Torres García ¿sigue vigente?

Hay poca discusión y debate sobre Torres García. Hay quienes siguen la escuela y son fieles intérpretes de aquella; otros lo aborrecen. Aquí una muestra, insuficiente, de esa amplia paleta de opinione

Por Linng Cardozo

"Gurvich superó a Torres García, como Pintor y como Maestro" Gerardo Caetano. Un disparate y viene de alguien de la cultura, que lástima.” Este tuit del artista Gustavo Serra se transformó en un atizador para saber si hoy en el Uruguay, Joaquín Torres García está vigente, es un símbolo del arte uruguayo, un dogma o una referencia a explorar.

En un segundo tuit, Serra –docente en el Museo Torres García- se preguntó luego “¿por qué respetamos a Torres García? Por ser un gran Pintor o porque es políticamente correcto aceptarlo como tal!?”
A partir de ahí, Retazo de los Cielos consultó a varios artistas, una galerista, ceramistas, escultores y un diseñador de juegos.

Aquí están sus opiniones, que –ojalá- abran una discusión más relevante y profunda de lo que se pudo hacer en este blog.

Gonzalo Frasca
(Diseñador de videojuegos e investigador académico)
La vigencia es indiscutible. El mayor problema es que viene con el éxito. Demasiadas veces se abusa localmente de ciertos recursos estéticos, por pereza, para hacer referencia a una estética nacional que claramente tiene un campo más amplio para elegir. Quizás lo más triste es que del Maestro quede el dogma y no la búsqueda y a experimentación. En lo personal, rescato especialmente su faceta de juguetero, igual que Barradas, que a diferencia de la pintura, permite literalmente construir, armar y desarmar. Si Torres viviera seguro que tendría el cuarto lleno de LEGOs y se pasaría jugando al Minecraft.

Cecilia Vignolo
(Artista visual)
La obra del viejo Joaquín Torres García está vigente en sí misma, en la comunidad en general y entre los creadores en particular. En Uruguay hay artistas que producen hoy obra relevante y son constructores (constructivistas, más o menos confesos), reverberaciones de la Escuela del Sur, como Julio Mancebo, Miguel Ángel Battegazzore, Diego Batista, Gustavo Serra, Gustavo Fernández, Walter Deliotti, Martha Langona, por mencionar algunos.

Mercedes González
(Ceramista)
Creo que va siendo hora de dar vuelta la página y mirar hacia el futuro. Muchos uruguayos siguen con sus ojos en la nuca y creen que si la obra no se basa en una estructura constructiva, si no se usa la paleta de colores que usaba JTG, o no está regida por la regla aurea, la obra no es seria. Estamos frente a un problema. Cualquiera que tenga la oportunidad de ver obra contemporánea, sea por internet o en vivo y en directo, puede observar que toda esa rigidez, y esa paleta tan baja de colores ya pasó a la historia. Precisamente se trata de romper con las estructuras, de crear algo nunca visto, de dar vuelta las cabezas de los espectadores, de hacer pensar y para eso el artista de hoy se vale de todo lo que pueda tener a su alcance. Ya no hay un único soporte, todo vale, ya se nos hace difícil catalogar a la obra de arte entre instalaciones, performances, intervenciones o como quiera llamárseles a las manifestaciones artísticas. Esta modernidad también lleva implícitos muchos riesgos porque dentro de ese "todo vale" hay mucha cosa que no vale nada y a los críticos y gestores culturales se les hace muy difícil decirlo. A JTG la historia lo rescató, veremos qué pasa con el arte actual.

Analía Sandleris
(Artista plástica y paisajista)
En la medida en que ciertos valores de la modernidad han perdido vigencia, a algunos artistas plásticos se nos hace muy difícil, y hasta duro, desarrollar en armonía nuestra tarea. Aparentemente inmersos en una realidad donde todo parece posible, esta sin embargo excluye como una fuerza centrífuga creadores y manifestaciones del arte, y descalifica formas de trabajar que tienen que ver con el quehacer mismo del artista y sus formas de trabajo.

Torres García puede ser hoy una presencia molesta y salvadora al mismo tiempo, ya que en sus escritos habló específicamente sobre “la personalidad del Artista” y su relación con el trabajo. Conviene tenerlo siempre presente y leerlo con atención para orientarnos en el oficio: “Que el artista se siga a sí mismo es lo primero que se le ha de exigir. Y de aquello original que lleva, nadie puede enseñarle nada, ninguno puede servirle de maestro...puesto que él es un caso único, hijo de las más complejas combinaciones de la civilización y de la naturaleza”, escribió Torres en 1913. Y en 1934 escribió esto otro: “Hágase el oficio honradamente y a la perfección, que lo demás nos será dado por añadidura”.

Elena Porteiro
(Artista y copropietaria de la galería Arte Viaja)
Ni un dogma ni un camino a explorar. Fue una corriente (Escuela del Sur) que tuvo que ver con una época y un artista que respondió a esa corriente y la impulso. Actualmente un icono del arte uruguayo, casi un símbolo, un exceso y un desconocimiento de otras corrientes y artistas de gran relevancia .Un artista fácilmente imitable. Así vemos montones de Torrecitos por todos lados.


