Tras renuncia de su jefe, la barra de Nacional busca a sus nuevos referentes

Marcelo "Sapo" Sosa, líder de la barra brava, dejó su espacio a las nuevas generaciones; la seguridad seguirá en manos del club
Transcurría la primera presidencia de Ricardo Alarcón en Nacional (2006-2009), cuando una tarde de visita a la sede de los tricolores se transformó en punto de inflexión en el turbio (con tinte delictivo) entorno que rodeaba las instalaciones de los albos en la avenida 8 de Octubre, aunque pasó casi un mes entre el insuceso y que la noticia llegara al presidente.

Un socio del interior recorría el salón de los trofeos y disfrutaba de su club, mientras se tomaba fotografías con las copas, cuando fue sorprendido por un grupo de barrabravas de Nacional –que solían pasar el día en la sede– y le robaron la cámara.

Un mes después, cuando la noticia llegó a oídos del presidente, mandó a investigar. El tema terminó en la Justicia con un hincha procesado con prisión.

A partir de entonces y por sugerencia de la ministra del Interior, Daisy Tourné, según confirmó Alarcón a El Observador, Nacional contrató sus propios barrabravas para controlar a los violentos: Jesús Ramón y Marcelo "Sapo" Sosa, líderes de la hinchada. "Limpiamos la sede", reconoció el expresidente, quien inmediatamente instrumentó algunas medidas que sirvieron de puntapié inicial a lo que se dio el nombre de Cultura Nacional, que no fue ni más ni menos que intentar profundizar en un cambio de la matriz promoviendo respeto y tolerencia.

Entre otras medidas, a instancias de Alarcón, Nacional contrató a barras para trabajar en las obras de la tribuna Abdón Porte. Los que no querían hacer ocho horas, se terminaron yendo y se alejaron del club. También el presidente creó el Club de Donantes de Nacional, en una iniciativa que promovía una acción solidaria a cambio de entradas.

Tanto intentaba modificar conceptualmente, que el expresidente recuerda que tiempo después, en aquella tarde de furia de agosto de 2008, en la que el árbitro Líber Prudente suspendió el partido porque Nacional se presentó un minuto tarde a jugar ante Villa Española, la zona de palcos del Parque Central –en ese momento unida a la de vestuarios– se transformó en un hervidero de palquistas y butaquistas, arengados por dirigentes y contenidos por el jefe de la seguridad y líder de los barrabravas, el Gordo Ramón.

Años después, fue cesado Ramón y el Sapo se mantuvo como único líder de la barra, nexo con el club y garantía de que los hinchas iban a estar controlados. Paralelamente Nacional conformó su comisión de seguridad con funcionarios profesionales, rentados.

El fútbol que observaba a Nacional como modelo en lo institucional y cuestionaba a Peñarol por sus formas, desemboca en 2017 en una realidad incómoda para la tribuna de los albos, que busca nuevos líderes después de que ayer renunció el Sapo, a pedido de su familia, según les expresó a los dirigentes que lo entrevistaron.

En Nacional dijeron que mantendrán todos sus protocolos de seguridad y el trabajo será controlado por los funcionarios (no hinchas) ya contratados.

"Estos liderazgos se dan naturalmente. Hay que darle tiempo", explicaron en el club.

Primeras medidas en los tricolores

Nacional desvinculó a tres de los hinchas contratados por el club para trabajar en la seguridad y suspendió a un cuarto, con un cargo mayor, informó a El Observador el asesor en seguridad Víctor Della Valle, como consecuencia de que en el partido entre Nacional y Lanús los tricolores ingresaron una bandera de Peñarol a la tribuna Abdón Porte.

18 años

eran los que llevaba Marcelo "Sapo" Sosa en la barra de Nacional; la última década transcurrió como nexo entre los hinchas y la directiva.

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