Tillerson, ante el desafío de enfrentar una revolución interna

Cientos de diplomáticos de EEUU se oponen al decreto migratorio de Trump
Con el telón de fondo de la controversia generada por el decreto migratorio del presidente estadounidense Donald Trump que restringe el ingreso de los ciudadanos de siete países musulmanes, el empresario petrolero Rex Tillerson asumió ayer como nuevo secretario de Estado con un mensaje claro en favor de la unidad.

En círculos diplomáticos, el polémico decreto presidencial conocido el pasado viernes cayó como un baldazo de agua fría. Incluso, varios medios informaron que centenares de funcionarios con rango diplomático –algunas fuentes de la cancillería estiman que son alrededor de 1.000– se oponen fervientemente a la medida que limita el ingreso a Estados Unidos de musulmanes como forma de "proteger" el país de "terroristas extranjeros".

El decreto de Trump suspende por 120 días el ingreso a Estados Unidos de refugiados (para aquellos provenientes de Siria el plazo es indefinido) y por 90 días para ciudadanos de Irak, Irán, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen.

Directivas

Por eso, el flamante responsable de la política exterior estadounidense marcó la cancha y en los hechos instó a dejar de lado diferencias ideológicas en pos de preservar las políticas impulsadas por el gobierno.

Tillerson asumió con un pedido de unidad a un Departamento de Estado, claramente dividido a raíz de la nueva política para inmigrantes y refugiados.

"Cada uno de nosotros tiene derecho a expresar sus convicciones políticas. Pero no podemos permitir que nuestras convicciones personales se impongan sobre nuestra capacidad de trabajar en equipo", dijo Tillerson en el hall de entrada del departamento de Estado.

El exresponsable del gigante petrolero ExxonMobil había recibido el miércoles luz verde del Senado y esa misma noche Trump le tomó juramento en la Casa Blanca.

Tillerson habló ante los funcionarios del Departamento de Estado reunidos en el salón donde se ubican las banderas de los países con los que Washington mantiene relaciones diplomáticas, y fue entonces cuando lanzó su llamado a la unidad.

"Sé que esta ha sido una elección calurosamente disputada y que no todos sentimos lo mismo con relación a su resultado", señaló Tillerson.

Disidencia

El mensaje de unidad de Tillerson es una referencia a la enorme y clara disidencia formada en el interior de la diplomacia estadounidense a raíz de los decretos firmados el viernes.
En respuesta, un número no divulgado oficialmente de diplomáticos y funcionarios del servicio exterior adhirieron a una carta de disenso, transmitida formalmente por los canales previstos en el departamento de Estado.

A inicios de esta semana, el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, había dicho en una conferencia de prensa que los burócratas del Departamento de Estado debían "seguir el programa o irse".

El nuevo secretario de Estado tendrá por delante la compleja tarea de reconstruir la unidad interna del aparato diplomático para hacer valer las políticas definidas en la Casa Blanca.
El primer día de trabajo de Tillerson ocurrió poco después de que trascendiera el desastroso final de una llamada telefónica el fin de semana entre Trump y el primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull.

Con relación a la gigantesca maquinaria diplomática estadounidense, Tillerson se comprometió a analizar la necesidad de efectuar cambios en su estructura y funcionamiento. "Hacer cambios solo por hacerlos puede ser contraproducente y nunca será mi estilo. Pero no podemos mantener tradiciones ineficientes por sobre resultados mejores", dijo el nuevo secretario de Estado.

Tillerson no especificó cuáles serían las "tradiciones ineficientes" que se propone modificar.
En la mañana, en un encuentro con líderes religiosos, Trump había elogiado a su secretario de Estado, en especial por la estrecha relación que el nuevo jefe de la diplomacia estadounidense tiene con autoridades del gobierno ruso, incluyendo al presidente Vladímir Putin.

"A algunos Rex (Tillerson) no les cayó bien porque realmente se lleva bien con líderes de todo el mundo. Pero hay que entender que eso es algo bueno, no algo malo. Es respetado en todo el mundo y creo que será uno de nuestros mejores secretarios", dijo Trump.

Berkeley e Irán

Donald Trump amenazó ayer con cortar el financiamiento federal a la universidad californiana de Berkeley, donde cientos de estudiantes se enfrentaron con la policía contra la conferencia que debía dar Milo Yiannopoulos, polémico editor del sitio ultraconservador de noticias Breitbart, de donde era director Steve Bannon, hoy jefe de estrategia de Trump y considerado el poder en las sombras en la Casa Blanca .

Asimismo, Trump advirtió a Irán por su reciente ensayo de misil, una acción estimulada por el "desastroso" acuerdo internacional.

Cortó el teléfono a primer ministro

El presidente estadounidense Donald Trump interrumpió de manera abrupta una conversación telefónica con el primer ministro australiano la semana pasada, informó The Washington Post.
Según el diario, Trump interrumpió la comunicación con Michael Turnbull tras criticar el acuerdo para reubicar refugiados y exaltar su victoria electoral de noviembre.

Australia es uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos, uno de los llamados "cinco ojos" con los que Washington comparte información sensible.

De sus cuatro conversaciones telefónicas con líderes mundiales la semana pasada, "esta fue la peor, por lejos", habría dicho Trump a Turnbull, según el Post.

El artículo afirmó que Trump dijo a Turnbull que, con la medida, Australia exporta hacia Estados Unidos "a los siguientes terroristas de Boston".

Al ser consultado ayer sobre el informe del diario estadounidense, el primer ministro australiano respondió: "Agradezco su interés, pero es mejor que estas cosas, que estas conversaciones, sean francas y privadas. Puedo asegurarles que la relación es muy fuerte", agregó.

El relato del Post es bastante diferente del informe oficial ofrecido por los gobiernos luego de la conversación entre ambos.

Turnbull había señalado el lunes que con Trump acordaron honrar el acuerdo alcanzado con el expresidente demócrata Barack Obama para reubicar a un número no especificado de las 1.600 personas que Australia alberga en centros de Nauru y Papúa Nueva Guinea.

Existen temores de que Trump rescinda el acuerdo tras promulgar un decreto antiimigratorio que suspende el ingreso de refugiados y ciudadanos de siete países musulmanes.

"No quiero a esta gente", dijo Trump, afirma la historia publicada por el Post.

Tras el informe del diario, el presidente puso en duda al acuerdo a través de la red social Twitter, en la que suele comentar varias de sus medidas de gobierno.

"¿Pueden creerlo? La administración Obama acordó recibir miles de inmigrantes ilegales desde Australia. ¿Por qué? Estudiaré este acuerdo tonto", escribió.

Fuente: El Observador y agencias

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