Todo sigue teniendo música

Ell Día del Músico en Argentina recuerda el nacimiento de Luis Alberto Spinetta; el 8 de febrero se cumplen cuatro años de su muerte y su legado sigue más que vigente
En noviembre del año pasado se editó el álbum Los Amigo de Luis Alberto Spinetta. El disco, un EP de siete canciones recupera grabaciones hechas por el músico junto al bajista Daniel Ferrón y al baterista Rodolfo García en 2011. Son temas grabados en dos días en el estudio de Spinetta, con los tres músicos tocando en vivo con muy pocos añadidos posteriores. Pese a que es posible adivinar que Spinetta hubiera regrabado sus partes vocales o hubiera pulido más el material, el contenido del disco suena como un trabajo completo y no a un intento de lucrar con el nombre del artista. Y en él hay canciones como Iris o Bagualerita que podrían sin problema ponerse entre las mejores del músico.

El álbum fue un éxito de ventas en Argentina, superando incluso a 25 de Adele.

Spinetta nunca fue un músico masivo pero sería injusto decir que fue un artista ignorado. El músico tuvo la suerte de tener un público muy fiel que lo siguió desde el inicio de su carrera, lo que le permitió dedicarse siempre a su arte. Y gozó de una unanimidad crítica que distinguió al músico como uno de los artistas más importantes del Río de la Plata.

Pero la magnitud de su obra (en cantidad y calidad) y la influencia que esta ejerció en infinidad de colegas casi nunca se correspondió al éxito comercial. Spinetta fue muchas veces el ejemplo perfecto del músico siempre nombrado como referencia, pero muy poco difundido y escuchado.
La gran difusión de este disco póstumo puede dejar un gusto agridulce, ya que gran parte de la discografía del músico pasó en su momento bastante inadvertida. Pero no habría que echarle la culpa solo al morboso gusto por lo póstumo, a como funciona el negocio de la música o a la ignorancia de los grandes medios.

Entrar a la música de Spinetta siempre exigió un esfuerzo, que además tuvo obstáculos adicionales, que fueron puestos por el propio músico y por el pedestal de genio que seguidores y críticos le fueron construyendo.
Spinetta fue un intransigente a la hora de elegir los repertorios de sus recitales que casi nunca miraban hacia atrás ni repasaban sus escasos éxitos populares. En más de 40 años de carrera lanzó solo un álbum retrospectivo y su discografía fue difícil de conseguir y muy mal reeditada.
A su vez, los seguidores incondicionales del artista se han comportado a veces como una secta de fanáticos elegidos, magnificando el supuesto hermetismo de su música.
Puede dar resquemor escuchar la música de alguien tan reiteradamente calificado de genio. Pero, al igual que sucede con otros grandes artistas "endiosados", si se entra a su obra sin prejuicios la recompensa es grande.

El sello

En el mito fundacional del llamado rock argentino hay tres nombres claves: Manal, Los Gatos y Almendra. Estas tres bandas simbolizan una nueva manera de ver el rock desde un lugar periférico a su sitio de origen, asimilando lo que venía de fuera, pero inyectando a su vez una manera personal de interpretar esa música.

Spinetta formó Almendra con sus compañeros de liceo Edelmiro Molinari, Emilio del Guercio y Rodolfo García en 1967.
Mirando en retrospectiva, algo que asombra en la obra de Spinetta, es que, por más que su música haya ido evolucionando y cambiando constantemente, era un producto totalmente acabado, personal y único desde ese primer momento. A los 19 años el músico ya había compuesto canciones fundamentales de la música argentina como Muchacha ojos de papel, Ana no duerme, Laura va y Plegaria para un niño dormido.

Visto a la distancia es fácil rastrear influencias en el primer disco de Almendra (1969), como las del primer álbum de Pink Floyd The Piper at the Gates of Dawn (1967). Ana no duerme es una canción con varias similitudes con See Emily Play, por ejemplo. Pero aunque pueden encontrarse en las melodías y en la prosa del Spinetta de aquellos años reminiscencias de Syd Barret, ya había una cantidad de los rasgos personales que lo convertirían en uno de los músicos más influyentes del rock de este lado del mundo.

Tanto en la manera de componer como de arreglar las canciones se observaban, ya desde ese primer disco, una cantidad de influencias que trascendían el rock. Había mucho del tango que Spinetta mamó desde su infancia (su padre era cantante), mucho de folclore argentino y también bastante jazz.
Sus posteriores etapas musicales a veces acompañaron las modas, otras las adelantaron, a veces fueron anacrónicas y otras simplemente ignoraron cualquier tendencia. El músico tuvo períodos de mayor complejidad musical y letrística, momentos más roqueros, etapas acústicas o volcadas al jazz.

Pero esas marcas fundacionales se mantuvieron. El "sello Spinetta" está en las posteriores experiencias grupales de Pescado Rabioso (1971-1973), Invisible (1973-1977), Spinetta Jade (1980-1985) o los Socios del Desierto (1994-2000) y en todos sus períodos solistas.
Su manera de cantar tan particular, que utiliza fraseos muy lejanos a los del rock, se convirtió en una marca de fábrica argentina que luego pudo escucharse en infinidad de artistas, desde Fito Páez a Gustavo Cerati, uno de sus alumnos más directos.

En lo letrístico, lugar donde más se ha destacado su creatividad, pasa algo similar. Hay influencias directas (el surrealismo, Borges, Pizarnik), pero estas están mezcladas con una cantidad tal de referencias literarias y con un uso tan particular de lo poético combinado con lo cotidiano y el humor, que hacen a las canciones de Spinetta algo único y reconocible al primer compás.
Su a veces exagerada intransigencia artística hizo que mucha gente no se acercara a su obra. Pero, a la vez, muchos sintieron que el desafío valía la pena y se vieron recompensados. Lo bueno es que su música mantiene la fuerza y la vigencia. Es una obra que no tiene fecha de vencimiento para el que quiera descubrirla, recordarla o compartirla.

Acerca del autor

Andrés Torrón