Trabajoso aprendizaje de Trump

Parece estar tomando un acelerado baño presidencial de realismo, que mitiga algo la tendencia de su fogosa personalidad de arremeter ciegamente

Los temores por el acceso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos se centraron desde la campaña en sus propuestas más radicales sobre inmigración y seguridad, así como en su inexperiencia en política exterior. A un mes de haber asumido, enfrenta un cúmulo de controversias internas, especialmente por su intento de impedir el ingreso de extranjeros musulmanes y la deportación de inmigrantes indocumentados. Pero en el frente externo ha dado un giro o al menos ha atenuado muchas de sus posiciones de campaña, que amenazaban desatar más conflictos que soluciones. Como le ha pasado a sus antecesores, Trump parece estar tomando un acelerado baño presidencial de realismo, que mitiga algo la tendencia de su fogosa personalidad de arremeter ciegamente.

El caso más notorio ha sido China. Poco antes de asumir le dijo por teléfono al presidente de Taiwán que podría revisar la política de una sola China, vigente desde 1973, cuando Washington rompió relaciones con su antiguo aliado y reconoció a Pekín como el único gobierno chino legítimo. Su comentario creó incertidumbre sobre el futuro de las relaciones con China, agravando las dudas generadas por sus previos anuncios proteccionistas de trabar con aranceles el ingreso de mercaderías chinas, aun al costo de desatar una guerra comercial con el gigante asiático. Pero evidentemente ha rebobinado, ya que hace pocos días, le aseguró al presidente chino Xi Jinping que mantendrá la política de las últimas cuatro décadas.

En otra área, Trump candidato prometió eliminar el acuerdo de su predecesor Barack Obama con Irán sobre el control del programa nuclear persa y dijo propiciar el restablecimiento de sanciones, lo que generó las protestas de Teherán. Pero ahora acaba de decirle a la Unión Europea que mantendrá vigente el acuerdo de Obama, para no complicar la incidencia persa en el conflicto sirio. También había prometido recortar la costosa participación de Estados Unidos en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pero poco después de asumir le aseguró a la primera ministra británica Theresa May que “apoya 100%” a la alianza militar creada por las potencias occidentales en los días de la guerra fría. Menos clara es la situación con Rusia. Trump anunció en la campaña que estrecharía relaciones con el presidente Vladimir Putin, acusado de incidir en un resultado electoral que celebró como propio. Pero aunque sigue propiciando un entendimiento con Putin, dijo hace pocos días que todavía “es muy pronto” hablar de levantar las sanciones impuestas a Rusia por la anexión de Crimea y su agresividad contra Ucrania.

Es más constante sobre el conflicto entre Israel y los palestinos. Aunque le dio un leve tirón de orejas al primer ministro Benjamin Netanyahu por la expansión de asentamientos judíos en Cisjordania, acaba de declararse partidario de un único estado que una a israelíes y palestinos. Este abandono de la política de dos estados le valió inmediatas censuras internacionales. Trump mantiene también su insistencia en modificar el tratado de libre comercio con Canadá y México y ya ha retirado a su país del Tratado TransPacífico. Pero todo indica que, ayudado por sus asesores más influyentes, está aprendiendo trabajosamente, al menos en algunos temas cruciales del vital ámbito internacional, la diferencia entre estentóreas proclamas preelectorales y las realidades que la situación mundial impone a Estados Unidos.

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