los millones de fanáticos tienen argumentos para volver a creer
En China, el fútbol es una gran vergüenza nacional. Un país que se abre camino a fuerza de su poder, que se reivindica como una de las potencias emergentes, que en 2020 será la principal economía mundial, es una lágrima en el deporte más popular del planeta. Y lo más irónico es que también es pasión en China. El jueves, ya en Shanghai, escuché un grito desaforado a las 2:30 de la mañana. Era un hincha de Inglaterra festejando el primero gol en la victoria 3-2 ante Suecia. También lo había verificado recién llegado al aeropuerto, cuando el funcionario de migraciones me preguntó si iba a mirar la Euro al momento de corroborar en el pasaporte mi profesión de periodista. Los bares tienen carteles anunciando los partidos de la euro en la madrugada, y hasta diarios presentan notas con médicos que recomiendan cómo atravesar las madrugadas futboleras y no ser un zombie al día siguiente.
Sin embargo, la selección apenas ostenta una clasificación al Mundial de 2002. Y según muchos, eso se debe a la enorme corrupción que envuelve al fútbol chino. Una estructura de apuestas clandestinas y arreglos de partidos, que han arruinado la credibilidad del deporte y obligado a huir a varios sponsors.
De hecho, esta semana la justicia procesó a varias figuras de renombre del fútbol chino: entre ellos el ex presidente de la federación, el ex entrenador del seleccionado y dos de las máximas figuras del equipo mundialista de 2002. La noticia tuvo una amplia repercusión en la prensa china –entra dentro del margen aceptable de “malas noticias” que el gobierno tolera que sean publicadas-. Así, el país tiene la esperanza de que el sistema se haya limpiado y que se pueda soñar con crecer y estar a la altura de Japón o Corea, las potencias regionales. “La gente no se daba cuenta que la pobre performance del fútbol chino radicaba en lo instalada que la corrupción estaba en el sistema”, opinó en la prensa Zhu Lija, analista de la Academia China de Gobernanza.
Pero no todos los piensan así. El famoso ajedrecista Mie Weiping se quejó de que la ofensiva no había sido suficientemente amplia. “No fue una campaña exhaustiva. Muchos han escapado del castigo”, dijo al Global Times.
Lo cierto es que llevará un tiempo volver a enganchar a la gente con el fútbol nacional, sobre todo cuando las estrellas europeas cada vez son más estrellas de rock, mientras los chinos ocupan cárceles estatales. “La gente ya ha dejado de tener esperanzas en el fútbol”, me cuenta uno de los traductores chinos que nos acompaña en el viaje, uno de los tantos que se ha desilusionado con los escándalos de corrupción. A eso se le agrega otro problema: con el boom económico, los terrenos verdes escasean cada vez más, por lo que el fútbol termina siendo un show para ser visto y no un deporte para ser practicado.
Sin embargo, los pases millonarios no han dejado de darse. La estrella del Guangzhou Evergrande –el actual campeón nacional- es el argentino ex Fluminense Darío Conca, quien se ha transformado en el tercer futbolista mejor pago del planeta, con un contrato de 26,5 millones de euros por tres años. Ahora acaba de arribar el paraguayo Lucas Barrios, por 8,5 millones de euros al año. Con ellos, los chinos buscan retomar el brillo de la liga local, y que eso lleve a que su selección deje de ser una mancha en el orgullo nacional.





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