Transparencia ya

La opacidad en las empresas es una dificultad en la transformación que requiere la sociedad del conocimiento, según Lalanne

Piensen en como se ve una empresa desde la cima de la organización. Puestos en ese lugar podríamos ver con claridad todos los rincones de la empresa porque tenemos controles, vigilantes (mandos medios) e información sobre lo que está sucediendo en el día a día.

Ahora, hagamos el ejercicio de mirar desde los empleados de rango más bajo, en general la mayoría de los trabajadores. ¿Qué veríamos?

Seguramente conoceríamos lo que sucede en ese nivel de trabajo. Hacia arriba muy poco, tal vez las consignas e informes que llegan desde la dirección de la empresa.

Es paradójico que mientras se ha desarrollado toda una arquitectura en lo público hacia la ciudadanía participativa y gobierno abierto (en Uruguay por medio de AGESIC y organizaciones de la sociedad civil) la gran mayoría de las empresas se mantengan en las tinieblas para los adentro y los de afuera. Mucho falta por hacer en lo estatal pero por lo menos hay planes que se implementan y evaluación de los avances.

Veo en esta aparente contradicción (y digo aparente porque es claro que la esfera privada siempre ha sido más hermética) una de las dificultades mayores en la transformación de nuestras empresas en la dirección que requiere la Sociedad del Conocimiento.

La nueva sociedad que emerge, pese a todas sus contradicciones, requiere de empresas transparentes.

La primera razón para la transparencia es el interés propio de la empresa. Esa opacidad para la mayoría de los empleados hace que las empresas sean lugares de conflicto. El conflicto puede ser expreso (lucha sindical) o potencial, en cuyo caso se expresa por la falta de motivación y compromiso con la empresa. Es claro que en economías como la nuestra prevalece el temor de perder el puesto de trabajo por la falta de confianza en encontrar una nueva oportunidad. Lograr una participación fecunda de todas las personas que la integran es un activo de enorme valor para las empresas ya que en todas las personas hay conocimiento útil.

Si no permitimos que sepan cómo va la empresa, cuáles son sus problemas y oportunidades, cuales los resultados financieros esperados y alcanzados, y las líneas de acción hacia adelante, poco debemos esperar de su aporte. En la oscuridad todos perdemos.

La segunda razón que entiendo sería de gran importancia para la sociedad es que la transparencia hacia afuera (ciudadanía, autoridades locales y nacionales) le daría legitimidad a las acciones que desde los distintos niveles de gobierno se toman respecto de la actividad empresarial. ¿Es legítimo socorrer a una empresa privada en dificultades?

Cuando una empresa cierra muchas veces se pierden otras cosas además de puestos de trabajo y el dinero que los acreedores no cobrarán. Se pierde acumulación de saberes técnicos propios de la empresa, que están en esas personas que irán al desempleo o a otra actividad, y que se fueron creando a través de los años. Actualmente una empresa que cierra despierta la sospecha de que “la plata se la llevaron los dueños” o cosas parecidas, porque nadie (salvo los involucrados) conoce lo que realmente llevó a ese desenlace.

Podremos avanzar mucho en temas de productividad, de competitividad, y hasta de responsabilidad social de las empresas, y estará muy bien, pero mientras sigamos pensando en que las organizaciones sólo se cambian desde arriba los resultados serán limitados. Las empresas y todas las organizaciones solo se pueden cambiar actuando simultáneamente desde arriba y desde abajo. De lo primero hay abundante literatura empresarial sobre el liderazgo requerido y también recetas para todos los gustos.

Lograr en simultáneo el cambio desde abajo requiere posturas filosóficas superadoras de los paradigmas dominantes, lo principal a mi entender es mirar todo desde el lugar de las personas, de todas las personas.

* Director de ID Retail


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