María Torrendell
(Escultora en vidrio)
Es indiscutible el legado de Joaquín Torres García como artista al Uruguay y al resto del mundo. La vigencia de este artista radica, en mi opinión, en ser un auténtico buscador, creador e innovador, cualidades esenciales para que un artista trascienda en el tiempo. La incorporación de la proporción áurea en su arte, rescatada de la cultura árabe, la utilización de símbolos en su obra o la creación del Universalismo Constructivo, una corriente estética creada por él mismo, son sólo algunas de sus contribuciones al arte que han trascendido y están vigentes en la obra de varios artistas que le sucedieron. Su trabajo con los símbolos, un lenguaje muy propio e innovador para la época buscaba de alguna manera transmitir un mensaje a la vez simple y profundo, cotidiano y lúdico, hasta familiar. Dicho en sus propias palabras: "o bien el nombre escrito de la cosa, o una imagen esquemática lo menos aparentemente real posible: tal como un signo".

Sofía Loureiro
(Galería Porton de San Pedro)
TG fue un artista con una amplísima formación académica, estudioso de los grandes maestros y corrientes artísticas e innegablemente; fue un superdotado. Logró asimilar conocimientos no solo artísticos y literarios, sino filosóficos que marcaron profundamente su obra, además claro está, de sus condiciones innatas para la pintura. En sus comienzos, la crítica de la época lo conceptuó como "un artista casi inédito pero de brillantes condiciones y distinguido temperamento". Dentro del círculo artístico de la época fue un artista destacado y respetado por sus colegas, pero como todo artista cuando pretende vivir de su obra, su carrera siempre fue de mucho sacrificio y voluntad. En cuanto a la vigencia de JTG, su obra y su legado, considero que la misma será eterna y universal. JTG ha marcado un hito en la historia iberoamericana de la pintura y no existe libro o publicación alguno al respecto, en el que no sea citado y destacado nuestro gran maestro uruguayo. Merecido reconocimiento no solo por su magnífica obra, sino sobre todo por su legado de docencia. A pesar de que su reconocimiento se podría decir que fue casi póstumo, otro de sus grandes legados está a la vista y son los discípulos que formó. Todos ellos con muestras sobradas de oficio y conocimiento adquiridos en su taller. Cada uno de ellos supo asimilar la teoría del maestro y darle su enfoque personal y diverso. No es por casualidad que todos los discípulos que tuvo, que se dedicaron a la pintura, se hayan convertidos en grandes referentes contemporáneos de la pintura nacional.

Virginia Patrone
(Artista)
No sé si Torres García está vigente. Su obra, la obra de arte, lo que llamamos comúnmente obra de arte, no caduca como un yogur o una bolsa de papitas. Es siempre de su tiempo, lo cual es inevitable. Lo que se denomina arte intemporal y arte universal, además de encarnar conceptos envejecidos,  contiene la idea del arte fuera del tiempo y el espacio y esta idea tiene sus costados, sus trampas. La vida del arte es eterna, o al menos durará lo que dure la humanidad que lo crea y lo contempla. Y la conexión entre la obra y el observador no se gasta, no perime, y cada vez que se ponen uno frente al otro, ocurre. Como en una película de ciencia ficción, una emanación se proyecta como un rayo hacia el observador y éste la recibe. Ahora bien, los efectos no son siempre los mismos. Dejando de lado las condiciones del observador, la cultura a la cual pertenece será o no, la misma del objeto de arte. La lectura no será idéntica en los distintos casos y lo mismo ocurrirá con el tiempo histórico.

Pero el rayo se proyectará igualmente, impactará y causará un efecto sobre el sujeto. Tal vez el rayo conector sea múltiple, tal vez se trate de un haz y cada uno de sus trazos se oriente a activar alguna imagen fantasma, alguna imagen superviviente de los múltiples pasados que nos componen. En cuanto a crear, habitado y en comunidad con los fantasmas, se crea siempre desde el presente.

Fabián Mendoza
(Artista)
Esta enorme y compleja figura agotó de tal manera una forma tan estricta de componer que todos sus discípulos o casi todos (a quienes supongo les resulta imposible escapar de JTG) en el mejor de los casos se dan con la nuca del viejo Torres. Valoro a JTG pero creo que de algún modo "ancló" a varias generaciones en una cabeza de permanente melancolía y en el clásico "uruguayismo nostálgico" que mira barcos para volver a un sitio donde nunca fue. Cerró la cabeza y como maestro condenó a generaciones y los incapacitó de explorar más allá de él.

Acercamiento a una conclusión
La huella de Joaquín Torres García es vigorosa e icónica. Resulta interesante explorar a dos Torres García: el artista y sus escritos, y el docente. En esta exploración acotada e insuficiente de Retazo de los Cielos aparecen distintas miradas sobre ambos mundos. Si la huella es su obra, Torres García es relevante en la pintura nacional, con penetración y válido reconocimiento en mercados importantes. Ahora si Torres es el canturreo tedioso de quienes siguen el constructivismo como dogma, se obtiene un desechable costado que no seduce ni emociona. Un ejemplo: hay quienes se dicen discípulos de Torres García para vender alguna obra.

Y lo que se compra es una vulgar copia constructiva, un lugar cómodo hijo de la anemia intelectual. Un reciente mural en una institución pública es una clara muestra de esto. ¿Es un problema de JTG y su gestión docente o de algunos de sus alumnos y quienes le siguieron? Difícil pregunta. Yo apenas digo: prefiero a Torres García como un camino a explorar, pero nunca una iglesia para recitar de memoria la biblia.


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