Torres García y el misterioso libro sobre Picasso que terminó en el fuego

Hay una historia secreta entre Torres García y Picasso. El artista uruguayo no lo apreciaba. Es un “cínico”, decía. Torres escribió un libro pero solo se conserva la tapa

Por Linng Cardozo

Cada uno con su genio. Coincidieron en la época de maduración artística y en los esfuerzos de cada uno por hacerse un lugar en las artes. Una disputa sorda que se expresaba entre marchands y galerías. Joaquín Torres García no lograba penetrar ese mundo pese a los esfuerzos realizados en España, Francia e Italia. Tenía una familia y sus desvelos eran obtener dinero de su arte. Su obra era reconocida en Barcelona, sobre todo a partir de unos frescos realizados en un par de lugares. El primero fue en el Salón de San Jorge en Cataluña, en julio de 1913.

Pablo Picasso estaba en plena “furia” creativa. Salía del cubismo e incursionaba con vigor en otras expresiones del clasicismo europeo, explorando por el lado del decorado de grandes obras de teatro. Ya era un pintor reconocido, con riqueza de venta. Se trataba, sin dudas, de su propio gestor y productor: negociaba, pactaba, vendía, seducía, presionaba. Todo con el foco puesto en el mercado parisino.

Torres García gastaba sus últimos tiros en Europa. Ya manejaba irse a Estados Unidos porque creía que allí le iba a ir mejor y que podría vivir dignamente de su obra. Pero no estaba del todo convencido. Su último esfuerzo para quedarse en Europa fue intentar el desembarco artístico en Paris. Pero necesitaba ayuda y la mano se la podía dar Picasso, ya afincado a orillas del Sena. Torres García cuenta en su autobiografía escrita en tercera persona: “Se decide ir a ver a Picasso. Ya es un hombre de prestigio y podrá hacer algo por él”. Al día siguiente de haber llegado a Paris, lo va a ver. “Lo recibe con los brazos abiertos”, cuenta Torres en su tercera persona.

El artista uruguayo le pide que le ayude con  los marchands y Picasso accede. Una y otra vez las citas no se registraron y Torres esperaba y esperaba. Lo atendía la sirvienta de Picasso y reiteraba que el pintor malagueño no estaba. Como último intento, decide ir a ver a un marchand, de apellido Vollard. Cuenta Torres García que Vollard le dijo: “los marchantes de aquí, hemos formado un trust y hemos decidido no lanzar ninguna firma. Si usted cuenta con amigos que puedan comprarle, quédese, si no, mi consejo es que se marche. Los del hotel –sigue Torres- confirmaron y le dijeron que Picasso era un envidioso y que le haría una guerra a muerte y como allí se le hacía caso, era muy temible”. “No había más remedio, había que partir” a EE.UU, narró Torres García. Se fue en 1921, aunque regresó a Europa en 1922 y en 1934 se radica en Montevideo con toda su familia.

En 1921, nace el primer hijo de Picasso. Se trata de un  período de enorme auge del artista español. Su manejo del mercado queda evidenciado en esta anécdota: en París le habían encargado a Juan Gris un trabajo, pero Picasso, aduciendo que el otro artista estaba enfermo y que no tendría tiempo para desarrollar el proyecto en un corto plazo, se le adelantó presentando la idea.

EL FUEGO MISTERIOSO
Hay una tapa y no hay hojas. Es un libro “raro”. En el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo se está exhibiendo una exquisita muestra de inéditos de Torres García. Allí en una vitrina, con el trazo característico de Torres García, se expone un libro de utilería, podría decirse: una preciosa tapa con hojas en blanco adentro. Nada más. Torres García lo tituló “Picasso visto por un pintor”.

“Tiene Picasso, y esto tanto en París como en todas partes, la doble reputación, bien merecida, de ser uno de los mayores artistas pero también de ser un hombre pícaro y cínico, y a tal extremo que se igualaba una cosa con la otra”, escribió Torres. Hablaba a sus amigos de una “tragedia íntima” que Picasso sufría y que estaba detrás de su personalidad. Algunos amigos de Torres le instaron a escribir sobre ella.

Así nació “Picasso al revés”. Pero el libro no existe.
Torres García conversó con Picasso sobre el mismo. Había un editor interesado y todo.  Pero “Picasso se portó tan cínicamente como de costumbre.”

¿Y qué pasó con el libro? Escribe Torres García en su autobiografía que lo echó al fuego “y así perdió un buen contrato con un editor.” ¿Cuál era, la “tragedia íntima” de Picasso que Torres García quería contar, contó y destruyó? El libro ¿era hijo de los desplantes de Picasso hacia el artista uruguayo o contenía aspectos sórdidos del mito picassiano”. En todo caso, solamente podemos disfrutar de una tapa de libro en un museo montevideano.


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